¿Alguna vez te has sentido incomprendida por ser cristiana? Seguramente, al decir que eres provida, te tachan de odiar a las mujeres. Tal vez hayas sido señalada por creer que los inmigrantes deben ser tratados con dignidad. La gente da por hecho que eres intolerante y estás llena de odio si defiendes el matrimonio bíblico (unión entre un hombre y una mujer hasta que la muerte los separe). Déjame contarte algo, ¡no eres la única! Durante el tiempo en el que se escribió la carta de 1 Pedro, los cristianos también eran incomprendidos. Los llamaban caníbales por comer, simbólicamente, la sangre y el cuerpo de Cristo en la comunión. Los consideraban rebeldes por ser leales a otro rey, o sea a Jesús. Estas y muchas más cosas fueron razones suficientes para ser perseguidos. Como cristianas, lidiar con este tipo de situaciones es una cuestión constante, pues sabemos que le pertenecemos a un rey que no es de este mundo, y entendemos que somos extranjeras caminando en el desierto, así como Israel (Éxodo) y Jesús (Mc 1:12,13; Mt 4:1-11; Lc 4:1-13).

El libro de 1 Pedro nos recuerda cómo vivir en este mundo lleno de sufrimientos sin tener que volvernos parte de él. Llevar una vida a lado de Cristo y caminar hacia la futura esperanza sí implica dolor, pero también gozo. Comencemos y veamos qué tiene Dios para nosotras en esta ocasión.

Pedro fue el autor de esta carta, sin embargo, Silvano, su compañero de trabajo, fue el amanuense (1 P 5:12). Esto quiere decir que el apóstol le dictó o que simplemente pasó en limpio el escrito (1 P 1: 6, 4:12-19). En la época de Pedro, el Imperio babilónico se encontraba en Roma, por lo que muchos eruditos dicen que esta carta fue escrita ahí. Recuerda, también, que Babilonia es un símbolo de corrupción y egoísmo. Este texto fue dirigido a los cristianos perseguidos de Asia menor, la actual Turquía, con el fin de dar aliento y de recordarles, mientras esperaban la gloria futura, quién era la fuente de su fortaleza.

Pedro abrió la carta con un breve saludo, llamando a los cristianos “los exiliados elegidos por Dios a través de la santificación de la obediencia” (1 P1:1-2). ¿No te parece un saludo increíble? Desde el principio, Pedro les recordó el hecho de que, sin importar la circunstancia en la que se encontraran, nuestro Dios todopoderoso los estaría guardando, incluso en medio del dolor. Inmediatamente, Pedro alabó a Dios y les hizo ver que habían nacido de nuevo hacia una esperanza viva en Cristo. El apóstol quería que entendieran que el sufrimiento fortalece el deseo de obtener la herencia que Cristo nos ha dado, pues las pruebas y tribulaciones profundizan nuestra necesidad de Él y la fe en las Escrituras (1P 1: 3-9). ¡Lo más asombroso es que estas palabras surgieron de Pedro, quien negó a Cristo! (Mt 26:69, Mc 14:66, Lc 22:59, Jn 18:15). Lo que Pedro aprendió de haber negado a Jesús en medio de la persecución nos invita a mantenernos firmes en el Señor, pues el miedo, la angustia y la desesperanza que podamos sentir, tiene un propósito en manos de Dios.

Más adelante, Pedro hizo algo extraordinario. Tejió la vida cristiana a través de historias y promesas del Antiguo Testamento. Así, ubicó la vida de un creyente en el desierto, donde caminamos como extranjeros. Nosotras hemos sido llamadas a pertenecer a Dios de la misma forma en que los israelitas fueron llamados: siendo santos (1P 1: 13-21). Pedro explicó que, cuando nos convertimos en cristianas a través de la sangre del Cordero (1P 1:19 y Ex 12-15), debemos abandonar a toda prisa nuestra vida mundana y encaminarla hacia a las promesas que Dios nos ha dado. En este nuevo pacto de fe en Cristo, también somos llamadas a amar a toda la creación de Dios (1 P 1: 2-25). Finalmente, Dios nos pide ser nuevos sacerdotes, ofreciéndonos como sacrificio espiritual y aceptable para Él a través de Jesús (1 P 2:1-10, Ex 19:4-6).

Entendiendo nuestra vida bajo la metanarrativa del Antiguo Testamento, es posible entender el sufrimiento. Hermana, cuando reconocemos que estamos llamadas a abandonar Egipto (la vida del mundo) para caminar en el desierto que, aunque es una travesía dolorosa, tenemos la esperanza de la tierra prometida. La única manera de atravesar victoriosos el desierto es poniendo nuestros ojos en el destino final, siempre sumisos a Cristo, incluso si implica someternos a las autoridades opresoras (1 P 2:13-17). Como esclavas o empleadas, como mujeres, debemos sometemos a las autoridades aun si no son creyentes, pues nuestra conducta en Cristo puede llevarlos a ver que Él es quien nos salva y quien da esperanza.

Pedro entendía la posibilidad de ser perseguidos, es por eso que, frente a la muerte, también nos alienta a ser como Cristo. Nos anima a afianzarnos en la esperanza viva de la gloria futura. Nos llama a estar listas y firmemente arraigadas en el Señor. Pedro nos recuerda que Cristo también sufrió, y que lo que parecía ser una situación sin esperanza en la cruz, es, de hecho, la gloria de Dios; el testimonio de la justicia de Dios satisfecha en Cristo por medio de su muerte y resurrección. Por medio de Jesús entendemos que nuestra muerte no es el final, sino el gozoso cumplimiento de aquellas promesas que son hechas en un “sí” y en un “amén” en Cristo (2 Co 1:20), por ende, podemos sufrir y morir bien (1 P 2: 11-4: 11).

Hermana, debemos entender que ser incomprendidas o perseguidas, incluso hasta la muerte, es parte de la vida cristiana, pues vivimos en un mundo que no es el nuestro. El recorrido por este desierto debe ser con gozo y alegría porque, a través de él, tenemos la oportunidad de glorificar a Dios (1 P 4: 12-19). Los pastores y líderes en la iglesia deben tener una supervisión digna de Cristo, enraizada en su Palabra y en su esperanza para que podamos resistir victoriosamente los días en el desierto (1 P 5:1-11). Así es como Pedro termina esta primera carta.

Tal vez te preguntes por qué Pedro habló tanto del sufrimiento. Él sabía que, sin importar quién seas, querida hermana, tú y yo caminaremos en el desierto. Tú y yo nos enfrentaremos a pruebas y tribulaciones, y su anhelo era prepararnos. Puede ser que tu sufrimiento se llame persecución, quizás sea cáncer o alguna infidelidad; posiblemente sea agotamiento o tal vez sientas que no estás llegando a ninguna parte. Independientemente de la situación a la que te estés enfrentando, siempre puedes mirar hacia la esperanza viva en Cristo para darle significado a tu sufrimiento y para poder atravesar el desierto sabiendo que vas en ruta hacia la tierra prometida. Oro por que esta carta te aliente y te dé valentía mientras esperas en Cristo.

VIVE

  1. ¿Por qué crees que es más probable que experimentes rechazo y persecución como cristiana
  2. Nombra diferentes tipos de persecución que has experimentado y ora a Dios agradeciendo la oportunidad de sufrir por Él, por la protección y preservación que Él te ha dado, y ora para que aquellos que te persiguen puedan encontrar y experimentar el amor de Cristo.
  3. ¿De qué manera te alienta esta carta para lidiar con el rechazo y la persecución?

LIDERA

  1. Entra a www.opendoorsusa.com o a www.persecution.com y únete en oración por la iglesia perseguida.
  2. ¿Cómo puedes ayudar a hermanos perseguidos alrededor del mundo? Parte de ser una líder es ayudar y servir a nuestros hermanos en Cristo.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

Leave a Reply

Join our Community

Join our mailing list to receive the latest news and updates from our team.

You have Successfully Subscribed!

SE PARTE DE NUESTRA COMUNIDAD

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias

You have Successfully Subscribed!