El mundo ha decidido que tu vida te pertenece y que puedas hacer de ella lo que te plazca. ¿Quieres tener éxito? ¡Ve y búscalo! ¿Te gustaría disfrutar de los placeres sexuales? ¡No hay problema! ¿Buscas tener el cuerpo perfecto? ¡Haz lo que sea necesario para conseguirlo! Sin importar la situación, el mundo te permitirá alcanzar lo que desees. La Biblia, por el contrario, nos dice que le pertenecemos a Dios (Ro 14:8), y que esto es lo que le da esperanza y propósito a nuestra vida. Solo cuando fijamos nuestra mirada en Él, obtenemos la paz y el gozo que nos ha prometido. A lo largo de este recorrido por la carta a Filemón, veremos de qué manera el Señor nos moldea a través del perdón. ¡Comencemos!

Esta carta fue escrita por Pablo y dedicada a Filemón, un amigo y hermano en Cristo, con el objetivo de guiarlo y aconsejarlo en un problema que podría afectar a la iglesia a la que asistía, la de Colosenses (Flm 1, 2; Col 4:17). Filemón era un hombre rico. Su casa era tan grande que la iglesia se reunía ahí. En una ocasión, tuvo un conflicto con Onésimo, uno de sus esclavos, y este huyó. De una forma u otra, Onésimo conoció a Pablo y aceptó a Cristo como Señor y Salvador (Flm 10, 11-13, Col 4: 7-9). El apóstol se dio cuenta que lo que había sucedido tenía potencial de dividir a la iglesia, pero también de abrir una ventana para ver la gracia que Jesús tiene para la humanidad.

La carta inicia con un agradecimiento por el amor y la fe que Filemón demostraba hacia Dios y hacia los creyentes en Cristo (Flm 4-5). Pablo continuó haciendo un recordatorio de que seguir a Cristo implica tener comunión (Flm 6). La clave en esta parte de la carta es la palabra “comunión”, en griego koinonia, la cual abarca el significado de asociarse, compartir y hacer coalición. Tanto Pablo como Filemón habían recibido la gracia de Dios a través de Jesús, por lo que su propósito era asociarse y compartir esta gracia con otros, sin importar el costo.

Con esta gran definición de lo que significa compartir a través de la gracia de Cristo, Pablo apeló a Filemón en nombre de Onésimo. Para que Filemón comprendiera la situación, le presentó a Onésimo no como su esclavo, sino como un hermano adoptado en la familia de Dios (Flm 10). Tal vez suene fácil hacerlo, pero lo que Pablo le pidió a Filemón fue muy escandaloso. Como Onésimo había huido, su amo podía castigarlo legalmente e incluso matarlo. La mayoría de la gente en Roma lo hubiera hecho. Pero Pablo, apelando a la gracia que se les había extendido a través de la sangre Cristo, le pidió que, además de perdonarlo, lo recibiera como un hermano (Flm 16, 17).

Hasta este punto de la historia todo había sido muy impactante, y como si no hubiera sido suficiente, Pablo continuó mostrando el significado de la reconciliación en Cristo a través de la siguiente oración: “Y si te ha perjudicado en alguna forma, o te debe algo, cárgalo a mi cuenta”. (Fil 18). Pablo estaba dispuesto a reconciliar a Filemón con Onésimo pagando de su propio bolsillo. Hermana, esto es básicamente lo que Jesús hizo por nosotras en la cruz (2 Co 5:18-20). Si en esta gracia compartida Filemón perdonaba a Onésimo, se formaría otra imagen de Cristo, porque lo que Filemón estaría perdonando no sería nada comparado con lo que Jesús le perdonó a él (Mt 18: 21-35).

Pablo cerró la carta con la confianza que tenía en la gracia compartida, en la coalición de Filemón en el Evangelio (Flm 21). Al final, solamente agregó un par de peticiones personales y envió saludos.

Hermana, ¿qué podemos aprender de esta breve carta? Para comenzar, que nuestra vida le pertenece a Dios (Ro 14:8). Nuestra meta como seguidoras de Jesús no debe ser buscar nuestra comodidad ni la venganza cuando somos agraviadas. Debemos recordar que, debido a Cristo, el propósito de nuestra vida va mucho más allá de lo temporal. Es necesario que entendemos que no podemos desgastarnos buscando exclusivamente nuestro bienestar. La mejor manera de glorificar a Dios es con nuestras propias acciones. Perdonar lo imperdonable y ser generosas son actos que hacen la diferencia. Cuando enfrentamos los desafíos con fe y esperanza, escandalizamos a aquellos que no conocen de Cristo. Vivir en obediencia a la Palabra de Dios es la forma más amorosa de glorificarlo.

VIVE

  1. ¿Tu vida está reflejando a Cristo y escandalizando al mundo por tu obediencia a Dios? Si no lo está haciendo, ¿orarás para que tu fidelidad y obediencia lo glorifiquen, compartan la gracia y te llenen de gozo?

LIDERA

  1. Viaja al pasado y piensa si hay alguien con quien necesites reconciliarte por haberlo dañado antes de ser cristiana. Si se te vino a la mente el nombre de una persona, no lo pienses más y búscala para pedirle perdón.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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