Pregunta: ¿Cómo se dividen estos Diez Mandamientos? 
Respuesta: En dos tablas (a). La primera enseña lo que debemos hacer para con Dios; la segunda, lo que debemos hacer para con nuestro prójimo (b).
Lee: (a) Deuteronomio 4:13, 10:3, 4. Éxodo 34:28. (b) Mateo 22:37- 40. 

Vivimos en una época de polarización.  Las propuestas binarias que hace la sociedad son aceptadas dependiendo de tus preferencias, pero, por definición, la una excluye a la otra. Ciudadanos contra inmigrantes;  provida contra proelección;  republicanos contra demócratas. Podemos elegir el bando que queramos con la condición de que odiemos al contrario. Eso es lo que dice el mundo, sin embargo, Cristo nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ya sea que nuestro prójimo esté de nuestro lado o no. ¿Cómo podemos aprender a amar a aquellos que son considerados por nuestro mismo equipo el enemigo?  Hermana, estudiar los Diez Mandamientos nos ayuda a comprender lo que debe suceder en nuestros corazones para que podamos amar a todas las personas.  Estudiemos la pregunta 92 del Catecismo de Heidelberg y veamos cómo.

Todo empieza con Dios.  Cuando nacemos, estamos infectadas por el pecado.  Nacemos pecadoras.  Nuestra naturaleza está inclinada a hacer lo que está mal.  Amar a nuestro prójimo es imposible porque el amor no es algo que viene naturalmente.  Amenos que la gente me sirva o que tenga beneficio en mi vida, simplemente no puedo amarla por lo que es.  Necesitamos a Dios porque, por nuestra cuenta, somos incapaces de amar bien.

No es sorprendente cuando las personas se aman a sí mismas más que a cualquier otra cosa: mi comodidad, mi estilo de vida, mis intereses y mis pasatiempos. Artículo tras artículo en revistas y periódicos demuestran este hecho.  No queremos ser molestadas amando a un esposo o a pequeños. No queremos que nos molesten en lo absoluto, por lo tanto, muchas prefieren ser solteras a fin de que nadie invada su espacio. Ven a los hijos como una plaga a ser evitada a toda costa.  Si vamos a elegir, nos elegiremos a nosotras mismas.  Se trata de mí y de lo mío.

Los Diez Mandamientos comienzan con Dios.  Si no ponemos nuestros ojos en Dios, nuestra vida será un monumento a nosotras mismas.  Cuando entendemos al Dios de la Biblia como el único Dios verdadero,  todo cambia.  Salimos de nosotras mismas para encontrar que Él es la respuesta.  Dejamos de idolatrarnos a nosotras mismas y vemos que Jesús quiere que vivamos una vida mucho más abundante que la que tenemos en nuestro mundito en donde somos el centro de todo.  Como dijimos en la pregunta 91, los Diez Mandamientos prueban nuestra necesidad de Jesús; el orden de estos mandatos nos muestra que todo comienza con Él. Cuando Jesús se convierte en el centro de nuestra atención, nuestro enfoque, nuestro quién de la adoración, podemos enfocarnos en nuestro prójimo.  Sin embargo, este cambio solo llega cuando, por gracia a través de la fe en Cristo, se nos da un nuevo corazón;  un corazón limpio.Una vez que tenemos este nuevo corazón, este corazón limpio, podemos amar bien a nuestro prójimo. Todo por causa de Cristoy a pesar de nosotras mismas. Un corazón nuevo nos da nuevos deseos. Un corazón que adora y glorifica a Dios primero y que, al buscar su gloria, ama bien al prójimo.

La segunda parte de los Diez Mandamientos se ocupa, primero, de las personas en nuestros hogares, puesto que son nuestros “vecinos” más cercanos.  Hay un orden: primero Dios, luego nuestros prójimos más cercanos y, después, los que están más y más lejos de nosotras.  Aprender a amar a los que están más cerca de nosotras nos permite amar a los que están más lejos. De nuevo, hermana, esto solo es posible cuando tenemos una buena relación con Dios a través de Cristo.

Así que hermana, ¿cómo vamos a aprender a amar a aquellos que nuestros equipos han etiquetado como enemigos?  ¿Cómo vamos a amar a los que nos desprecian y nos persiguen?  La respuesta es simple: poniendo primero nuestros ojos en Cristo.

Querida hermana, no sé a quién no estés amando bien hoy, pero mi aliento para ti al cerrar esta enseñanza es que comiences poniendo tus ojos en Jesús.  Solo cuando lo hagas podrás amar bien, incluso a aquellos que te odian y te injurian y, así,parecerte más a Jesús.

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En fe.

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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