Si hay algo que aborrezco es el dolor. No me gustan las tribulaciones ni la idea del sufrimiento. Mi cuerpo y el de mis seres queridos han padecido. A lo largo de mi vida he derramado un sinfín de lágrimas a causa de la muerte. Una y otra vez, nos enfrentamos a los tormentos de este mundo caído, pero siempre por una razón. A pesar de que Dios tiene el poder de quitarlos, decidió no hacerlo porque, a través de ellos, al demorar su justicia y derramar su misericordia, cumple su buena voluntad. Suena paradójico, lo sé. Sin embargo, el Señor nunca ha tenido la intensión de confundirnos, es por eso que en el libro de Filipenses nos explica con claridad esta cuestión. A lo largo de este recorrido, comprenderemos que el sufrimiento tiene un propósito, y que es posible gozarnos en medio del dolor cuando imitamos la conducta de Cristo.

La iglesia de Filipos fue fundada por Pablo durante su segundo viaje misionero (Hch 16). Los miembros de esta congregación lo amaban y apoyaban en las buenas y en las malas. Tan grande era su amor por él, que cuando escucharon que había sido encarcelado, enviaron a Epafrodito, un líder de su iglesia, a darle un apoyo económico. Durante esa visita, tuvieron la oportunidad de pasar tiempo juntos y hablar de la situación de la iglesia.

Filipenses es una carta que fue dirigida precisamente a la iglesia de Filipos. Estando en la cárcel, Pablo la escribió como respuesta al regalo y a las noticias que recibió por parte de Epafrodito. Vivir en esta ciudad siendo cristiano significaba ser perseguido, pues era un lugar donde la gente era fiel seguidora del César. Por lo tanto, hablar de Jesús, el rey verdadero, era visto como traición. Los filipenses vivían en constante sufrimiento, a pesar de la fe vibrante que los empapaba. Pablo lo entendía a la perfección.

Este libro está formado por cuatro capítulos. Cada uno de ellos trata un tema diferente, sin embargo, todos coinciden en la conclusión: cuando seguimos a Cristo, sin importar las circunstancias, experimentamos gozo. Esta verdad es la que Pablo buscaba transmitir a la iglesia de Filipos. Es tan importante, que la palabra “gozo” se menciona ¡16 veces!

La carta inicia con una oración en la que Pablo le pide a Dios que los filipenses se vuelvan cada vez más amorosos; que su conocimiento en el Señor aumente y que maduren en la Palabra, para así obtener discernimiento y, además, para mantenerse puros. También oró para que el amor de Dios penetrara completamente sus corazones y para que Cristo fuera conocido y glorificado.

En ese momento, Pablo estaba pasando una prueba gigantesca al estar encarcelado, y los filipenses estaban muy preocupados por él. Lo increíble de esta historia es que a Dios no le sorprendió la situación de Pablo, sino que lo guío para que tuviera la perspectiva correcta. Seguramente, cuando Pablo empezó este proceso, se preguntó cómo lograría su meta principal, la cual era compartir el Evangelio con los gentiles. A medida que pasaban los días, este apóstol experimentó la sabiduría de Dios y entendió que su dolor tenía un propósito. Pablo fue encarcelado y custodiado por la guardia pretoriana, la cual formaba parte de la élite del emperador Nerón, quien perseguía y mataba cristianos. Los guardias rotaban cada seis horas. El custodio en turno se encadenaba al prisionero, esto con el fin de asegurarse de que no se escapara. Todo parecía indicar que la misión de Pablo compartiendo el Evangelio sería imposible de llevar a cabo, pero no fue así. ¿Con quién te imaginas que habló de Jesús? ¡Sí, con los soldados del Imperio romano! El lugar donde creímos menos probable la aceptación de Jesús estaba dando frutos (Flp 1:13). Es probable que Pablo se haya reído de gozo cuando escribió que todos los santos, especialmente los de la casa del César, mandaban saludos (Flp 4:22). Lo que parecía un obstáculo en el plan de vida de Pablo, fue usado por Dios como una oportunidad para difundir el Evangelio. Mientras los líderes religiosos judíos y romanos intentaban silenciarlo, el Señor abría una puerta para gloriarse (muy similar a la historia de José en Génesis).

El apóstol entendió que su misión en esta vida era glorificar a Dios sin importar las circunstancias, y que difundir el mensaje de Cristo estaba llevando a muchas personas a ver cuán asombrosa era la vida de la mano de Jesús. Entendió que no es necesario vivir en las mejores condiciones para proclamar la esperanza que tenemos en Cristo, sino que, incluso en los peores momentos, aun en las tribulaciones, son una oportunidad increíble para cumplir el llamado de Dios (Flp 1:18). Como ves, Dios usa el dolor para gloriarse y para llenarte de gozo. Filipenses 1:21 dice: “Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. Pablo supo que dedicaría su vida para anunciar el Evangelio, y que, si en el intento la perdía, estaría satisfecho, pues pasaría la eternidad en la presencia de Dios.

Hasta aquí, tal vez todo suene muy encantador, pero no es tan sencillo como aparenta. Pablo confrontó a sus hermanos con una verdad inevitable: el costo de seguir a Cristo (Flp 2). Vivir para Jesús implica ser perseguido, enfrentar pruebas y mucho sufrimiento. Reconocer y compartir que el César estaba bajo la soberana autoridad del Rey de reyes y Señor de señores no solo los haría impopulares, también pondría su vida en peligro. Sin embargo, ¡no existe otra forma de vivir sino imitando la vida de Cristo! (Flp 2:2). Esto significa ser desinteresado y empático; significa ver la vida de los demás tan importante como la nuestra y velar por sus intereses (Flp 2:3-4). Así fue como Jesús interactuó con el mundo. ¡Él era Dios y se sacrificó a sí mismo haciéndose hombre para morir por nosotras! ¡Qué gran ejemplo de humildad! (Flp 2:11).

Hermana, creer en Cristo transforma nuestra vida y nos permite amar a todos. Sería poco amoroso si, conociendo a Cristo y las consecuencias del pecado, no compartiéramos la gran noticia de la salvación. Comprender la realidad del amor de Dios y de su juicio, la realidad del Cielo y del Infierno, debe romper nuestros corazones y llevarnos a difundir el Evangelio. A pesar del costo que pueda tener en la Tierra, al final del día será un detalle minúsculo en la eternidad.

Es importante que aprovechemos al máximo cada día para amar a Dios y a los demás. Un ejemplo que nos da Pablo es el de Timoteo y Epafrodito. Ellos dieron su vida para la gloria de Dios y obtuvieron gozo y vida eterna. Seguir a Dios definitivamente requiere esfuerzo y, en este caso, es probable que también sea necesario dejar de lado las comodidades. Pero, hermana, ¡la recompensa y el gozo que obtendremos al final lo vale!

Más adelante, en el capítulo tres, Pablo volvió a confrontarlos con lo que consideraban era de máxima importancia sus vidas. Si hacemos un poco de memoria, recordaremos que estaban influenciados por los judaizantes que predicaban que la fe se obtenía por fe y por el cumplimiento de la ley. Esto no es cierto. Sabemos que la Biblia, en su totalidad, indica que la salvación se obtiene únicamente teniendo fe en Cristo.

Pablo les dio una lista en la que les mostró que ningún logro religioso podría salvarlos. Así es, hermana, ¡ninguno! No importa si eres voluntaria en todos los ministerios existentes o si tienes todos los títulos en estudios teológicos, solo la fe en Cristo Jesús puede salvarte. Si alguien podía presumir de haber alcanzado grandeza religiosa era Pablo. ¡Su currículum era impresionante! Aun así, dijo que consideraba todo eso “estiércol”, porque nada de lo que había logrado podría salvarlo, solo la sangre de Jesús. En lugar de prestar atención a todos los logros que había realizado, se dedicó a conocer profundamente a Dios. Sabía que de esa manera experimentaría su poder, incluso si significaba sufrir (Fil 3:11).

Pablo conocía tan íntimamente a Dios que, sin pensarlo dos veces, le apostó su vida. Este acercamiento al Padre lo motivó a alentar a los demás creyentes a pasar más tiempo con Cristo. Al final de este capítulo, Pablo nos invita a imitarlo y a recordar que esta vida es un espejismo, un abrir y cerrar de ojos, una realidad momentánea que dará paso a nuestra ciudadanía eterna en el Cielo.

Por último, el capítulo cuatro finaliza de una manera muy práctica. Usando de ejemplo a Eudora y a Síntique, dos mujeres que discutían sobre sus ambiciones personales y no imitaban a Jesús (Flp 4:2), nos enseña qué es lo que no debemos hacer. Pablo nos suplica dejar atrás ese tipo de conductas para seguir la de Cristo. Luego nos recuerda que el sufrimiento va acompañado de gozo cuando Dios es glorificado en medio de la prueba. Reiteró que el sufrimiento es difícil, pero nos exhorta a recordar que Dios usará el dolor para un bien mayor, y que, aunque hoy no lo veas, tiene un propósito.

Hermana, Dios nunca deja de estar presente. No pienses que solo está mirándote esperando a que se cumpla el objetivo de la prueba. Puedes depositar en Él toda la ansiedad que el dolor te esté causando porque le importas y quiere abrazarte y consolarte. A pesar de que la prueba o el sufrimiento no desaparezcan, Dios promete cobijarte con su paz (Flp 4:7).

Pablo, al escribir Filipenses, buscaba que viéramos las oportunidades disfrazadas de pesares, para así, regocijarnos en ellas. Cuando fijamos nuestros ojos en la realidad de la eternidad, nuestros ojos fácilmente reconocen las aflicciones como momentáneas y con un propósito (2 Co 4:17-18, Ro 8:28). ¿¡No te parece alentador!? ¡El dolor no durará para siempre! ¡La eternidad desaparecerá las lágrimas; la tristeza y la muerte ya no existirán! (Ap 21:4).

Por último, Pablo reveló que el dolor que experimentó le ayudó a confiar en Cristo. Lo llenó de gozo porque, sin importar la situación que estaba viviendo, si todo iba bien o si parecía ir mal, sabía que podía regocijarse en Jesús.

Pablo fue un hombre que tenía la eternidad grabada en su corazón. Él sabía que este mundo pasará. Tenía la certeza de que hoy y en la eternidad, su gozo glorificaría a Dios. Hermana, ¿cuál es tu actitud frente a las adversidades? Me gustaría que tomaras un tiempo y reflexionaras en si estás fijando tus ojos en la eternidad o si estás tomando una postura de amargura contra Dios. ¿Orarías para mantener tu mente en la perspectiva eterna?

Cerramos el libro de Filipenses entendiendo que podemos tener gozo a través de Cristo bajo cualquier circunstancia. Este libro también nos enseña que Dios nunca ha prometido salud, riqueza y prosperidad, todo lo contrario. En Filipenses, Dios nos enfrenta a la realidad del sufrimiento. Entendemos que el Señor usa el mal que proviene de este mundo caído para acercarnos más a Él, y que el dolor nos ayuda a crecer en santidad (Ro 5: 3-4). Cuando las pruebas toman fuerza, magnifican la obra de Jesús en los hombres (Jn 9). El sufrimiento puede darnos paz y gozo cuando comprendemos que estamos recorriendo el camino hacia el Cielo eterno junto a Cristo. Él es le único que puede consolarte y ayudarte a andar en estos valles de sombra.

Así que, hermana, te pido que ores para que, independientemente de tus circunstancias y de los resultados que el dolor conlleve, hoy puedas tener presente la perspectiva eterna y un corazón que confíe plenamente en Jesús. De esta manera, encontrarás la paz que sobrepasa todo entendimiento y el gozo insuperable que Dios promete.

VIVE

  1. ¿Cuánto sacrificio merece un alma para ti? ¿Estás dispuesta a sacrificarlo todo por el privilegio de compartir el Evangelio?
  2. ¿Has experimentado gozo incluso en medio de las adversidades? Si no ha sido así, ¿orarías para que sea una realidad en tu día a día?
  3. Hermana, ¿en qué estás depositando tu salvación, en tus logros religiosos o en Cristo?

LIDERA

  1. Apoyándote en Filipenses, ¿cómo podrías alentar a alguien a experimentar el gozo que da Cristo y que sobrepasa las adversidades?
  2. Ora y explícale a una persona que no conozca de Cristo que sus logros religiosos y sus buenas obras no le servirán de nada para la eternidad; que no es lo que haga, si no lo que Cristo hizo por ella.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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