Cerca de la ciudad de Tenancingo, en el Estado de México, se encuentra un parque conocido como el Desierto del Carmen. En realidad, el lugar es un bosque y alberga un convento en medio de las montañas. Esta zona está llena de árboles (a menos de que ya los hayan talado). La vegetación se compone mayormente de pinos y árboles de ocote. ¡La fragancia que despiden es riquísima! El aire es frescoy el viento corre libremente. Si te alejas de la carretera y el pueblo, te darás cuenta que es bastante silencioso. En verano, único sonido claro que oirás es el de la lluvia. 

El pastor de nuestra iglesia en Tenancingo visitaba el bosque cada viernes para pasar tiempo a solas con Dios, su padre. Alguna vez, durante esa época,predicó acerca de cómo encontrar tu “desierto”. Déjame explicarte. ¿Recuerdas que Jesús se apartaba para pasar tiempo con Dios? El resultado siempre era algo poderoso: la elección de sus discípulos, grandes milagros, sanidades, bellas enseñanzas, incluso su sacrificio en la cruz.  Todo esto ocurrió después de que Jesús se apartara para pasar tiempo a solas con el Señor.  

Piensa en la palabra “desierto” como algo simbólico. Generalmente, llamamos “desierto” a las etapas difíciles que vivimos. Cuando eso sucede, nos acercamos más a Dios y algo nuevo y hermoso surge después. Tal vez ahora estés viviendo una situación que parece no tener salida y no te queda otro remedio más que buscar al Señor. Él siempre nos acompaña en las adversidades, sin embargo, muchas veces nos cuesta trabajo escucharlo y sentirlo. A veces, estamos a la espera de un gran viento por parte de Él, pero Dios se quiere presentar en un susurro como lo hizo con Elías. 

Si ahora no estás pasando por un desierto, tal vez debas considerar buscarlo intencionalmente; apartarte de tu comodidad. Piensa en los hombres que hicieron grandes cosas para Dios. Tomemos por ejemplo a Abraham. Salió de su tierra, dejó a su familia y siguióel llamado y la promesa de Dios para su vida (Gn 12).  Recordemos a José, quien fue vendido por sus hermanos a una caravana de esclavos que viajaba por su ciudad y terminó viviendo en Egipto haciendo grandes cosas para Dios (Gn 37). ¿Qué tal Moisés? Huyó de Egipto al desierto, donde encontró la presencia de Dios en un arbusto ardiendo en llamas (Nn 32-33). Como último ejemplo, pensemos David, quien dejó a sus ovejas para ir a derrotar a un gigante. Después de muchas conquistas, fue perseguido por Saúl en el desierto hasta que Dios lo levantó como rey (1 S 23, 2 S 5). Cuando estos hombres decidieron confiar en Dios, su vida cambió radicalmente.  

Dios estuvo presente con ellos, hablándoles y sustentándolos. ¿Fue fácil vivir las situaciones a las que se enfrentaron? ¡Claro que no! Pero Dios obró grandemente en sus vidas. Ahora, mi pregunta es, ¿por qué esperar a que suceda un desierto en nuestras vidas para que algo grande ocurra después? Lo mejor sería que tuviéramos la disciplina de buscar nuestro desierto para pasar tiempo con Dios. ¡Imagínate todo lo que haría Él con nosotras y a los lugares que nos llevaría! Si tan sólo nos apartáramos para escucharlo, nuestra relación con el Señor y nuestra vida diaria sería muy diferente.

Hermana, entre más íntimo y personal sea tu tiempo con Dios, más grande será el resultado en tu vida. Tu actitud cambia. Puedo decirte con certeza que hay momentos en mi vida en los que soy una gran esposa y una gran mamá o una excelente profesionista. Pero esto sólo sucede cuando estoy pasando tiempo con Dios, dador de vida, fiel, detallista. Él es el que pone en mi corazón el deseo de invertir en mi familia, las palabras de sabiduría en mi boca, la creatividad para tomar cada día con gozo y llevar vida a mi hogar. En cambio, el resultado de dejar de pasar tiempo a solas con Dios ha sido lo opuesto: apatía en mi hogar y en mi trabajo, mala actitud hacia mis supervisores, darle pie al chisme o a la crítica, enojo hacia mi esposo, queja por el quehacer de la casa, desánimo en el ministerio, etc. 

Usemos la lógica por un momento. Si la mayoría de la gente no conoce a Dios, no lo sigue ni le interesa confiar en Él, ¿cómo vive el mundo? ¡Claro! Se rige por la indiferencia, la crítica, el odio y muchas cosas más. Estas conductas cotidianas crecen en intensidad porque vivimos en un mundo que está gobernado por el príncipe de las tinieblas, al grado que se convierten en violencia, crueldad, tiranía, depresión, muertes, suicidios, demencia y todo trastorno, sufrimiento y perturbación.

La respuesta se llama Cristo. Dios creador, Padre eterno, envió a su Hijo a morir por amor a este mundo perdido, sin esperar nada a cambio; sencillamente porque nos ama a ti y a mí. Dios nos espera con los brazos abiertos, listo para darnos una oportunidad más para acercarnos a Él y conocerlo más. Esto, hermana, no es algo de una vez, sino de todos los días. Cada mañana, puedes recordar la cruz, el sacrificio de Jesús y su poder al resucitar. Cada noche, puedes recordar que Él te creó y que no hay nadie mejor a quien puedas seguir. Dios es el científico más ingenioso y el artista más creativo. En Él encuentras todo. 

Te has de estar preguntando, ¿qué tiene que ver este tema con la justicia de Dios? Nunca conocerás la verdadera justicia si no buscas al Señor en intimidad. La justicia de Dios es exactamente esto: el Justo murió por los injustos, o sea, por ti y por mí. 

Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida. (1 P 3:18 NVI).

Puedes asistir cada domingo a la iglesia y escuchar al predicador, pero si no te apartas y buscas un tiempo íntimo con Dios, nunca conocerás realmente esa justicia, la cual está acompañada de la paz que sólo Él puede dar y que nadie puede explicar. Jamás entenderás lo que es el perdón verdadero y la justicia que Dios busca si no te acercas Él. Sólo el Señor tiene la capacidad de amar a tal extremo, que Él mismo pagó el castigo que merecíamos por nuestra injusticia al sacrificar a Jesús, y así restaurar nuestra relacióncon Él. Yo quiero aprender a amar así, y sólo Dios puede enseñarme a hacerlo. 

Si alguna vez escuchaste el Evangelio y comenzaste a vivir una vida cristiana como todos los demás en tu iglesia, seguramente ha habido momentos en los que has olvidado el mensaje de la cruz. Es mucho más sencillo vivir una vida por obras y no por gracia. El querer demostrar que podemos componer los daños que hacemos, que podemos pagarle a Dios lo que hizo por nosotras, no nos llevará a ningún lado, ¡olvídalo! Nunca podrás pagarle a Cristo lo que hizo por ti. No se puede. El único que puede reparar un daño es Dios, y Él es el único que puede restaurar una relación. El único que puede salvarte es Cristo. El único que puede sanar tu corazón, consolarte y guiarte es el Espíritu Santo: Dios trino. Él es el único. 

Dios dice y es. Dios hace y no hay quien deshaga, pero, ante todo, Él es bueno. No se trata de lo que tu hayas hecho bien o mal, ni de tus triunfos o fracasos. Se trata de Él y de su amor. El Señor ya sabía que ibas a fallar, y sabe que fallarás de nuevo. Incluso así,sigue amándote.

Acércate a la cruz. No encontrarás mayor amor ni mayor perdón. No hallarás en ninguna parte una segunda oportunidad que valga la pena tomar, sólo la que te ofrece Cristo. Él nunca te fallará. Jesús te ama y te espera con los brazos abiertos. Sólo tienes que acercarte a Él. Deja lo que te estorba, lo que te ata, lo que te absorbe, lo que te llena de culpa. ¿Qué te está robando la paz? ¿Qué es lo que inunda tu mente? ¿A qué te estás aferrando?  Entrégalo a la cruz. Cristo te puede ayudar a avanzar. Él es el único que te puede sacar de donde estás y poner en un lugar mejor. Dioses el único que merece toda la gloria. Ningún ser humano, ni con su mayor esfuerzo, podrá lograr lo que Jesús puede hacer por ti.

¿Sabes por qué comencé a escribir esta serie de artículos? Yo quería encontrar respuestas a las situaciones injustas que veía a mi alrededor. ¡Pero no hay respuestas! Por lo menos no las respuestas que yo buscaba. Vivimos en un mundo realmente injusto. Lo que sí encontré al estudiar acerca de la justicia de Dios fue a un dios maravilloso. Y aunque yo escribiera diez artículos más, no hallaría palabras suficientes en ninguna lengua para describir su belleza, su amor y lo increíble y asombroso que es. Acércate a Él. Dios es el único que puede hacer justicia. No será como tú la esperas, pero encontrarás consuelo y sanidad. Él es la respuesta. Busca tu desierto, abre tu corazón y encuentra paz. Él es el único justo en este mundo injusto. Acude a Él.

APRENDE

1. Lee Mateo 4:1-25 ¿A qué fue llevado Jesús al desierto?  ¿Qué pasó después de resistir las tentaciones (versículo 11)?  ¿Cuál fue el resultado de su salida al desierto (versículo 17-25)?

VIVE 

1. Reflexiona. ¿Qué lugar te puede servir como desierto, qué día de la semana y a qué hora? ¿Qué te impide hacerlo? Haz que esto se vuelva una rutina en tu vida y dedica un tiempo especialpara pasar tiempo con Dios. Si no tienes el hábito de hacerlo, comienza buscando un lugar y un horario para hacerlo todos los días. Puedes iniciar leyendo un versículo y orando unos minutos. 

2. Si estás pasando por un desierto, no tengas miedo de abrir tu corazón a Dios. Él te conoce y te creó con un propósito especial. Cualquiera que sea la situación por la que estés pasando, el Señor anhela ser tu refugio y consuelo. 

3. Escribe la diferencia de cómo es tu día a día cuando dedicas tiempo en tu relación con Dios y cuando no lo haces. Nota los cambios que hay en tu vida cuando estás cerca o lejos de Él. 

LIDERA

1. Reúnete con un grupo de hermanas y amigas y compartan cómo han vivido la justicia de Dios frente a las injusticias del mundo. 

2. Explícale a una hermana o amiga que esté pasando por un desierto, que Dios quiere hablarle y darle un gran regalo incluso en medio de las dificultades.

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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