Pregunta: ¿Son salvados por Cristo todos los hombres que perecieron en Adán?
Respuesta: No todos, sino sólo aquellos que por la verdadera fe son incorporados en Él y aceptan sus beneficios.
Lee: a. Mateo 7:14; Mateo 22:14. – b. Marcos 16:16; Juan 1:12; 3:16, 18, 36; Isaías 53:11; Salmos 2:11; Romanos 11:20; Romanos 3:22; Hebreos 4:3; Hebreos 5:9, 10:39; Hebreos 11:6.

Cuando vivía en Beijing, conocí a muchos embajadores de diferentes países. Una de las cosas que más me llamaba la atención era su constante precaución con las cosas que decían. Entendían que, como representantes de su país, sus palabras eran entendidas como provenientes de su presidente y de su nación. Así que, automáticamente, cualquier mensaje o acción por parte de ellos, era imputado a su país y no hacia su persona.

El mismo concepto existe en la Biblia. La doctrina de la imputación es una que, bien entendida, nos permite comprender las implicaciones masivas de nuestro pecado en Adán y la magnificencia de nuestra salvación en Cristo. Esta doctrina está en el corazón de la Biblia. La pregunta 20 del Catecismo de Heidelberg nos da la oportunidad de profundizar en este tema para que podamos tener una mente renovada entendiendo mejor la salvación por fe en Cristo. ¡Vamos a estudiarla!  “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron… Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir.” (Romanos 5:12-14)

Adán, al igual que los embajadores de los que hablamos anteriormente, era un representante, un modelo, un presagio de aquel que vendría, es decir, de Jesús. Aunque similar, Adán no era como Jesús, pero sus logros funcionan de manera parecida. ¿A qué me refiero?

Adán, nuestro antepasado, fue el modelo a seguir para la humanidad. El plan era que, así como Adán, cada ser humano nacido después de él, cumpliera con el mismo propósito por el cual Adán fue creado: obediencia y adoración a Dios. Pero conocemos la historia y algo sucedió. Dios le dijo a Adán que no comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, Adán eligió desobedecer a Dios. Debido a que Adán era un modelo de aquel que vendría (hablaremos de esto en breve), cuando él pecó, todos pecamos. Su pecado fue imputado a todos los seres humanos nacidos a partir de ese momento. Cada uno de ellos merecería la muerte y condenación eterna.

Tal vez sientas que esto es súper injusto, pero, como me lo explicó un amigo, cada vez que pecas, simplemente confirmas que, en Adán, tú también pecaste. Pese a que únicamente tuvimos un representante al inicio, cuando él pecó, el pecado también se hizo nuestro en el momento en que nacimos; fue nuestra herencia.

Sin embargo, nuestro Dios es bondadoso y, en Adán, Él  también nos señaló una doble imputación que, por gracia a través de la fe,  obtendríamos en aquel que vendría. Así como el pecado de Adán nos es imputado por naturaleza, por el hecho de ser seres humanos, podemos, por fe, tener la justicia de Cristo imputada en nosotros.

 “Por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no sólo por él fue escrito que le fue contada, sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4:22-25)

En el pasado, al igual que en el presente, el perdón de los pecados fue hecho posible cuando aquel que es justo y verdadero pagó por ellos. Una vez que Él pagó el costo de nuestro pecado, necesitamos, por fe, recibir el don de gracia. Por la fe, la obediencia y la justicia de Jesús “nos es contada” como nuestra. Es decir, la justicia de Jesús es imputada o tratada como si fuera nuestra por nuestra fe en Cristo. No es lo que hacemos o cómo intentamos salvarnos a nosotros mismos, sino la fe en el hecho de que Jesús vivió la vida perfecta que no podemos vivir, murió la muerte que merecemos y, además, resucitó al tercer día en victoria sobre el pecado y la muerte. Esto es lo que nos da la salvación. Cuando tenemos fe en Cristo, Dios ve a Cristo en nosotras. Dios ve la perfecta obediencia y la justicia de Jesús  como si fueran nuestras. Sin embargo, y en oposición a la imputación automática y pecaminosa de Adán en nuestras vidas, la justicia de Cristo sólo es imputada por nuestra fe en Él. Sólo aquellos que creen en Cristo y ponen su fe en Él son incorporados a Cristo y aceptan todos sus beneficios. Cuando lo hacemos, el evangelio explota en nuestras vidas.

Hermana, ¡la doctrina de la imputación es gloriosa! ¡Pecadoras perdonadas, vestidas como justas gracias a Cristo! ¡Deberíamos arrodillarnos ante el maravilloso plan que Dios creó para nuestra salvación!

Las implicaciones de esta doctrina son masivas y, por tanto, quiero preguntarte hoy, ¿es Cristo tu justicia? ¿Es la vida perfecta, la muerte y la resurrección de Cristo en lo que depositas tu fe? ¿Estás pecando y sigues viviendo en Adán, o correrás a Cristo y por fe recibirás su justicia como tuya?
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¡Cautivada! #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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