Vivimos en un mundo totalmente confundido que dice que la verdad no puede ser absoluta, sino relativa. Esto significa que una parte de ella puede ser cierta y la otra subjetiva. Eso es una gran mentira. La verdad es total o no es verdad. Los argumentos del relativismo se caen en dos segundos. ¡Vaya!, no importa cuán relativista seas, si estuvieras construyendo tu casa, buscarías un arquitecto que usara ecuaciones matemáticas precisas. Imagínate que él no creyera en la ley de la gravedad, ¡tu casa se caería! No importa cuán a favor estés de la visión postmoderna, estoy segura de que no querrías que un médico te tratara de una enfermedad basándose en su propia verdad, sino en función de un diagnóstico objetivo y bien fundamentado. ¿Y qué hay de tu contador o banquero? Tampoco querrías un banquero que basara su trabajo en su propia verdad. La verdad importa; la verdad existe; y Dios es la Verdad.

La comunidad judía mesiánica del primer siglo estaba llena de falsos maestros que enseñaban doctrinas que no eran ciertas. Judas, entendiendo la urgencia, escribió esta carta exhortándoles a que se mantuvieran en la verdad de Cristo. La carta de Judas nos recuerda que debemos permanecer firmes en la Palabra porque, creamos o no, la Palabra de Dios es la verdad absoluta.  Veamos lo que Judas nos dice sobre las enseñanzas falsas y sobre cómo Dios nos ayudará a perseverar y nos guardará en su Verdad.

Esta última carta fue escrita por Judas, el siervo de Cristo y hermano de Santiago (Jud 1:1).  ¡Qué gran forma de comenzarla! Especialmente porque Judas es el medio hermano de Cristo. Sí, este Judas es uno de los 4 hermanos de Jesús mencionados en la Biblia (Jacob, José, Simón y Judas). Esta increíble actitud de humildad no fue un accidente. Cuando la verdad está en juego, uno no puede dejar que el centro de atención caiga sobre sí mismo, sino sobre Cristo. Eso fue lo que Judas hizo: puso a Cristo en el centro para llevar a la gente a la única esperanza verdadera, Jesús. La carta fue dirigida a “los llamados”, o sea, a cualquier cristiano que fue llamado por Cristo. Sin embargo, por el lenguaje usado, la cantidad de referencias del Antiguo Testamento y la literatura judía, podemos suponer que también fue destinada a los judíos mesiánicos de Palestina. Pese a los falsos maestros que se introdujeron a la iglesia (Jud 1:4), Judas escribió esta carta con el propósito de alentar a los creyentes a contender por la fe que fue entregada a los santos (Jud 1:3). Contender significa pelear, no obstante, Judas no habla de una pelea física, más bien espiritual. Habla de una constante lucha espiritual que conoce la Verdad, se para firme en ella, la obedece y la enseña en amor.

Los falsos maestros entraron a la iglesia fingiendo seguir a Cristo, pero su fruto demostraba lo contrario. No es lo que dices sino lo que haces lo que prueba tu lealtad a Cristo. Puedes decir que sigues a Jesús cuantas veces quieras, pero si no estás obedeciendo lo que Él exige, te recomiendo leer el Evangelio de Lucas contando cuántas veces menciona “discípulo” y “obedecer”.  

Los falsos maestros pervertían la gracia de nuestro Dios diciendo que, debido a que Cristo nos perdonó, podían vivir una vida de pecado (Jud 4). Como vimos en la carta de Pablo a los romanos, esto no es verdad (Ro 6: 1). Cuando Jesús nos perdona, nos compra para no ser esclavas del pecado, sino siervas de su justicia. Somos liberadas del pecado para tener autonomía para obedecer a Cristo, por lo tanto, no pecamos habitualmente (aunque todavía pecamos), ahora obedecemos y cuando caemos nos arrepentimos. El pecado habitual prueba que no estás viviendo en la libertad que Cristo te ha dado. La vida de estos falsos maestros demostraba lo que creían, y como Judas dice, negaba a nuestro único Maestro y Señor, Jesucristo (Jud 1:4). La verdad con la que regimos nuestra vida basada en la Biblia importa. ¿Por qué? Porque sin importar cuánto pervirtamos la gracia y digamos cosas como “bueno, un Dios amoroso no puede juzgar a nadie”, “el amor es amor y siempre gana”, o “el infierno no existe”, si no conoces a Dios a través de lo que revela en su Palabra, vivirás en una completa mentira. Un mentira disfrazada de una hermosa verdad, pero que atraerá consecuencias devastadoras.

Judas nos da varios ejemplos del Antiguo Testamento para entender qué pasa cuando las personas crean a su propio dios de acuerdo a sus concupiscencias y dejan de creer en el Dios revelado en la Biblia. Para iniciar, nos encontramos con los israelitas, quienes fueron salvados del yugo de la esclavitud de Egipto por la gracia de Dios, pero que decidieron rebelarse en contra de Él y todo terminó en un fuerte castigo: murieron en el desierto sin entrar a la Tierra Prometida (Nm 14). Seguimos con los ángeles que no guardaron su posición de autoridad y eligieron la desobediencia. Ellos también fueron castigados y mantenidos en una prisión oscura hasta el día del juicio (Jud 1:6). También vemos a Sodoma y Gomorra, las ciudades que se entregaron a la inmoralidad sexual. Al igual que en nuestros días, afirmaban que el amor es amor y siempre gana. Recuerdas qué les sucedió, ¿verdad? Sufrieron el castigo del fuego eterno (Gn 19, Jud 1:7).Un ejemplo más es el que proviene de la literatura judía antigua en Judas 1:9. Apunta a lo mismo: la oposición hacia lo que Dios dice que es verdad, independientemente de lo que cada persona quiera creer, siempre resultará en juicio divino. “Estos, en cambio, maldicen todo lo que no entienden; y, como animales irracionales, lo que entienden por instinto es precisamente lo que los corrompe.” (Judas 1:10)

Pero ese no es todo el problema. La teología falsa es contagiosa. Hoy en día, en donde las redes sociales están de moda, compartimos lo que pensamos con el universo.  No investigamos, no oramos, no sabemos si es o no verdad, simplemente lo publicamos para que todos lo vean. Debido a que no leemos la Biblia, compartimos simples pensamientos y creemos cualquier cosa que nos parece verdadera. Nuestra falsa teología corrompe a los demás y a nosotros mismos. Cuando no creemos que Dios Es, y no creemos que somos lo que dice que somos, entonces no estamos enraizadas en la Verdad, de manera que hacemos lo que nos parece bien (Jue 21:25) y compartimos nuestra verdad individual con los demás. Si caminamos como Caín, arrastraremos a otros a seguirnos (Gn 4). Si caminamos como Balaam, atraeremos a las personas a la idolatría y a la inmoralidad sexual (Nm 22-25). Si caminamos como Coré, quien no sólo pecó, llevaremos a nuestra familia y gente que nos rodea a morir por nuestro egoísmo (Nm 16). No nos volvamos egoístas y dejemos de buscar atención para centrarnos en Jesús y compartir de su vida. Judas nos dice que para ellos, la oscuridad de las tinieblas está reservada para siempre (Jud 13). Después de ver todas estas experiencias, ¿qué debemos hacer?

Judas nos dice que estamos llamadas a perseverar.  Debemos edificarnos en nuestra más santa fe y orar en el Espíritu Santo. Debemos mantenernos en el amor de Dios esperando su misericordia que nos lleva a la vida eterna (Jud 1: 20-21). Nuestra fe comienza entendiendo que Dios es santo, que nosotras somos pecadoras, y que Jesús nos ha salvado a traves de vida, muerte y resurrección mediante la gracia y la fe. Necesitamos amar y leer la Biblia en oración para que el Espíritu Santo la ilumine y la lleve a nuestros corazones y mentes. Tenemos que perseverar en la obediencia que muestra que amamos a Cristo (Lc 8:21, Lc 11:28, 1 Jn 2: 5, etc.). En cuanto a la gente que nos rodea, debemos tener misericordia de aquellos que dudan, salvar a otros arrebatándolos del fuego, mostrarles la misericordia con temor, odiando, incluso, la ropa manchada por la carne (Jud 1: 22-23). Es importante que conozcamos la Verdad y nos enraicemos firmemente en ella, la obedezcamos y la enseñemos en amor. Ya sea que elijas creer o no, sólo la Verdad importa y ella permanecerá.

Hermana, Dios es quien puede impedirnos tropezar y presentarnos irreprensibles ante la presencia de su gloria con gran gozo (Jud 1: 24-25). Podemos y perseveraremos en Cristo por su gracia, porque Él ha prometido que lo hará en nosotras, esa es nuestra esperanza y nuestro gozo. Esta verdad es lo que nos impulsa a contender por nuestra fe.  

Querida hermana, espero que este libro de Judas te dé ánimo al entender que la Verdad importa. Protégete y protege a los que te rodean conociendo y permaneciendo en la Palabra de Dios. Que nuestro Dios y Salvador te persevere y te dé valentía para contender por la fe hoy.

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En su gracia #CautivadaEnSuGracia

 

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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