Un conocido nos contó a mi esposo y a mí cómo era su vida antes de convertirse en un seguidor de Cristo. Solía trabajar para una mafia y su función consistía en asegurarse de la autenticidad de los diamantes que utilizaban para hacer pagos. Para cerciorarse de que su trabajo fuera eficiente, lo enviaron a diversos cursos de capacitación especializados, en donde aprendió todo sobre estas piedras preciosas. Al principio imaginé que había estudiado cada aspecto de las piedras que son imitación, pero estaba equivocada. Mi amigo había aprendido cada característica de los diamantes reales. Conocía el peso, la composición, el reflejo de la luz, la porosidad, el color y muchas cosas más. Le llevó años poder reconocer diamantes falsos con solo una mirada, pero fue gracias a que sabía con precisión cómo eran los reales que pudo lograrlo.

Esta historia se me vino a la mente al comenzar a escribir este estudio porque tiene mucha relación con el mensaje del libro de 2 Pedro. Día con día, en el mundo se predican falsos evangelios creados por el hombre, es por esto que es de suma importancia saberlos detectar inmediatamente. La única manera de lograrlo es conociendo el verdadero. En esta carta, Pedro nos recuerda la importancia de pasar tiempo con Dios cuando buscamos estar firmemente establecidas en el Señor. ¡Nuestra vida depende de eso!

En esta segunda carta volvemos a encontrar a Pedro en Roma, pero ahora, a punto de morir (2 P 1:14). El Señor le reveló que su tiempo era corto, y él sintió la urgencia de escribirles a aquellos que habían obtenido una fe preciosa por la justicia de Dios (2 P 1:1). Aunque la carta fue dirigida específicamente a los mismos cristianos perseguidos que vimos en el libro anterior (2 P 3: 1, 2:11), la enseñanza es aplicable para los cristianos de cualquier tiempo.

Así como vimos a Pablo en 2 Timoteo, ahora encontramos a Pedro en una profunda dependencia de Dios, y en un amor real y apasionado por el cuerpo de Cristo. Aun sabiendo que estaba a punto de ser asesinado por Nerón, quien estaba loco, su preocupación no era su vida, sino la iglesia. ¿Cómo permanecerían los cristianos establecidos en la verdad habiendo tantas falsas enseñanzas que los confundían? Pedro dedicó sus últimas palabras, llenas de convicción y urgencia, para responder esa pregunta, exponiendo la realidad de la eternidad (2 P 1:12-15).

Para iniciar, el apóstol se encargó de recordarles los sorprendentes regalos que habían adquirido a través de la fe en Cristo. Cuando Jesús fue crucificado y ellos lo aceptaron como su Señor y Salvador, Dios les concedió todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad; les dio sus preciosas y grandes promesas para que pudieran ser partícipes de la naturaleza divina mientras escapaban de la corrupción de este mundo (2 P 1:3-4). Te invito a leer y releer estos pasajes porque son absolutamente increíbles. Dios les dio (y nos dio, recuerda que también está dirigida a nosotras) todas sus buenas promesas. Sabemos que Dios no puede mentir, y que todo lo que ha prometido se ha cumplido. ¡Así que cada promesa que Él ha declarado en su Palabra para su pueblo nos ha sido dada! Para conocerlas, tienes que leer la Biblia. Dios no nos ha prometido salud, riqueza o prosperidad en todo tiempo. Tampoco ganarnos la lotería o una nueva casa. En cambio, nos prometió algo que es todavía mejor: ¡a Él mismo!

La pregunta del millón es: ¿cómo obtenemos esas promesas? Todas y cada una de ellas las tenemos en Jesús. Esto significa que, conforme le añadimos acción a nuestra fe de una manera diligente, aseguramos nuestro llamado y elección (2 P 1: 5-10). Debido a que hemos obtenido la salvación por la fe en Cristo, podemos actuar en esa misma fe y crecer en santidad, comportándonos como hijos adoptados por el Rey y no como hijos del mundo. Cuando formamos parte de su familia, reflejamos su naturaleza y que somos suyos, no para que nuestras acciones nos salven, sino porque hemos sido salvas. A todo este proceso lo conocemos como santificación, que es llegar a ser como Cristo o parecernos cada vez más a Él. Se lleva a cabo por medio de la constante obediencia a Cristo, así que dura toda la vida.

Pedro nos desafía a seguir creciendo en Cristo mientras permanecemos firmemente establecidas en la verdad. La Biblia recibirá muchos ataques, la gente querrá cambiar lo que dice e interpretarlo a su conveniencia, pero debemos mantenernos en la autoridad de la Palabra de Dios. Este principio es conocido en los círculos reformados como Sola scriptura o como Escritura, y reconoce a la Biblia como nuestra única y máxima autoridad (2 P 1: 16-21).

Más adelante, el apóstol expuso a los falsos maestros de su tiempo. Estos hombres eran quienes proclamaban falsas enseñanzas y quienes conducían a muchos a la destrucción. Buscaban dinero y sexo pensando que no enfrentarían el juicio de Dios. Al igual que Israel, confundieron la paciencia de Dios con licencia para vivir en libertinaje. Pensaban que no serían juzgados, por lo que seguían pecando creyendo que no habría consecuencias (2 P 3: 1-4). Sin embargo, Pedro les hizo ver que Dios actuaría. El Señor también ha cumplido sus promesas de juicio. Por ejemplo, el juicio de los ángeles que se rebelaron en contra de Dios, el diluvio en el tiempo de Noé (Gn 6-8), Sodoma y Gomorra, las ciudades que fueron juzgadas con azufre y fuego (Gn 19). La rebelión contra Dios, aunque aparentemente retrasada, dará como resultado el juicio divino. La salvación del Padre y su paciencia no son un permiso para vivir una vida de libertinaje, sino una vida de perseverancia y obediencia a Él. La Biblia dice que desobedecer a Dios como cristiana es como el perro que vuelve a su propio vómito, o el cerdo que vuelve al barro después de haber sido limpiado (2 P 2: 4-22).

Los falsos maestros también se burlaban de la segunda venida de Cristo. Al no sentirla cerca, creyeron que nunca sucedería. Dios dijo: “Vengo pronto” (Ap 3:11). Y ahí estaban, más de 30 años después y Él no había regresado, por lo tanto, decidieron vivir como si nunca fueran a darle cuentas (2 P 3:4). Pedro les dijo que miraran a su alrededor. Dios creó todo con su palabra, y con ella también ha guardado un tiempo para el juicio. Además, la comprensión del tiempo por parte de Dios no es como la nuestra.

Finalmente, Pedro nos enseña a no tener una falsa confianza en que podemos seguir pecando por la aparente demora de Dios. 2 Pedro 3:9-10 dice lo siguiente: “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas.”. Dios, que conoce todo y que todo lo ve, en el tiempo señalado, traerá su juicio.

Hermana, al mantenernos en la verdad de la Palabra y al vivir una vida acorde a los mandatos de Dios, cuidemos de no dejarnos llevar por falsas enseñanzas que nos hagan perder estabilidad, sino, crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo. (2 P 3: 14-18). Con esas palabras termina esta carta.

¿Cuál es la enseñanza de este libro? Bueno, querida hermana, debemos entender que para estar completamente equipadas para detectar las falsas enseñanzas es necesario que estudiemos a profundidad la Biblia. La lectura de las Escrituras no es algo que tenemos que hacer, sino algo que tenemos el privilegio de hacer, y lo hacemos porque sabemos que esta no es una palabra vacía para nosotras, sino nuestra vida misma (Dt 32:47).

VIVE

  1. Decimos que no tenemos tiempo, sin embargo, pasamos en promedio 8 horas viendo el celular. ¿Dedicas un momento real para leer tu Biblia o estás siendo arrastrada por lo que puede parecer real pero que es falso?
  2. ¿Qué consejos da Pedro en esta carta para poder estar firmemente arraigadas en Cristo? ¿Cómo vas a implementar estas disciplinas espirituales en tu vida? (Lee 2 Pedro 1:5-7)
  3. ¿Cómo puedes enfocar tu vida a las promesas de la eternidad a fin de tener la perspectiva correcta?

LIDERA

  1. Usando versículos de 2 Pedro, anima a una hermana a perseverar y a obtener esperanza en las promesas que Cristo tiene para nosotras cuando vuelva.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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