Los que hemos sido cristianos por muchos años tenemos un problema en común: entre más estudiamos la Biblia, más olvidamos las verdades sencillas. Es cierto que Dios nos ama profundamente. Sabemos que su amor es tan grande que no lo podemos comprender (Ef 3). No tenemos duda de que nada nos puede separar de Él (Ro 8). Aunque tenemos certeza de esto, en ocasiones, nos comportamos con cierta frialdad: “¡Claro que Dios me ama! No podría no amarme porque Él es amor”. Entonces, hermana, ¿qué sientes cuando alguien te dice “Dios te ama”? ¿Realmente lo crees? Tal vez este enunciado ya no provoque en ti lo que causaba cuando comenzaste a caminar con Dios. Puede ser que ni siquiera sientas que le caes bien a Dios. Pero déjame decirte algo, el amor de Dios hacia ti no ha cambiado, ¡y claro que le caes bien! 

Retrocedamos un paso. ¿Has meditado en el hecho de que Dios te acepta? Este concepto es un poco distinto al anterior. Veamos un ejemplo sencillo para que comiences a pensar y a vivir esta verdad. Supongamos que hay una asociación de gran renombre en tu ciudad a la que te gustaría pertenecer. Has hecho de todo para ganar la aprobación de los miembros y ser aceptada. Aunque son amables contigo, nada parece impresionarlos. Además, no encuentras la manera de obtener la membresía o de formar parte. Entonces, el presidente de la asociación, un hombre mayor, elegante y serio, te dice: “Si de verdad quieres pertenecer a este grupo no tienes que hacer nada. Deja de esforzarte tanto. Mi hijo tiene todo resuelto y tu membresía ya está pagada. Sólo ven. Me gustaría que me conozcas un poco. Salgamos a comer juntos”. 

Salen un par de veces y platican por horas. Lo comienzas a conocer y te das cuenta de que ¡es encantador! El tiempo que pasan juntos siempre es interesante y ameno. Finalmente, llega el día en el que entrarás a la asociación. El lugar tiene unos jardines preciosos. Al llegar, notas que no conoces a nadie. Decidiste usar tu mejor atuendo porque quieres encajar a como dé lugar. Todos te miran, te sonríen y son amables, pero tú sigues sin sentirte cómoda. A lo lejos, ves al presidente saludarte y te hace señas para que te acerques. De repente, la tensión y el nerviosismo desaparecen, pues ustedes ya llevan un par de semanas platicando y han comenzado una amistad. Hasta te sientes importante.

La aceptación de la cual habla la Biblia es algo similar. Significa vivir con la certeza de que puedes acercarte confiadamente a platicar con Dios porque a Él le da gusto pasar tiempo contigo. Olvida por un momento la situación que te rodea, ¡le caes bien a Dios! ¡Eres parte de su grupo de amigos! A Él le encanta contarte su historia y le gusta que tú le platiques tus anécdotas. Dios se ríe y llora contigo. Disfruta cuando pausas tus actividades diarias para hablarle, aunque sea algo breve. El Señor anhela que le cuentes cómo te sientes, que le platiques tus frustraciones, que le preguntes cosas y que esperes su respuesta. ¡Así es Dios! 

Mi corazón te ha oído decir: “Ven y conversa conmigo”. Y mi corazón responde: “Aquí vengo, Señor”. No me des la espalda; no rechaces a tu siervo con enojo. Tú siempre has sido mi ayudador. No me dejes ahora; no me abandones, ¡oh Dios de mi salvación! Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me mantendrá cerca. (Sal 27:8-10 NTV).

¿Qué te parece si agregamos un poco de drama a la historia? Resulta que tienes un pasado inapropiado y lo más prudente sería que nadie se enterara de lo que hacías ni de cómo actuabas, pues tu reputación podría dañar la imagen del grupo. De pronto, te enteras de que el presidente lo sabe todo. No hay secreto que no conozca ni detalle que lo alarme, pues él decidió aceptarte desde mucho antes de que cometieras cualquier error, y te ha estado observando. Sin importar tu pasado, ¡decide hacerte parte de su familia legalmente y compartir su herencia contigo! Ya no sólo serás miembro de la asociación, ¡sino una de las dueñas!

Y ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice al miedo. En cambio, recibieron el Espíritu de Dios cuando él los adoptó como sus propios hijos. Ahora lo llamamos “Abba, Padre”.Pues su Espíritu se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios. Así que como somos sus hijos, también somos sus herederos. De hecho, somos herederos junto con Cristo de la gloria de Dios; pero si vamos a participar de su gloria, también debemos participar de su sufrimiento. (Ro 8:15-17 NTV).

Al conocer y caminar en esta aceptación, los muros que protegen nuestro corazón comienzan a caer. Cuando entendemos que somos aceptadas tal y como somos sin necesidad de pretender ni aparentar nada, surge la pregunta: ¿puedo ser genuina con otros?, ¿puedo atreverme a ser tierna de nuevo? La ternura despierta cuando tenemos seguridad en que somos completamente aceptadas y amadas. Es en esta aceptación que nos podemos recostar sobre el pecho de Jesús de la misma forma en la que lo hizo Juan.¿Alguna vez has puesto atención en el momento en el que lo hizo? Leamos esta porción de las Escrituras. Te sorprenderás de lo sencillo y transparente que era Juan. 

Encontramos esta escena durante la última cena, cuando Jesús declaró que alguien lo traicionaría. Agregaré el nombre [JUAN] así para que entiendas mejor lo que sucedió.

Dicho esto, Jesús se angustió profundamente y declaró: —Ciertamente les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a cuál de ellos se refería. Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba [JUAN], estaba a su lado. Simón Pedro le hizo señas a ese discípulo y le dijo: —Pregúntale a quién se refiere. —Señor, ¿quién es? —preguntó él [JUAN], reclinándose sobre Jesús. —Aquel a quien yo le dé este pedazo de pan que voy a mojar en el plato —le contestó Jesús. Acto seguido, mojó el pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. (Jn 13:21-26 NVI). 

En diferentes ocasiones, la Biblia se refiere a Juan como “el discípulo a quien Jesús amaba”. Incluso Juan, el escritor del libro que lleva su nombre, se describió a sí mismo de esta manera. ¡Juan sabía que era amado y aceptado! Es más, tenía tanta confianza con Jesús, queal hablar de un tema tan serio y triste como la traición, se recostó sobre su pecho y le preguntó cándidamentequién sería el traidor. ¿Por qué no hizo Pedro lapregunta? Él fue el que quería conocer la respuesta. Tal vez quien debió haberle preguntado era Mateo, quien conocía bien la definición de traición, siendo popular por haber traicionado a su gente cobrando impuestos para Roma. Supongo que todos los discípulos tenían dudas y culpa, barreras que les impedían sentirse en confianza para acercarse a Jesús con las preguntas más simples y obvias, pero Juan no. Juan era el más joven de los discípulos y Jesús se deleitaba con su presencia.Incluso dejó que se acomodara sobre Él durante la cena. Puedo imaginar a Jesús diciéndole: “Recárgate en mí. Todo está bien. Sé tú mismo y pregúntame lo que quieras”. 

Mira lo que dice el autor Brennan Manning: “Cuando permito que cualquier otra cosa además de la ternura y la compasión dicte mi respuesta a la vida: el enojo santurrón, la actitud defensiva moralizadora, la necesidad de cambiar a otros, la crítica, la frustración, la superioridad y la vindicación, me aparto de mi yo verdadero. Mi identidad como hijo de Abba se vuelve ambigua, tentativa y confusa”.

El mundo nos enseña a formar barreras, a dejar que nuestro corazón se enfríe y endurezca. Así, cuando alguna situación se nos presente, ya sea rechazo, enfermedad, separación y hasta la muerte de un ser querido, será menos dolorosa porque tenemos un caparazón que nos protege. Pero Jesús ama la ternura y la autenticidad. Tal vez, al vivir bajo la identidad de hijas del Rey, nos acercamos nuevamente a la ternura que algún día conocimos en la niñez. 

Juan es el único autor de los evangelios que nos da una perspectiva distinta de la vida de Jesús al relatar momentos íntimos entre Él y sus discípulos. Por ejemplo, el encuentro de Pedro y Jesús descrito en Juan 21, el cual estudiaremos más adelante. En el libro de Juan encontrarás las frases “Yo soy” que declaróJesús. Este apóstol también escribió tres cartas, y en ellas encontramos el famoso versículo que dice que Dios es amor (1 Jn 4:8b). Este pasaje continúa hablando del amor de Dios. Juan 4: 17-18 (NVI) dice: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos porque Él nos amó primero”. 

El amor nace de Dios, y Juan lo sabía muy bien desde pequeño. Juan tuvo tal vulnerabilidad que creyó todo, al punto de ser capaz de escribir el libro de Apocalipsis. Una persona ordinaria no se hubiera atrevido a creer y a escribir el mensaje de Dios sobre el fin de los tiempos.Sólo alguien dispuesto a descansar completamente en Dios y en su plan, alguien dispuesto a reclinarse sobre su pecho y creerle totalmente, pudo aceptar y entender la visión de este libro. ¿Podemos tú y yo caminar como mujeres aceptadas, así como lo hizo Juan? Primero,créelo: eres aceptada tal y como eres. No tienes que fingir, no tienes que esforzarte. Puedes recargarte en el pecho de Jesús y confiar en Él. Eres su hija, su amiga y parte de su grupo de confianza. 

APRENDE

• Lee Juan 13:21-30 y Juan 21:20-24. En ambas porciones, Juan se describe a sí mismo como “el discípulo amado por Jesús”.

1. ¿Cómo muestra Juan una confianza completa en Jesús? ¿De qué forma demuestra su ternura? 

VIVE

• Lee Juan 19:25-27. Este pasaje enseña la obediencia de Juan, la cual surge del amor que le tenía a Dios y del que recibía de Él. 

1. ¿Qué hizo Juan por Jesús? ¿Cómo lo obedeció?

2. ¿En qué áreas de tu vida has dejado de obedecer a Dios?

Lidera

• Lee 1 Juan 4:20 – 5:4. 1. ¿Cómo puedes ayudar a otras mujeres a entender que la obediencia es la manera en la que demostramos nuestro amor a Dios? 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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