Hablemos de paz. Como vimos anteriormente, la paz siempre va acompañada de la justicia. Quiero mostrarte un versículo escrito por el rey Salomón que trata de luchar por la paz. Recordemos que este rey fue conocido por su gran sabiduría, riqueza y opulencia. Mira lo que él vio en su tiempo y lo que tocó su corazón. Eclesiastés 4:1 (NVI) dice: “Luego me fijé en tanta opresión que hay en esta vida. Vi llorar a los oprimidos, y no había quien los consolara; el poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara”.

¿Te suena familiar? El panorama actual es similar. Todavía hay gente que vive en opresión. La modernidad no ha borrado los errores del ser humano. Es más, la maldad y la violencia van en aumento. Muchos piensan que la educación, la cultura y una mejor economía son la solución a los problemas del hombre, pero no es así. El mundo está lleno de pecado y maldad, ese el problema. La esclavitud sigue existiendo. El tráfico de niños y mujeres no ha desaparecido. Los secuestros y los sobornos, al igual que el abuso sexual y la violencia a las personas discapacitadas, siguen presentes en nuestros días. De todas las injusticias que hay en el mundo, ¿cuál te causa más tristeza? Seguramente te aflige más la que te recuerde a una experiencia personal. 

Si estás comenzando a sentir enojo, es porque realmente identificas la iniquidad. Esa emoción viene directo del corazón de Dios. Él creó el enojo. Nosotras reaccionamos ante la injusticia porque el Señor nos creó de esta manera. La Biblia está llena de versículos que muestran el corazón quebrantado de Dios con respecto a la maldad del mundo. Hermana, ¡Él se aflige por los oprimidos y quiere que hagamos algo por ellos! 

En Lucas 4:18 (NVI), Cristo dijo lo siguiente: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos”.Jesús desenrolló las escrituras y declaró de él mismo lo que Dios le envió a proclamar: libertad. ¿Sabes qué sucedió? ¡Lo hizo! Ahora, Jesús ya no está encarnado en el mundo, pero dejó a su iglesia para seguir con la tarea que él comenzó. 

Compartir la libertad y esperanza que tenemos en Cristo es el inicio para cumplir esta gran misión. Este pasaje también nos muestra lo que hay en el corazón de Dios: una profunda compasión por las personas que viven en esclavitud. El versículo habla de traer libertad y abrir los ojos. Recordemos que Dios ve más allá de lo externo. Él sabe que el mundo está lleno de gente esclavizada y cegada por el pecado. Aunque superficialmente sean personas con éxito profesional y tengan una visión 20/20, espiritualmente viven en cautiverio. Nosotras también debemos abrir los ojos a la triste realidad de una vida sin Cristo, una vida que muchos tienen. 

A pesar de que Dios está interesado en que nos enfoquemos en el área espiritual, no quiere que olvidemos que sigue existiendo gente que vive físicamente en esclavitud y que no pueden defenderse a sí mismos. ¡Necesitan ayuda para salir adelante!  La iglesia no debe quedarse cruzada de brazos. El rey Salomón, en Proverbios 31:8-9 (NVI), dijo: “¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! ¡Levanta la voz, y hazles justicia!¡Defiende a los pobres y necesitados!”.

Hagamos una pequeña reflexión. ¿Quién escribió este pasaje? ¡El rey Salomón! Dios inspiró al rey más rico y sabio de aquel tiempo para declarar estas palabras. Este otro pasaje también nos indica que Dios usa a reyes y a esclavos para llevar su mensaje. Él es compasivo con quien quiere ser compasivo. Ni la riqueza, ni el conocimiento, ni la cultura ni la posición social son obstáculos para que Dios lleve a cabo su plan. Él usa a quien se deje usar. Pero, sin duda alguna, este clamor de compasión viene directo del corazón de Dios. 

Hermana, ¿por qué no te levantas conmigo y hacemos algo juntas por aquellos que no tienen voz, por los oprimidos, por los pobres en espíritu? ¡No nos quedemos sentadas! ¡No nos hagamos las víctimas!¡No perdamos el tiempo en riñas simples y sin fruto!¡Enfoquémonos en la justicia verdadera! ¡Llevemos la paz y el consuelo a quienes más lo necesitan! 

Tal vez te preguntes cómo puedes hacerlo. Quizás pienses que es una tarea demasiado grande para ti. Examinemos un versículo más. Isaías 1:17 (NVI) dice: “¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!”. ¿Qué implica cada una de estas tareas?

Aprendan a hacer el bien. 

El mundo nos ha llenado de ideas terribles de odio y egoísmo. Estamos acostumbradas a velar por nuestro propio bien. Si lees todo el primer capítulo de Isaías, te darás cuenta de cómo se había desviado el pueblo de Israel. La gente olvidó lo que significaba hacer el bien. Esto también nos sucede a nosotras. Es probable que ni siquiera hayamos aprendido a hacerlo. Tenemos que educarnos. Hermana, ¿en qué área te gustaría impactar a través del amor de Dios? Piensa qué podrías hacer en tu vecindario, en tu comunidad o en tu ciudad. Escribe lo que venga a tu mente. Este puede ser un reto personal o para tu iglesia. Hacer el bien no es algo que se nos dé naturalmente, necesitamos aprenderlo. 

Busquen la justicia y reprendan al opresor. 

Ya vimos que buscar la justicia no se trata de comenzar peleas o riñas, sino de abogar por la maldad cometida a alguien indefenso. En otras versiones de la Biblia, en lugar de decir “reprendan al opresor” dice “ayuden al oprimido”. Eso es justicia; y claro que va de la mano con reprender al opresor. Debe existir una consecuencia, si no, el opresor vuelve a cometer la misma falta. Así como les enseñamos a nuestros hijos que cada acción tiene un resultado, al buscar justicia y ayudar al indefenso, debemos estar dispuestos a presentarle al agresor las consecuencias de sus actos, incluso si es una persona cercana a nosotras y la situación se pueda tornar incómoda o triste. Quien lastimó necesita aprender a dejar de lastimar. 

Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda. 

Una querida amiga y hermana en Cristo tiene un gran llamado. Ella ayuda a señoras solas y enfermas. Las lleva a sus citas con el doctor, las apoya pagando sus cuentas, les hace compañía y les llama por teléfono.Está al tanto de sus necesidades. No sé cómo las encuentra, pero es un gran ejemplo para mí. También programa días de la semana para visitar a los ancianos del asilo y para alimentar a los que no pueden hacerlo solos. Esta es la justicia que Dios quiere de nosotros. Aprender a hacer el bien a personas indefensas y solas. 

Lo opuesto a hacer justicia es una norma para la mayoría: olvidar, ignorar, pasar por alto, hacer a un lado, no poner atención. Según este versículo, el comienzo de todo es aprender, educarnos y actuar. Aprendamos de la injusticia del mundo, pero también aprendamos a hacer la diferencia. Aprende. Busca. Ayuda. Defiende. Lucha por otros.

Espero que le estés preguntando a Dios qué quiere de ti o qué puedes hacer por tu prójimo. Lee conmigo una porción de Amos 5:4-24. Si gustas leer todo el capítulo, te invito a que lo hagas. 

Así dice el Señor al reino de Israel: «Búsquenme y vivirán… Él convoca las aguas del mar y las derrama sobre la tierra. ¡Su nombre es el Señor! Él reduce a la nada la fortaleza y trae la ruina sobre la plaza fuerte…Ustedes odian al que defiende la justicia en el tribunal y detestan al que dice la verdad.

Por eso, como pisotean al desvalido y le imponen tributo de grano, no vivirán en las casas de piedra labrada que han construido, ni beberán del vino de los selectos viñedos que han plantado.
¡Yo sé cuán numerosos son sus delitos, cuán grandes sus pecados! Ustedes oprimen al justo, exigen soborno y en los tribunales atropellan al necesitado. Por eso en circunstancias como estas guarda silencio el prudente, porque estos tiempos son malos.

APRENDE

1. Lee los siguientes pasajes y medita: Salmos 10, 98; Proverbios 31:8-9,21:15; Jeremías 7:5-6.

VIVE 

1. ¿Qué necesitas para actuar con justicia? ¿En qué área de tu vida necesitas trabajar más para ser justo? 

LIDERA

1. Piensa en alguna necesidad que haya en tu comunidad y crea un plan para cubrirla. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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