“Tu papá tiene cáncer terminal y morirá en un periodo de tiempo de seis meses”. La noticia me sorprendió. Fue directa y cierta. Sentí una falta de compasión; una falta de cuidado cuando mi vida estaba a punto de desmoronarse. Sobre mis hombros cayó una carga demasiado pesada y difícil de entender. Después escuché: “No te preocupes. Él va a estar bien”. Un comentario amoroso que pudo haberme sostenido por un par de semanas, pero no a largo plazo porque simplemente no era cierto; mi padre no iba a mejorar. ¿Alguna vez has puesto tu esperanza en una ilusión porque te la dijeron con mucho amor? Muchos hemos caído en ese error. Hermana, balancear perfectamente la verdad y el amor solo se puede lograr si estamos en Cristo y si entendemos que no son opuestos, sino complementarios. La carta de 2 Juan fue escrita para ayudar a la iglesia a equilibrar ambas cosas. Espero que este estudio también te guíe a ti a hacerlo con sabiduría y valentía.

Conocemos por autor de esta carta al apóstol Juan. A pesar de que en ella no es mencionado por su nombre, se hace referencia a él como “el anciano”, que significa “el predicador” o “el pastor”. Sabemos que fue escrita por él debido al lenguaje y a las citas de los padres de la iglesia primitiva.

La carta está dirigida a la mujer elegida y a sus hijos. Hay quienes dicen que se trata de una mujer que formaba parte de una de las iglesias cristianas, sin embargo, otros sugieren que se refiere a la iglesia en general. Cualquiera que sea el caso, esta pequeña carta contiene una verdad en amor que probablemente te muestre, como lo ha hecho conmigo, la necesidad de arrepentimiento que tenemos para voltear a ver a Cristo en asombro y alabanza.

En el primer siglo después de la ascensión de Cristo hubo una explosión del Evangelio. Para que esto sucediera, los apóstoles y otros discípulos de Cristo tuvieron que viajar de un lugar a otro con la esperanza de que algún cristiano de la ciudad que visitaban pudiera extenderles la mano y, en hospitalidad, recibirlos en su casa. En aquel tiempo era común proporcionarles comida y un espacio para dormir. Además, la hospitalidad implicaba dar un recibimiento que hoy en día solo vemos cuando los dignatarios visitan otros países.

Recibir a un misionero viajero era un privilegio y se hacía con gran celebración. Desafortunadamente, entre los discípulos se colaron falsos maestros que difundían doctrinas falsas y confundían a los creyentes. Aparentemente, la mujer de la que Juan habla había recibido a uno de estos farsantes. Ella le pidió ayuda para saber qué hacer si la situación se repetía. Esta carta es la respuesta del apóstol. ¡Veamos qué fue lo que le aconsejó!

Juan inició dirigiéndose al destinatario como a quien ama en verdad, por la verdad que permanecía en ellos para siempre (2 Jn 1:1-2). Desde el comienzo, nos recuerda que somos una familia unida en Cristo y que Jesús permanecerá hoy y para siempre con aquellos que han confiado en Dios como Señor y Salvador. Este “para siempre” significa que, cuando todo sea destruido, la verdad del Padre permanecerá. Es gracias al poder de la verdad que viene de Dios a través del Espíritu Santo, y por su gracia, misericordia y paz, que en su Palabra estamos capacitados para amar a Dios y a nuestro prójimo (1 Jn 4:21).

Más adelante, Juan, con un corazón de pastor, expresó el regocijo que tenía al ver que esta mujer y muchos más estaban caminando en obediencia a lo que escucharon. Ellos eran verdaderos creyentes; cristianos que escucharon la Palabra y tomaron la decisión de obedecerla fielmente. En medio del gozo, Juan les recordó las palabras de Jesús en Juan 13:34: “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros”.

Hermana, necesitamos hacer todo en amor a Dios y a nuestro prójimo. Esta verdad es el centro del cristianismo y está tejida en toda la Biblia. Una y otra vez encontrarás estas palabras en las Escrituras: ama a Dios y a tu prójimo (Dt 6: 4-5, Lm 19: 17-18, Mt 22: 35-40, Mc 12: 28-34). Amamos obedientemente y en sacrificio; amamos de todo corazón, con paciencia y con esperanza (1 Co 13:1-8). Este acto de obediencia y amor prueba que somos amadas y que amamos y glorificamos a Dios.

Juan continuó explicando que seguiría habiendo gente difundiendo doctrinas falsas. Probablemente se refería a los gnósticos, de quienes hablamos en 1 Juan. Ellos pensaban que Jesús solo aparentaba haber estado en la carne, pero únicamente era espíritu. Esto quiere decir que Jesús nunca fue humano, pero que parecía serlo. Juan fue severo para aclarar esta situación. Les hizo entender que quienes proclamaban esa y otras mentiras eran engañadores y anticristos (2 Jn 1:7). Cualquier persona que predique que hay otro camino hacia Dios aparte de Jesús es un engañador. Solo podemos ser salvos por fe en Cristo para su gloria. Ningún dios creado por el hombre ni tus obras, no importa cuán buenas sean, podrán salvarte. Jesús es el único que salva y cualquiera que proclame que hay salvación a través de otro nombre o persona no entiende las Escrituras. Toda la Biblia da testimonio de Cristo. Así que, hermana, ¡no te dejes engañar!

La falsa doctrina también puede provenir de la mala teología. La Biblia se explica en sí misma y forma un todo, sin embargo, las personas le dan el significado que les parece conveniente cuando sacan los versículos de contexto. Esta es la razón por la que necesitamos pastores, predicadores y maestros que hablen de la Biblia basándose en ella misma. La predicación versículo por versículo es un buen respaldo para evitar que los pasajes sean sacados de contexto e interpretados de otra forma. Pero, hermana, hay algo todavía más importante: necesitamos ser mujeres que amemos la Biblia, que la leamos y que la memoricemos. De esta manera, cuando escuchemos mentiras sobre ella, podremos identificarlas y protegernos.

Ahora, ¿qué debemos hacer cuando los falsos maestros lleguen hasta la puerta de nuestra casa? Debemos amarlos. No tenemos que recibirlos con el honor otorgado a aquellos que son verdaderos predicadores itinerantes, sino como personas que necesitan a Jesús. Lo que sí podemos hacer es señalarles la verdad en la Biblia en amor por Dios y por ellos. Juan no dice que no los recibamos o que no seamos cordiales con ellos, sino que comprendamos que lo que dicen es falso y, por lo tanto, los llevemos a la verdad con amor y sutilidad. Finalmente, Juan les dijo que esperaba visitarlos pronto y con un saludo cerró la carta.

Querida hermana, de esta carta aprendemos que la verdad convence y que el amor conquista. Cuando presentemos el Evangelio, la verdad de que Jesús salva a los pecadores, debemos recordar que no queremos ganar una discusión, sino un alma. En consecuencia, hagámoslo con un corazón de amor a Dios y a nuestro prójimo. Esto no significa que evitemos la verdad porque eso sería actuar sin amor, significa que la expliquemos y expongamos en oración, en humildad y en amor para que los demás también puedan ver que en Jesús está la salvación.

VIVE

  1. ¿Qué mentiras estás aceptando como bíblicas? ¿Cómo puedes protegerte de los falsos maestros?
  2. ¿Estás arrojando dardos de verdad que destruyen o estás esquivando la realidad en nombre del amor porque crees que evitará tener confrontaciones? ¿Orarías para que en Cristo puedas aprender a caminar balanceando la verdad y el amor?

LIDERA

  1. Muéstrale a alguna persona que esté siguiendo enseñanzas falsas que la única esperanza real se encuentra en Cristo. ¡Apóyate usando versículos de la Biblia!
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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