¿Alguna vez te has sentido cansada de tener fe y esperanza en Dios al no ver el fruto que deseas?¿Cuántas veces has creído que una situación es injusta porque no ves respuesta a tu esfuerzo? En ocasiones, simplemente nos cansamos de invertir tiempo, dinero y esfuerzo cuando no vemos ni el mínimo resultado. Podemos culpar a las estrategias que usamos, a las personas de nuestro equipo o a la falta de recursos. La realidad es que nadie nunca responderá como nosotras esperamos, y las cosas jamás suceden exactamente como las planeamos en nuestra mente. 

Un personaje de la Biblia que vivió esta misma frustración fue Jeremías. Veamos un poco el trasfondo de su historia. Todo comenzó un siglo antes de que él naciera. Esta parte la puedes encontrar en 2 Reyes 21 y 22. 

Dios llamó a Jeremías a su ministerio profético casi un año después de que el rey Josías comenzara a dirigir la nación bajo una gran reforma de idolatría promovida por su padre Amón y su abuelo Manasés. 

Fue bajo este contexto que Jeremías fue asignado a revelar los pecados del pueblo y las consecuencias graves de ignorarlos. Jeremías estaba entre aquellos que deseaban un avivamiento espiritual permanente, pero la tragedia ocurrió cuando el rey Josías murió repentinamente a la corta edad de 39 años. La nación entera llevó un luto por su muerte, al igual que Jeremías (2 Cr 35:25).

Cuando el rey Josías murió, los sufrimientos de Jeremías como profeta incrementaron. Su mensaje trajo una gran hostilidad y amenazas de muerte, especialmente en su ciudad natal, Anatot. Incluso sus propios familiares conspiraron en contra de él y lo traicionaron.

A pesar de esto, Jeremías sabía que tenía que anunciar el mensaje que Dios le había dado. Escribió que, si se resistía a pronunciarlo o si evitaba mencionar el nombre del Señor, las palabras de Dios se volvían como fuego en su corazón; no podía mantenerlas dentro de él (Jer 20:9). 

Dios le dijo a Jeremías que, si hablaba con valor sus palabras y no se encogía por miedo a la gente, le daría la fortaleza necesaria para soportar la persecución.

La nación de Israel y la nación de Judá habían caído en la misma idolatría que los pueblos aledaños, la cual incluía el sacrificio de niños en adoración a estos dioses paganos. Tal vez estés pensando que esta historia no tiene nada que ver con nosotras, pero la verdad es que la iglesia cristiana de hoy enfrenta el mismo problema.

Un ejemplo sería alguien que tiene el ídolo del dinero arraigado en su corazón. Todas sus conversaciones son acerca de trabajo, bancos, inversiones, intereses, gastos y ahorros. ¿Acaso no está sacrificando a sushijos al educarlos creyendo que el dinero es lo más importante? Otro ejemplo sería una persona que sostiene todo tipo de inmoralidad sexual en su vida. Alguien adicto a programas de televisión llenos de lujuria y desviaciones sexuales, que escucha música con mensajes eróticos y que visita sitios en internet de pornografía, ¿acaso no sacrifica a sus hijos al robarles la inocencia desde muy temprana edad y al encaminarlos en la misma trayectoria? 

La lista continúa. Podemos seguir con ejemplos de poder, belleza física, control y muchas cosas más. Vivimos en un mundo lleno de idolatría. Tal vez no sean estatuas a las que nos inclinamos, pero sí a billetes, espejos o cámaras, a nuestra voz en el micrófono o a el reconocimiento. No sólo nos lastimamos cuando alimentamos estos ídolos, también herimos a nuestra familia y a la gente que nos rodea.  Hermana, nuestra realidad no es tan diferente a la de Israel en aquellos días. 

Jeremías 2:11-13 (NVI) dice: 

¿Hay alguna nación que haya cambiado de dioses, a pesar de que no son dioses? ¡Pues mi pueblo ha cambiado al que es su gloria, por lo que no sirve para nada! ¡Espántense, cielos, ante esto! ¡Tiemblen y queden horrorizados! —afirma el Señor —. Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Si quieres leer un mensaje duro para tu vida, un buen regaño, y advertencias de lo que trae el pecado, te recomiendo leer el libro de Jeremías. Pero prepárate para encontrar algo más: el corazón de un dios bondadoso que desea que lo conozcas profundamente. En el libro de Jeremías encontrarás algunos de los versículos más hermosos y más usados para inspirar a otros (Jer 29:11; 31:3; 33:3).

Me fascina pensar que Dios tiene planes buenos para mi vida, no para hacerme daño, sino para bendecirme. Me encanta que, a pesar de mi pecado, Dios me ama con un amor eterno y me quiere enseñar sus maravillas. No estoy inventándolo. Todo esto está escrito dentro de un libro que muestra el corazón de un dios santo, a quien no le gusta el pecado. Sí, es cierto, Él nos ama y nos quiere bendecir y enseñar sus grandezas, pero también nos advierte que existen consecuencias cuando desobedecemos sus mandatos.

Jeremías fue el indicado para darle este mensaje a su pueblo. A cambió, recibió burlas y fue perseguido. Finalmente, vivió las consecuencias del pecado de su pueblo: vio la destrucción de su nación y fue exiliado con los demás. Después de lo que vivió, ¡es lógico que se hubiera deprimido! No sólo advirtió al pueblo del pecado y sus consecuencias, ¡sino que las experimentó a un grado trágico con la destrucción de su ciudad y el exilio de toda la nación! Me imagino el dolor que había en su corazón. Tanto esfuerzo al difundir un mensaje, al arriesgarse para advertir a su gente, al soportar la burla de todos, ¡tanto esfuerzo para nada! Parece injusto, ¿cierto? Pero Dios siempre tiene un plan. No hace las cosas por venganza o pordespecho. Él no es como nosotras. La historia abarca mucho más que sólo la vida de Jeremías. Fueron personas de todas las generaciones que influyeron en la historia de Israel. 

Uno de los libros de la Biblia que lleva por autor a Jeremías es Lamentaciones. Este libro fue escrito a manera de poema y semeja un diario personal. El capítulo tres de Lamentaciones nos da una idea de la burla y la persecución que vivió. Al mismo tiempo, nos muestra que Jeremías tenía un corazón hermoso, pues no dejó de confiar en Dios ni de buscar misericordia para él y para su pueblo. El capítulo comienza describiendo su sufrimiento, pero termina describiendo la bondad y el amor de Dios en medio del dolor. 

El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: “El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!” …El Señor nos ha rechazado, pero no será para siempre. Nos hace sufrir, pero también nos compadece, porque es muy grande su amor. El Señor nos hiere y nos aflige, pero no porque sea de su agrado. Cuando se aplasta bajo el pie a todos los prisioneros de la tierra, cuando en presencia del Altísimo se le niegan al hombre sus derechos y no se le hace justicia, ¿el Señor no se da cuenta?” (Lm 3:22-24, 31-36).

Jeremías conocía la bondad de Dios de primera mano. Aun en el dolor, pudo ver que no hay nada bueno fuera de Dios; que la vida no vale la pena lejos de Él.  Incluso en el sufrimiento, Jeremías siguió exhortando a su pueblo. A pesar de la injusticia que vivió, continuó diciéndole a su gente que no hallaría esperanza fuera de Dios. Esto me hace pensar que cuando el Señor nos llama a hacer algo, no podemos huir. Pase lo que pase, Dios nos dado una comisión importante, y nosdará las fuerzas y el ánimo necesarios para lograrla. Hermana, Él estará con nosotras hasta el final.

APRENDE

1. Lee Lamentaciones 3:1-20. ¿Qué sentía Jeremías? ¿Qué hacían las personas a su alrededor para contribuir a este sentimiento?

2. Para complementar, lee los siguientes pasajes: Jeremías 1; 7:16-20, 27; 11:14; 12:1-2, 14-17

VIVE 

1. ¿Alguna vez has querido desistir al llamado que Dios te ha dado? ¿En algún momento has sentido que todos tus esfuerzos son en vano? 

2. Cada vez que te sientas frustrada, recuerda que Jeremías salió victorioso al confiar en el Señor. Acércate a Dios en oración y entrégale tus pesares. Él te dará fuerza. 

3. ¿Qué versículos de esta historia pueden ser de apoyo para cuando te sientas cansada y frustrada?

LIDERA

1. Comparte con alguna de tus amigas o hermanas algún versículo que pueda reconfortarla cuando se sienta cansada y afligida al no ver el fruto de su trabajo. Puedes usar, por ejemplo, Salmos 55:22 (NTV): “Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan”. 

2. Reúnete con un grupo de hermanas y reflexionen sobre cuáles son los ídolos de su corazón. Si Dios no es el centro de su vida, arrepiéntanse y apóyense en el proceso de redirección. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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