A veces siento que nuestro mundo está verdaderamente mal. Vivimos en una cultura hipersexualizada en donde todo se basa en la búsqueda del placer; una cultura que posiciona a la ciencia como la única forma de entender la vida y como el único medio de salvación. Al mismo tiempo, la verdad es vista como relativa; es aceptada de acuerdo a la percepción de cada persona, incluso si contradice a la ciencia o a la realidad. Si te soy honesta, a menudo pierdo la esperanza. ¿Cómo se supone que debemos vivir y comportarnos bajo estas ideologías si somos cristianos? La Biblia es la clave. En la Palabra de Dios encontramos todas las respuestas. En este estudio del libro de 1 Corintios descubriremos que la sociedad de Corinto era muy similar a la nuestra. Intelectuales con una mentalidad hipersexualizada y con la misma necesidad que tú y yo tenemos: Cristo. A lo largo de este recorrido veremos cómo Pablo, el autor de esta carta, los llevó a centrar su vida en Jesús y a permanecer unidos para ser usados por Dios en su comunidad.

Para entender con mejor claridad el mensaje de Pablo, es necesario conocer el contexto en el que se desenvolvían los corintios. Corinto era una ciudad portuaria ubicada en Grecia, pero dominada por el Imperio romano. Al ser el punto de intersección de importantes rutas comerciales, se convirtió en una urbe de gran relevancia. Anteriormente, vimos que el Liceo y la Academia de Sócrates, Platón y Aristóteles tuvieron un amplio impacto sobre la cultura romana. Sus filosofías hicieron de los habitantes de Roma una sociedad que amaba proponer y discutir nuevas ideas. El pueblo se reunía a debatir absolutamente todo, siempre buscando seguir la tendencia intelectual que se presentaba.

A pesar de que el Imperio romano gobernaba a los corintios, las ideologías eran muy similares a las griegas. Básicamente, los romanos habían adoptado y adaptado su cultura, incluyendo a sus dioses. Por ejemplo, en la cultura griega, el nombre del dios del universo era Zeus, mientras que en la romana era Júpiter. La consecuencia fue el afianzamiento de la fusión de las formas de pensar y actuar en la cultura de los corintios. Esta situación hizo que sus dioses, especialmente Atenea (Minerva en la cultura romana), diosa de la sabiduría, tuvieran muchísimo éxito. Los romanos, como los griegos, tenían una deidad caprichosa para casi todo. Otra de ellas, también muy aclamada, fue la diosa del sexo, Afrodita (Venus en la cultura romana). En su honor, había un gran templo en Corinto. Alrededor de 100 “sacerdotisas” se encontraban en ese sitio. Estas mujeres eran prostitutas que se dedicaban a tener relaciones sexuales con cualquiera que adorara a Afrodita. ¡La decadencia moral era increíble! Como hoy en día, todo lo que es incorrecto era visto como correcto.

Pablo plantó una iglesia en Corinto durante su segundo viaje misionero (Hch 18). En alrededor de un año y medio, no desperdició ni un solo momento para compartir el Evangelio. Muchas personas, como Priscila y Aquila, fabricantes de carpas, se convirtieron en seguidores y amantes de Cristo. A pesar de ser grandes noticias, este cambio en su vida significó un sinfín de preguntas y problemas, pues su contexto cultural iba contracorriente con los mandatos de Dios. Todos estos dilemas fueron los que motivaron la primera carta de Corintios.

Los primeros cuatro capítulos hablan de la división de la iglesia. Recordemos que los corintios estaban acostumbrados a jactarse del líder intelectual que seguían. Este favoritismo provocó división, disensión y desacuerdos. Su comportamiento dentro de la iglesia se había convertido en el mismo que tenían fuera de ella. Olvidando que todo se trataba de Cristo, comenzaron a decir que pertenecían a Pedro, a Apolos o a Pablo. Estos hombres no tenían la culpa, pues eran simples pastores o maestros bíblicos, eran como cualquier otro creyente. Pablo les explicó que, dentro y fuera de la iglesia, todos servimos al mismo rey, a Jesús. Por lo tanto, inclinarse por alguno de sus líderes espirituales quedaba fuera del propósito de Dios, pues solo Él debe ser el centro de sus vidas. Parece increíble, pero esta conducta es más común de lo que te imaginas.

En nuestros días, el tribalismo que enfrentamos refleja las diferencias que nos caracterizan y que al mismo tiempo nos dividen. En lugar de interesarnos en saber si los demás están compartiendo del amor de Dios como el único camino de salvación, creamos conflicto y división. ¡Ojo! No estoy diciendo que debemos unirnos con otras denominaciones o con personas que aceptan cosas que van en contra de la voz de Dios. ¡No! Simplemente, quiero expresar que es importante que nos unamos en sana doctrina, a pesar de las doctrinas secundarias o terciarias. Durante mucho tiempo, nos hemos encargado de concentrar la atención en nuestras ideas, olvidando que Cristo es quien nos une independientemente de las pequeñas diferencias.

Más adelante, Pablo habló sobre el sexo. Muchos de los nuevos convertidos continuaban asistiendo al templo de Afrodita para adorarla y para tener relaciones sexuales con las prostitutas. Lo peor de todo es lo que hacían en nombre de la libertad de Cristo. 1 Corintios 5:1 dice: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre”. Pablo les recordó que Jesús también compró nuestra obediencia cuando pagó por nuestros pecados. Les hizo ver que Cristo estaba buscando redimir el quebrantamiento de sus vidas, incluidas las relaciones rotas, todo con el fin de mostrar a los demás su redención y amor.

En la actualidad, sin tener literalmente un templo como el de Afrodita, experimentamos el mismo problema. Subestimamos las relaciones, sobre todo las relaciones sexuales, y nos enfocamos únicamente en obtener placer. El mundo nos ha convencido de que la masturbación no tiene consecuencia alguna porque solo exploramos nuestro cuerpo. Nos ha hecho ver que el sexo prematrimonial y la homosexualidad son naturales. Incluso, hemos llegado a creer que el sexo con nuestros cónyuges debe ser un acto en el que ellos deben satisfacernos y nada más. Todos nuestros esfuerzos giran en torno al placer y la satisfacción. Pablo vino a decirnos que la integridad sexual, aunque no parezca, sí importa, y mucho. Nuevamente, pienso que es porque, en la obediencia a Jesús, encontramos el máximo gozo. En este mundo que está de cabeza, solo Cristo tiene el poder de hacer las cosas como deben ser, trayendo libertad y gozo. Cuando lo obedecemos y encontramos esta alegría, otros pueden verlo y conocerlo como Señor y Salvador.

Otro de los temas que Pablo trató con los corintios fue el de la comida (Co 8:1-11:1). En Corinto, la carne se sacrificaba y dedicaba a las deidades que adoraban, y luego se vendía en el mercado. Por un lado, los judíos pensaban que ningún creyente debía consumirla, pero por otro, los gentiles no encontraban ningún inconveniente en ingerirla. De nuevo, esta disputa causó división en la iglesia. Pablo les explicó que el propósito siempre es glorificar a Dios, disfrutarlo como siempre, así como dice el Catecismo de Westminster. Les explicó que, si los cristianos comían de esa carne en presencia de no creyentes, los incrédulos podrían pensar que era correcto adorar y seguir a Jesús y a otros dioses al mismo tiempo, lo que descartaría a Jesús como único Dios verdadero.

Ahora, ¿recuerdas el mandato de obedecer a Dios e ir y hacer discípulos a todas las naciones que vimos en Mateo 28:19-20? Pues, para lograrlo, era necesario que se abstuvieran de consumir la carne que había sido ofrecida a los dioses romanos. Tal vez te resulte un tanto exagerado, pues solo es comida. Además, esos dioses ni siquiera eran reales. Sin embargo, no alimentarse de esa carne representaba lealtad a Dios y lo glorificaba a través del amor a nuestro prójimo. Lo que debemos entender es que, mientras estuvieran solos o con personas cuya fe no cayera por el hecho de verlos comer esa carne, podrían consumirla. Seguramente ya relacionaste este ejemplo con el consumo del alcohol o de alguna otra sustancia. Dios claramente prohibió emborracharse, pero el alcohol como tal, moderadamente, no está prohibido. Aun así, muchas personas optan por abstenerse en presencia de no creyentes y de creyentes que han luchado con problemas de alcoholismo. Esta decisión es una decisión de amor; esta decisión de amor edifica a la iglesia. Queremos evitar confundir a los no creyentes con cosas que, aunque seamos libres de hacer, en su momento tal vez no sea la mejor opción. Como dijo Jesús al resumir el cristianismo en Mateo 22: 36-40: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.

La última cuestión fue sobre la resurrección. Algunos creyentes decían que Cristo no resucitó, que era una idea loca. Pablo les dijo que la resurrección es una doctrina básica de la fe cristiana. Les aclaro que, si Jesús no se hubiera levantado de entre los muertos, sería mejor que dejáramos de creer, porque eso significaba que Cristo no había podido conquistar a la muerte. Pero debido a que sí lo hizo, podemos seguirlo con gozo y esperanza. La esperanza nos transforma en obediencia y amor; nos da fuerza y paz. Su resurrección nos dio vida eterna.

Pablo cerró esta primera carta a los corintios recordándonos el fundamento de nuestra fe: Jesús y el Evangelio. Jesús es el único que puede transformar cada área de nuestra vida a bien. Jesús es quien nos une como un cuerpo para trabajar en su obra; para compartir lo asombrosa que es la vida a lado de nuestro Salvador.

VIVE
1. ¿Qué aspecto del mundo te está atrayendo más que el Evangelio de Cristo?
2. ¿Qué área de tu vida necesita más del Espíritu Santo y menos de este mundo?
3. ¿Qué decisiones tajantes puedes tomar para evitar caer en esas tentaciones? Cristo puede redimir todo pecado, ¿estás dispuesta a arrepentirte y a confiar en Él?

LIDERA

  1. Tu testimonio es de gran importancia para los que no conocen a Cristo pero que te conocen a ti. Considera explicarle a alguien que tiene problemas con los mismos pecados que tú has experimentado, cómo es que Dios ha transformado y redimido ese aspecto de tu vida.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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