Esperar es algo que nos cuesta trabajo. La espera se vuelve eterna cuando se trata de abrir un regalo, encontrarnos con alguien que amamos, o al recibir los resultados de un examen médico. Esperar es difícil. A veces pareciera que Dios simplemente se ha olvidado de nosotras, pero no es así.  La segunda parte de Éxodo nos enseña la importancia de esperar en adoración incluso cuando sentimos que Dios se está tomando demasiado tiempo. También nos muestra directamente la insuficiencia que tenemos para acercarnos a Dios como los seres humanos que somos. Por último, Éxodo presenta el hermoso corazón de Dios para la salvación de su pueblo. 

En el estudio anterior dejamos a los israelitas en el desierto, acampando en el monte Sinaí. Vivieron milagro tras milagro durante las plagas y en su liberación de Egipto. Además, ¡experimentaron la gloria de Dios físicamente! 

Dios continuó desarrollando la promesa que le hizo a Abraham en un nuevo pacto con Moisés, el pacto mosaico (Ex 19-24). A través de nuevas promesas, Dios le mandó a decir a su pueblo que había sido elegido para convertirse en el representarte y sacerdote de la Tierra. A pesar de ser personas poco especiales, Dios los eligió con el fin de que todos lo conocieran y adoraran. 

Con el propósito de que otros vieran las bendiciones de obedecer y adorar al Dios verdadero, les envío una serie de mandamientos que deberían cumplir. ¡Israel se entusiasmó muchísimo! ¡Era una oportunidad única! Así que prometieron seguirlo sin siquiera pensarlo un poco. Pero, ¿lo lograron? Más adelante vemos que, definitivamente, no estaban muy convencidos del nuevo pacto. 

Estando al pie del monte Sinaí, Dios llamó al pueblo de Israel a encontrarse directamente con Él. Pero el pueblo tuvo temor (la descripción de su presencia en el monte Sinaí es bastante intensa), rechazó la invitación y decidió enviar a Moisés en representación. 

Al encontrarse con Dios, Moisés recibió instrucciones especiales para Israel. Diez mandamientos y 53 mandamientos más. Dios quería estar en contacto con su pueblo, por lo que le dio a Moisés los planes estructurales de un tabernáculo que construirían para que su gloria habitara ahí. ¿No te parece una muestra de amor y paciencia súper linda de parte de Dios? Aun cuando lo rechazaron, Dios fue personalmente a buscarlos (Lc 19:10). 

Si estás leyendo toda la Biblia, es seguro que te topes con capítulos bastante largos y difíciles. Puede que parezca que contienen información poco relevante, pero no es así. ¡Te pido que no te los saltes! Dios, con el propósito de recordarle a Israel que en el tabernáculo moraría su presencia, llenó de símbolos el plano estructural del tabernáculo; símbolos que, principalmente, representaban el jardín del Edén. Debemos leer Éxodo entendiendo que cada palabra es inspirada y útil.  Si está en la Biblia es porque tiene un propósito y una razón.  

Moisés tardó demasiado en regresar cuando subió al monte Sinaí. Todo el pueblo creyó que jamás regresaría o que había muerto. Sin saber qué sucedía, Israel le pidió a Aarón que construyera un becerro de oro para adorarlo como su dios. ¿Puedes ver la amnesia espiritual? ¡Rompieron los primeros dos mandamientos poco después de haber prometido obedecerlos! Pero, hermana, ¡no los juzgues tan rápidamente!, ¡nosotras somos iguales!  Pensamos que Dios se está tardando, que se le olvidó nuestra oración o que no le importa, así que nos hacemos cargo de nuestros planes. La verdad es, hermana, que esperar en Dios es súper difícil la mayor parte de las veces, pero la espera no debe tratarse de frustración, sino de un tiempo especial de adoración y confianza en Él. Ser pacientes en la espera refleja nuestra fe en Dios.

De la misma forma en que nuestro pecado lo entristece y enoja porque Él es santo, su corazón se afligió por los pecados de su pueblo. Dios le dijo a Moisés que destruiría a todos, pero Moisés intercedió y, por su gracia, cedió. Dios siempre permanece fiel a sus promesas, incluso cuando no somos merecedoras de su perdón. Así es Él; celoso de su gloria y de su gente. 

Moisés subió al monte Sinaí una vez más y Dios le dio una segunda serie de tablas con mandamientos escritos.  Al regresar, su rostro brillaba por haber estado en la presencia del Padre. Los israelitas le pidieron que se pusiera un velo sobre la cara cuando hablara con ellos porque no querían verlo de frente. ¿Qué vemos aquí? Una vez más, un pueblo rebelde que no quería estar en contacto directo con Dios. Sin embargo, hay algo muy bello que podemos observar aquí. Estar en la presencia de Dios nos cambia. Hermana, pasar tiempo con Dios en su Palabra y en oración nos transforma; hace que su luz brille a través de nosotras y que los demás lo perciban.

Finalmente, encontramos a Israel construyendo el tabernáculo de acuerdo al plan que Dios le dio. Lo terminaron y la presencia gloriosa de Dios (shekinah) apareció. Su presencia era tan grande y pesada que ni siquiera Moisés podía entrar. Esto me recuerda a los efectos devastadores del pecado. Es imposible entrar a la presencia de Dios sin el perdón total de nuestros pecados por fe en Cristo.

El mensaje rotundo de nuestra total incapacidad para llegar a Dios tal cual somos y la desesperada necesidad que tenemos de un salvador es evidente al terminar este libro. En nuestra condición pecaminosa no podemos tener acceso a una relación con Dios, ni siquiera siendo un hombre o mujer como Moisés. Somos pecadores frente a un Dios santo. Afortunadamente, tenemos un Padre que nos ama y que ha puesto en marcha un plan de salvación para la humanidad.  Hermana, conforme sigamos leyendo la Biblia, veremos cómo se desarrolla este plan hasta llegar a su cumplimiento total en Cristo.

VIVE
1. ¿Has tomado algún asunto en tus manos mientras esperas en Dios?  ¿Cuál fue el resultado?
2. ¿Qué puedes aprender de los israelitas para ser paciente y confiar en Dios cuando se presente la situación?
3. ¿Qué ha cambiado en tu actitud después de leer Éxodo?

LIDEREA

4. Busca a alguien en tu vida que esté pasando por sufrimiento y espera. Anímalo con versículos e historias que hayas aprendido en tu lectura de Éxodo.  

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Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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