Cuando hablo con mis hijos sobre el significado de la fe, generalmente uso el verbo “seguir” para definirla, pues es así como Cristo la describe. Dios nos ha llamado a seguirlo a través de la fe. En una ocasión, nos sentamos en la mesa, después me puse de pie y les pedí que se quedaran en sus sillas. Comencé a caminar alrededor de la habitación, y mientras lo hacía, les pregunté si me estaban siguiendo. Su respuesta fue que no. Después les pregunté si podrían decirme que me seguían incluso si no lo estaban haciendo. Ellos dijeron que sí. Claro, era una mentira, pero de su boca podría salir esa respuesta incluso si no era cierto. Con este ejemplo les expliqué que en el mundo hay mucha gente diciendo que sigue a Cristo, pero que realmente no lo hace, y que nosotros no queremos ser así. Posteriormente, les pedí que se levantaran y siguieran mis pasos. En esta ocasión, todos caminamos alrededor de la mesa. Esta vez, al preguntarles si me estaban siguiendo, su respuesta fue certera. Así es seguir a Cristo o tener fe en Él; es una acción, no una simple declaración. Decir que tenemos fe en Jesús sin seguirlo es igual a no tener una fe verdadera. Son palabras que se desvanecen en el viento.

El libro de Santiago nos enseña la manera y las áreas específicas en las que la fe en Cristo nos transforma. Además, prueba que la fe sin acción está muerta. ¡Estudiemos juntas este libro y descubramos qué regalo tiene Dios para nosotras en esta ocasión!

En el Nuevo Testamento conocemos a 4 hombres llamados Santiago, sin embargo, los eruditos bíblicos concuerdan que el autor de esta carta fue el medio hermano de nuestro Señor Jesucristo. Déjame explicarte. El Santiago de los Evangelios es el mismo que escribió esta carta. Su nombre, Jacobo, se transformó a Jago, y de ahí surgió Santiago. Escuchamos acerca de él en Hechos 12:15 y en Gálatas 1-2. Si lees esta carta, todo tomará sentido. Estoy segura de que en muchos casos verás a Jesús reflejado en Santiago. ¡Y cómo no! Santiago vio a Jesús crecer. Lo vio jugar, estudiar y comer. Es por eso que comparten similitudes en su forma de expresarse. Un dato más sobre Santiago que me encanta es el porqué de su apodo. Era conocido como “rodillas de camello” por lo mucho que oraba. En este libro también tiene hace mucho énfasis en la oración. Santiago escribió esta carta para mostrar a los judíos cristianos (o mesiánicos) dispersos en el extranjero que la fe cristiana requiere acción. Al finalizar, notarás lo práctico que es esta carta para nuestras vidas.

Santiago 1:22 dice: “Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos”. Quiero comenzar con este versículo porque creo que es la clave para entender el resto de la carta. Es importante que entendamos que la fe no consiste en escuchar sermones en la iglesia o en leer la Biblia y permanecer como si nada cambiara. La fe consiste en caminar en obediencia a lo que dice la Palabra. La fe es poner en acción aquello en lo que creemos. Santiago nos dice que debemos ser rápidos para escuchar (Jn 1: 19-20), y que debemos mostrar nuestra fe por medio de nuestras obras (Stg 2: 14-26). Ahora, no olvidemos que las obras no van a salvarnos. No importa qué hagamos, ninguna acción traerá salvación a nuestra vida, solamente Jesús. Santiago quiso hacerles entender que, porque somos salvos, porque tenemos fe en Jesús, estamos capacitados para ser obedientes a lo que el Señor nos pida. Así como dice Efesios 2:10, obedecemos y hacemos las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas porque hemos sido salvos por fe en Cristo. ¡Así de simple!

La fe existe por sí misma, pero generalmente va de la mano de las pruebas. Santiago nos habla de cómo podemos atravesar las dificultades y tentaciones (Stg 1:2:18). Por ejemplo, podemos vivirlas con gozo, comprendiendo que, aunque se perciban como algo malo, son buenas para nosotros y para darle la gloria al Padre que es bueno (Stg 1:16-18). De esta manera, mostramos la confianza que tenemos en su bondad y en su soberanía.

Una de las formas de demostrar nuestra fe en Cristo es la manera en que tratamos a las personas. La fe nos hace tratar a todos por igual, con honor y dignidad, sin favoritismos (Stg 2:1-13). Debemos relacionarnos con los humildes y con los pobres de la misma forma en la que lo hacemos con los ricos, así como Jesús lo hizo con nosotros, sin distinción alguna. Es cuestión de recordar que todos fuimos creados a su imagen y semejanza, de modo que, intrínsecamente, todos somos igual de valiosos. Santiago nos dice que, si decimos seguir a Cristo y no tenemos consideración por los pobres, entonces nuestra fe está muerta, pues no estamos siguiendo los mandamientos de Dios (Stg 2:14-26).

Otra cualidad de la fe verdadera es el uso sabio de las palabras (Stg 3:1-18). De más está decir que la lengua es poderosa, ya sea para bien o para mal. Con nuestras palabras podemos destruir como un fuego destruye a un bosque (Stg. 3:5-6). Muchas veces usamos nuestra voz para maldecir y para alabar a Dios. Es por eso que debemos ser conscientes del empleo de nuestra lengua no siendo ambivalentes. Santiago dice que nuestra fe en Cristo usa la lengua como herramienta para edificar y alentar, no para crear conflictos o destruir, porque, de cierta manera, las palabras son una ventana a nuestra alma (Stg 5:12, Mt 5:37).

Una prueba más de la fe es la humildad, pues señala la dependencia a Dios (Stg 4:1-17). Cuando nos sometemos a Dios, podemos obedecer sus mandatos resistiendo y yendo en contra de lo que el mundo enseña como normal. Aceptamos nuestra condición como pecadores y, en humildad, nos acercamos a Dios para arrepentirnos. Así pues, la fe es sinónimo de humilde dependencia a Dios, segundo a segundo, minuto a minuto, en cada aspecto de nuestra vida.

Después de haber entendido en qué consiste la fe, la pregunta es, ¿cómo podemos ejercitarla? Lo hacemos con paciencia, no confiando en nuestras riquezas ni oprimiendo a los pobres. La practicamos en oración, dependiendo humildemente del Padre, dando un paso a la vez en obediencia a su Palabra. La vivimos proclamando la gracia salvadora en Jesús, exhortando y ayudando a otros, y con la esperanza de la gracia futura que nos espera (Stg. 5:1-20).

VIVE

  1. ¿De qué forma cambiaron tus pensamientos, deseos y acciones cuando Cristo te salvó?
  2. ¿Es tu fe una mera declaración intelectual que no te transforma, o estás viviendo una vida que muestra que sigues a Cristo con paciencia y fiel oración? Te animo a que busques que tu fe te cambie. Te invito a que tu fe sea en acción.
  3. En cuanto a tu lengua, ¿cómo puedes usar tu voz para evitar chismes y malos comentarios a fin de edificar y no destruir?

LIDERA

  1. Recuerda alguna prueba en tu vida que haya acrecentado tu fe
  2. ¿Cómo puede alentar ese testimonio a alguien que está pasando por alguna dificultad?
  3. Escribe una lista en la que tus acciones puedan predicar el mensaje de esperanza que tenemos en Cristo.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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