¿Alguna vez te has enterado de alguna noticia tan grave, injusta y cruel que te quedas sin palabras? A veces, el quebranto es tan grande que solo podemos decir un “¡¿hasta cuándo, oh Dios?!”. Piénsalo bien. Nos lo hemos preguntado muchas veces. “¿Hasta cuándo permitirás que los bebés sean abortados y asesinados?” “¿Hasta cuándo, oh Dios, permitirás que el cáncer se lleve a mis seres queridos?” “¿Por cuánto tiempo más permitirás que gobierne gente corrupta?”“¿Cuándo, oh Señor, los niños y niñas dejarán de ser traficados para explotación sexual?” “¿Llegará el día, oh Dios, en que dejemos de sufrir?” El libro de Habacuc es un grito de desesperación. La frustración de ver a los gobernadores y autoridades oprimir a los pobres, violentar a los extranjeros y aprovecharse de las viudas y de los huérfanos llevó a Habacuc a arrodillarse ante el único que podía entenderlo y darle consuelo: Dios.  

Habacuc también fue un profeta, sin embargo, la forma en que Dios le reveló lo que estaba por acontecer fue completamente diferente a la de los demás. Habacucse acercó directamente al Señor en oración y fue ahí donde Él le habló.  Este libro es un íntimo intercambio de palabras entre Habacuc, un hombre que amaba y confiaba en Dios lo suficiente como para derramar su corazón ante Él, y Dios, un padre amoroso dispuesto a escuchar a su hijo.  La oración real y sin tapujos de un corazón dolido, confundido y lleno de ira contra el mal obtuvo una hermosa respuesta de esperanza. ¡Conozcámosla! 

Habacuc vivió en el Reino del Sur décadas antes de que fuera invadido por Babilonia. En el capítulo uno podemos ver que Habacuc estaba destrozado por el nivel de maldad y corrupción que se practicaba día a día en su tierra. En sufrimiento y con un poco de enojo, se acercó a Dios para preguntarle por qué no había hecho nada frente a la decadencia moral. Esta oración parece una grave acusación, sin embargo, hermana, nos muestra el diálogo de una verdadera relación personal con Dios. Habacuc sabía que podía abrir su corazón con Él y tener una plática real. Dios le respondió diciendo que usaría al pueblo de Babilonia para poner fin a todo el mal de Israel.  La respuesta no fue lo que esperaba; en su mente era inaudito. ¿Cómo se supone que una nación mucho más depravada destruiría la maldad? Dios le respondió diciendo que, aunque usaría a los babilonios, no quedarían sin castigo. Eventualmente, todo mal sería juzgado, pero aquellos que permanecieran en la fe, vivirían (Hab 2:4b). 

Dios le mostró a Habacuc los cinco males específicos que juzgaría: 1. Sed de poder. La clase dominante quería control a toda costa.  Saqueaba y abusaba de otros, principalmente de los pobres (Hab 2:6). 2. Avaricia. Personas construyeron sus reinos y se engañaron creyendo que ya estaban protegidos (Hab 2:9).3. Abuso de poder. Muchos oprimieron al pobre, obraron con maldad contra la viuda y el huérfano, para que, al mantenerlos esclavizados, en miedo y sin poder, pudieran seguir controlándolos y gobernando (Hab 2:12). 4. Borrachera y lujuria. Los ricos gobernantes festejaban bebiendo en fiestas exuberantes a expensas de la violencia con las que las patrocinaban (Hab 2:15).5. Idolatría. La gente había creado ídolos y dioses para aprobar su inmoralidad. Estas imágenes no eran otra cosa más que espejos de su egolatría (Hab 2:8). 

Si te das cuenta, todos los imperios de la historia del mundo han utilizado los mismos medios y prácticas para gobernar. Dios no solo se refiere al futuro de Judá, también al de las demás naciones de toda la Tierra que tenían el mismo estilo de vida. Habacuc le pidió a Dios que actuara y castigara el mal. Dios le respondió manifestándose en el juicio con truenos y terremotos, al igual que en Miqueas, Nahúm y Éxodo. 

Más adelante, en Habacuc 3:8-10, Dios muestra que,tal como sucedió en Éxodo 14:21-29, separaría las aguas y salvaría a su remanente, es decir, a aquellos que se mantuvieran justos por la fe (Hab 2:4b). Cuando Dios juzgara, abriría un camino para que su pueblo fuera salvo (Hab 3:13); ese camino es Cristo. 

De acuerdo a los cinco juicios que Dios enumeró, todas merecemos ser destruidas, ya que los ídolos que ocupan el trono de nuestro corazón nos llevan a actuar de una manera violenta contra nuestro prójimo.Por ídolo me refiero a las finanzas, comodidad, salud, trabajo, matrimonio, a la licencia que te has otorgado para tener relaciones sexuales con quien sea, a los excesos y muchas cosas más. Todo lo que sea más importante que Dios, sea percibido como bueno o malo por la sociedad, es un ídolo.  Por violencia me refiero a la falta de generosidad, pues creemos que no tenemos suficiente para dar a los demás. Y, hermana, déjame ser clara, no hablo solo de dinero. Contestamos de forma rápida y severa o dejamos de hacer cosas buenas porque no se acoplan a nuestros intereses ni a nuestros horarios. Preferimos obtener un estatus más alto en el trabajo o incluso en el ministerio y dejamos a nuestra familia en segundo plano. Entendiéndolo así, todas somos culpables de una u otra manera.  Pero Dios, en su increíble misericordia, castigó todos los pecados del mundo en Cristo. Ahora, somos salvas cuando por fe creemos en Él. El pueblo de Dios no enfrentará juicio porque ha encontrado protección y perdón en Jesús. 

En esta fe, Habacuc se puso de pie y terminó el encuentro con Dios alabándolo y lleno de esperanza. Tuvo paz entendiendo que, incluso cuando hay maldad e injusticia, dolor y lágrimas, Dios haría lo prometido. Como Él, te invito a que elijas esperar en el Señor. Dios responderá tu “¿hasta cuándo, oh Dios?” con un “¡No más!”. 

VIVE

1. ¿Qué situaciones te llevan a hincarte y a preguntarle a Dios hasta cuándo?

2. ¿Cuáles son las cosas (ídolos) en tu vida que te llevan a ser violenta con otros? 

3. ¿Qué te permite Habacuc entender acerca de Cristo?

4. ¿Te arrepentirás por esos ídolos que has dejado meterse en tu vida?

LIDERA

1. ¿Cómo puedes explicarle a alguien obsesionado con algo que eso no lo llenará y que está perpetuando un círculo de injusticia y violencia?

2. De acuerdo a este libro, ¿cómo le explicarías a un amigo que no conoce de Cristo que su vida está llena de pecado y necesita la salvación de Jesús?

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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