Imagina que te diriges a casa de una amiga que se acaba de mudar a dos horas de distancia. Al salir de tu casa, decides no usar Waze ni Google Maps. ¿Qué podría pasar? No conoces el camino, sin embargo, a tu parecer, la ruta que indica tu intuición es la mejor opción. Pongamos los pies sobre la tierra. Seguramente terminarías atrapada en el tráfico, en lugares desconocidos y peligrosos,  y tu itinerario de dos horas se convertiría en uno de 8. Esto es exactamente lo que le pasó  a los israelitas. Decidieron no seguir el plan de Dios y hacer lo que les parecía mejor. ¡Las consecuencias fueron terribles!  

Números también es uno de esos libros que la mayoría nos saltamos; es arduo de leer y aburrido. Pero, hermana, como toda la Biblia, tiene algo que decirnos. Números nosrecuerda qué sucede cuando no seguimos el camino que Dios nos ha dado. Veremos que nuestras elecciones tienen consecuencias y que Dios es bueno cuando nos disciplina.  

Iniciamos Números con el pueblo de Israel en el monte Sinaí. Los israelitas habían estado en ese lugar durante un año completo. Dios les dijo cómo debían organizarse y hacia dónde iría cada tribu (mientras hagas tu lectura, intenta localizarlas en un mapa). Recordemos que la presencia de Dios habitaba en medio del tabernáculo, pero cuando Dios lo abandonaba, tenían que empacar y seguirlo.  Dios los guiaría, pero era necesario tener fe y ser obedientes para seguirlo. 

El pueblo de Dios caminaba por el desierto soportando el calor y la arena, con poca comida y limitado de agua. De un momento a otro, aparentemente al alzar, debían tomar sus cosas, desarmar sus tiendas y caminar hacia un lugar idéntico al que habían dejado. Sin llegar a la tierra prometida que tanto habían escuchado, esa fue su rutina durante un año. No estaban perdidos, Dios los estaba guiando, pero las largas caminatas les hacían creer que el viaje sería cada vez más duro de lo esperado y, tal como lo haríamos nosotras, comenzaron a quejarse. Extrañaban su casa en Egipto y echaban de menos la comida, ¡querían agua y carne! Con la voz en alto, se quejaron y quejaron, incluso Aarón y Miriam hablaron mal del liderazgo de Moisés. Dios, en su asombrosa misericordia, les concedía sus deseos y necesidades. Sin embargo,  la falta de confianza tuvo consecuencias bastante desagradables. Te darás cuenta al leerlo. 

Después de este recorrido, la presencia de Dios los llevó a Paraná. Ahí, Dios le dijo a Moisés que enviara doce espías a la tierra prometida, Canaán. Les tomó 40 días hacerlo. En su regreso, contaron que el lugar era absolutamente todo lo que Dios les había prometido: una tierra fértil y con buenos frutos. ¡Un solo sarmiento de uvas era tan grande que necesitaba ser llevado por dos personas! De acuerdo a los espías, había un gran problema. Ellos vieron que los hombres de ahí eran demasiado poderosos y sus ciudades demasiado grandes y bien fortificadas. Entre estos espías se encontraban Caleb y Josué. Ellos fueron los únicos que se opusieron, pues confiaban en la promesa de que Dios haría un camino en su tierra. Caleb y Josué les recordaron a los israelitas que no debían tener miedo, ¡Dios estaba con ellos! (Nm 14:6-9).  Desafortunadamente, la gente no les prestó mucha atención y el miedo provocó que comenzaran un motín en contra de Moisés; una campaña para que Israel no entrara a Canaán. El miedo que los invadía era tan grande que intentaron elegir líderes para llevarlos de regreso a Egipto. ¡¿Puedes creerlo?! ¡Dejaronque el miedo les impidiera confiar en la promesa de Dios! ¡Permitieron que su incredulidad iniciara una rebelión en sus corazones! A Dios no le pareció, en consecuencia, juzgó a Israel y lo hizo esperar 40 años para entrar a la tierra prometida. Toda persona de 20 años o más no entraría a Canaán, a excepción de Caleb y Josué, ya que fueron fieles y confiaron en Dios; no se dejaron llevar por el comportamiento y la actitud de la mayoría. 

Su siguiente destino fue regresar al desierto. A pesar de que Dios les proveía, los israelitas solo veían lo que no tenían, y eso ocasionó que tuvieran un corazón desagradecido y un sinfín de disgustos. Moisés también cayó en este comportamiento y tuvo un momento de rebelión. Desobedeció a Dios y las consecuencias fueron verdaderamente devastadoras. Ese único y pequeño ataque de ira hizo que Moisés tampoco entrara a la tierra prometida.  

La situación a la que se enfrentó Moisés es muy similar a la que nos enfrentamos nosotras con el pecado. Todos somos igual de susceptibles y estamos expuestos a fallar, es por eso que me gustaría que guardaras este versículo en tu corazón: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co 10:12). Necesitamos estar alertas  para no pecar. Pero también, hermana, recuerda que en Cristo tenemos el perdón a través del arrepentimiento. Una caída no significa que has perdido todo, ¡tenemos la esperanza de salir adelante!

Otra historia que encontrarás en Números es cuando el pueblo de Israel es mordido por serpientes. El antídoto era seguir unas simples instrucciones: salir de sus tiendas y mirar a la serpiente de bronce que Dios le había dado a Moisés. Aquellos que con fe siguieron las órdenes de Dios fueron sanados. Jesús, en Juan 3:14-15, dijo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.  Dios no dijo que la tocaran o le sacaran una foto y la pusieran debajo de su almohada. Las instrucciones fueron claras. Me imagino que hubo quienes pensaron: “¡Ay, no! Ni al caso con las farsas de Moisés. Yo de mi cama no salgo. ¡Me siento de la patada!” ¿Sabes qué les sucedió? Murieron. ¡No podría ser más claro! La desobediencia y el pecado tienen como consecuencia la muerte. Solo por fe en Jesucristo podemos ser salvos. Las instrucciones también son claras para nosotras. Obediencia parcial es desobediencia. Hermana, ya conoces los resultados.  

Cuando los israelitas llegaron a Moab, con el objetivo de debilitarlos, el Rey Balac se acercó a un profeta malvado, Balaam. A cambio de una gran recompensa, le pidió que maldijera al pueblo de Dios. Balaam quería ese tesoro, pero sabía que debía pedirle permiso a Dios para hacerlo. ¿Qué crees que dijo Dios? ¡Por supuesto que no lo permitió! (Nm 22). Sin embargo, el rey realmente quería maldecir a Israel, así que no se dio por vencido. Tomó a Balaam y lo llevó a los lugares altos para que maldijera a Israel. Balaam lo intentó pero no lo logró. ¡Las palabras que salían de su boca eran de bendición para los israelitas! La última bendición que pronunció fue que de Israel saldría un rey victorioso como parte del pacto que Dios estableció con Abraham. ¡Sabemos de quién habla!, ¡de Jesús! 

Balaam regresó triste a su casa al no recibir ninguna recompensa. Pero poco después descubrió una manera de hacerse de ella. Fue con Balac y le dijo que la única forma de hacer que Israel recibiera una maldición era ayudarlos a caer en pecado. ¡Mujeres! La manera más sencilla de hacerlos caer era llevándoles mujeres madianitas para que cometieran inmoralidad sexual. No solo los harían pecar sexualmente, también comenzarían a adorar a sus ídolos. El plan de Balaam resultó, el pueblo de Israel cayó en pecado y Dios juzgó a 24000 hombres.  

Finalizamos Números con el pueblo de Dios en Moab, donde los israelitas hicieron un desastre de sus vidas. La mayor parte de la vieja generación había muerto y la nueva se preparaba para cruzar el Jordán hacia la tierra prometida. Hermana, Números nos muestra que tenemos la libertad de elegir con responsabilidad si queremos ser obedientes o no a Dios. También, que las consecuencias del pecado son destructivas. A menos que Dios, quien es perfectamente justo y amoroso, nos salve, estamos condenadas a una vida de destrucción para la eternidad. ¡Sin Cristo no tendríamos la esperanza de la redención! Si no te parece que esto es importante, ¿cómo podrías considerar Números un libro esencial? Recordemos que podemos destruir nuestra vida con el pecado cuando decidimos desobedecer. ¡Aferrémonos a los caminos buenos de Dios! 

VIVE
1. ¿Qué nos enseña Números acerca de la importancia de la obediencia?

2. ¿Alguna vez has intentado acercarte a Dios obedeciéndolo a tu manera? ¿Cuál ha sido el resultado?

3. ¿Te has encontrado en algún momento en donde todos hacen algo que tú sabes que está mal y eres la única que decide obedecer? 

4. ¿Qué versículos pueden ser de ayuda para situaciones así? ¡Memorízalos!

LIDERA

5. Después de leer Números, ¿cómo puedes alentar o exhortar a alguna hermana en Cristo a obedecer y confiar en Dios, aun cuando no ve ni entiende lo que Dios está haciendo en su vida?

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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