Abdías es un libro corto pero con un mensaje importante. Cualquiera que lo lea prestando atención únicamente a los eventos históricos perderá el sentido principal del contenido  y creerá que no tiene un significado para su vida. Sin embargo, la Biblia nos dice en Romanos 15:4 que todo lo que está escrito en ella es para enseñarnos, darnos ánimos y esperanza. Este libro no es la excepción. Sin importar qué tan corto o largo es, Abdías es un texto valioso. En él veremos, una vez más, la gran necesidad que tenemos de Jesús. 

Se sabe poco sobre la vida de este profeta. Las pocas palabras que contiene Abdías no hablan sobre su vida ni sobre la época en la que vivió. Directo y al grano, el libro inicia pronunciando un juicio en contra de Edom. Pero, detengámonos un momento, ¿te suena ese nombre? Retrocedamos un poco en la historia para recordarlo. La primera vez que la palabra “Edom” aparece es enunciado es en Génesis 25:25-26. Rebeca, la esposa de Isaac, se embarazó de gemelos, a los cuales llamó Esaú y Jacob. Desde que peleaban en su vientre, Dios le reveló que dentro de ella vivían dos naciones, pero que solo una prevalecería. Más adelante, Esaú le vendió a Jacob su primogenitura a cambio deun plato de sopa de lentejas. Isaac no se dio cuenta de la trampa y bendijo a Jacob como su primogénito. La batalla comenzó.  Eventualmente, Dios cambió el nombre de Jacob por Israel y el de Esaú por Edom. Cada uno tuvo descendientes y de ellos se formaron dos naciones, la de los israelitas y la de los edomitas. La relación entre los dos pueblos, como la de los gemelos, siempre fue conflictiva, sin embargo, Israel prevaleció. De hecho, el pueblo de Edom estuvo aliado a Babilonia cuando destruyó Israel. Mató a mucha gente y saqueó sus ciudades con tal de obtener ganancias. Es evidente que la situación espiritual de Edom estaba completamente desvirtuada y corrompida. Por lo tanto, Abdías se encargó de profetizar el juicio contra esta nación. 

Los pecados que el pueblo de Edom cometía día a día lo llevaron a ser engañado. La ciudad se encontraba en una zona montañosa, muy por encima de las llanuras. Los edomitas se sentían protegidos. Las ventajas contra sus enemigos eran grandes y ellos se sentían indestructibles.   La ilusión de grandeza los llevó a creer que el actuar injustamente contra Israel no tendría ninguna consecuencia, pero estaban equivocados. Pronto, el juicio y la destrucción los abrazarían.  Todo esto realmente sucedió. En el siglo quinto antes de Cristo los edomitas fueron expulsados de ciudad (la actual Petra) y después desaparecieron de la historia. 

A partir del versículo 15 Abdías cambia el enfoque. Presta mucha atención, porque podrías confundirte. De un momento a otro, el juicio que Abdías pronunció no era solo en contra de Edom, sino de todas las naciones en las que abundaba la soberbia y el orgullo. También se encargó de advertirles sobre el Día del Señor, del cual nadie podrá escaparse. Como dice 2 Corintios capítulo cinco, versículo 10: “Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo”.  Al final, hermana, todo el que mantenga la misma actitud que tuvo el pueblo de Edom será destruido. 

Los últimos versículos del libro dan un giro increíble en la historia. Dios les prometió edificar y reconstruir la casa de David. No solo su pueblo será salvo,  todas las naciones seránllamadas suyas. Cuando eso suceda se encontrará una parte del remanente de Edom. Finalmente, el reino de Dios será restaurado. ¡Qué gran esperanza para los edomitas!, ¡qué gran esperanza para el mundo! Todo parecía oscuridad pero Dios encendió una luz. 

Tal vez ahora te estés preguntando qué tiene que ver contigo todo esto que te estoy contando. Bueno, ese orgullo que tanto caracterizó a Edom es igual al que representa a la humanidad. De hecho, las palabras hebreas “Edom” y “Adán” se escriben de la misma manera. Adán, como ya lo sabemos, representa a la humanidad caída. Nuestro orgullo no nos permite ver que, a menos de que recibamos la gracia inmerecida de Dios, nuestros intentos de agradarlo serán insuficientes. La vanidad nos ha hecho creer que formar parte de un grupo religioso y cumplir una lista de tareas nos dará acceso a Dios.  Hemos llegado a cometer el error de pensar que las donaciones a la caridad, los actos de bondad, las peregrinaciones de rodillas, el ayuno, la asistencia a la iglesia y muchas cosas más nos salvarán. ¡Eso es mentira! Además, hemos comenzado a percibir a Dios de forma que nos complazca. Queremos que nos haga ricos (evangelio de la prosperidad) y que complazca nuestros deseos (santería). Nos hemos posicionado en el centro del universo afirmando quemientras lo que hagamos sea consensual y no dañe a nadie es válido. Ese pensamiento ha dado lugar al aborto, a la homosexualidad, a la pornografía, al suicidio asistido y a muchas cosas más. La humanidad se ha forjado a sí misma como dios. 

Los edomitas, al igual que nosotras, fallaron en esperar y en escuchar las instrucciones de Dios. Eso sucede, hermana, cuando dejamos de creer en el poder de la oración; cuando dejamos de insistir en seguir el camino de Dios y optamos por perseguir el nuestro. Una y otra vez ponemos nuestros intereses, tiempo y recursos en servirnos a nosotras mismas y no a Dios ni a su reino. 

Nadie está exento de vivir en orgullo. No hay manera de evitar el comportamiento de Edom. Sin embargo, hermana, Dios nos da esperanza. Si no fuera por la fe en el sacrificio de Cristo, tendríamos que ser juzgadas. Es gracias a su misericordia que Jesús ha provisto un camino para recibir el perdón de nuestros pecados. ¡En Él fueron juzgados todos nuestros pecados! 1 Corintios 15:10 dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. 

El mundo está lleno de malas noticias. Enfermedades, guerras, muertes, dolor… ¡todo! Sin embargo, hay una gran noticia y es la más importante de todas: ¡Jesús nos ha salvado! En su gracia obtenemos fuerza para seguir los senderos fáciles y difíciles de la vida; en su gracia perseveramos y destruimos al edomita que llevamos dentro. Un día, hermana, el orgullo se desvanecerá y moraremos  en el reino restaurado de Jesús para siempre. Abdías nos recuerda que la gracia de Dios nos ha salvado y el Espíritu Santo obrará en nosotras para que podamos adorarlo en libertad. 

VIVE

1. ¿En qué áreas de tu vida estás confiando en Dios y en qué otras te sientes indestructible? ¿Qué pasaría si perdieras ese control?

2. ¿Cuál es la motivación que te lleva a hacer buenas obras? ¿Es el orgullo de tu bondad o el poder del Espíritu Santo el que produce esta conducta?

LIDERA

1. ¿Cómo le explicarías a alguien que no conoce de Cristo que el orgullo ciega y mata y que solo Cristo salva?

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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