Estudiemos un momento lo que Dios piensa acerca de la justicia. Te darás cuenta de que es muy diferente a lo que nos enseñan las telenovelas. Partiendo del código legal de Dios, o sea la Biblia, veamos lo que el Señor menciona acerca de la retribución y de lavenganza. Santiago 4:1-4 (NVI) dice:

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. Notienen, porque no piden. Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.

El mundo nos enseña que debemos desquitarnos, pelear por nuestros derechos, levantar la voz, defendernos y esforzarnos por ganar en todo. Esa filosofía está tan infiltrada en nuestra mente que se nos dificulta encontrar falla en ella. A muy temprana edad, nos enseñan a ponernos los guantes y a distinguir a nuestros verdaderos amigos, porque pronto podrían convertirse en nuestros rivales. Y si no sabemos defendernos, nuestros propios familiares nos reprenden con frases como: “¡no seas tonto!”, “¡defiéndete!”, “¡no te dejes!” 

Durante la infancia aprendemos a competir. Desde niños, cultivamos la idea de que los perdedores no son aceptados, por lo tanto, debemos pertenecer al equipo ganador. El problema con la competencia es que, para que exista un ganador, siempre habrá un perdedor. Sólo una persona o un equipo gana. El resto, ya sean cinco o veinte, se van a casa sintiéndose fracasados,con un sentimiento de envidia o vergüenza, y con las manos vacías. Pero si todos fueran ganadores,entonces nadie se esforzaría por obtener el premio. Algo está mal en la fórmula que nos enseña el mundo.

Retrocedamos un poco en el pasaje de la Biblia que acabamos de estudiar y vayamos al capítulo 3, versículos 13 al 18 (NVI): 

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Pero, si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Esa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.

Dios es un dios de paz, y eso nunca va a cambiar. Éles imparcial. Esto quiere decir que no se inclina hacia una sola parte, sino que ve los asuntos por completo. Conoce perfectamente bien a cada persona, incluyendo sus pensamientos e intenciones. Dios, además, es el juez justo; el único justo; el que todo lo ve y todo lo sabe. Él no creó la competencia, fue creada por el mundo. La competencia tiene mucho que ver con las rivalidades del corazón como la envidia y la presunción. ¿Cómo sería un enfrentamiento puro, pacífico, bondadoso, dócil, lleno de compasión y debuenos frutos, imparcial y sincero? Al tratar de imaginar a mis hijas jugando sóftbol en el cielo o a mi esposo jugando baloncesto, llego a la conclusión de que los deportes serán como un juego de niños divirtiéndose a más no poder. Nadie terminará con la sensación de fracaso o vergüenza. 

Según la ley de Moisés (Lev 24:19-21), cada persona que hiciera un daño recibiría como castigo el mismo daño que ocasionó. De esta manera, no quedaba uno más ofendido que el otro. Este tipo de sanción provocaba que las personas pensaran dos veces antes de cometer un crimen. Por ejemplo, si alguno pensara en robarse las gallinas de una granja, su castigo sería perder sus propias gallinas (después de regresar las que se robó), y al final se quedaría sin nada, por lo tanto, preferiría no robar nada.

En Mateo 5:38-42, Cristo nos enseña a ir más allá de lo que la ley dicta. Dios nos dice que, en lugar de castigar a quien nos hizo daño, lo amemos; nos llama a no darle la espalda, sino a darle lo que necesita. Este pasaje nos muestra que la justicia es mucho más relacional de lo que siempre hemos creído. La justicia no es blanco y negro; la justicia va de la mano del amor y el perdón. De manera que, en lugar de desear castigos y sanciones, debemos desear el bien; debemos bendecir y amar a quienes nos agreden. ¡Eso sí que es un reto! 

El mundo tiene leyes para guardar un orden. Dios estableció estas leyes mucho antes que el hombre. Cristo nos empuja a ir más allá de ese orden a través del amor. Hermana, recordemos que el Señor está interesado en nuestro corazón. Cuando tomamos represalias en contra de alguna persona, las más dañadas somos nosotras mismas. Al final, lo único que logramos es alimentar el odio. Sin embargo, cuando aprendemos a soltar ese enojo y decidimos amar a quien nos lastimó, nuestra vida es bendecida de forma inexplicable. La clave es desprendernos del egoísmo y comenzar a experimentar una probadita del cielo en la Tierra. Esto significa traer paz a un mundo lleno de guerra; amor a un mundo lleno de odio. 

Piensa en alguna ocasión en la que te desquitaste por un mal que te hicieron, aunque fuera verbalmente. Si tienes algo con qué escribir cerca de ti, anota una palabra clave que te recuerde la situación. Ahora, compara esa situación con alguna otra en la que decidiste no tomar represalias, sino que actuaste de manera amable y contraria a lo que todos hubieran pensado. También anota una palabra clave que te recuerde al segundo evento.  Medita en las consecuencias de ambas circunstancias, no sólo las de tu vida, sino en la vida de los que te rodean. ¿Qué diferencia encuentras en la reacción de los demás y en ti entre una ocasión y otra?

En 1 Corintios 6:4-8, el apóstol Pablo reprendió a los cristianos que llevaban cualquier caso ante un juez en lugar de arreglarlo en la iglesia. Reprendió el conflicto innecesario que crece porque no es tratado a tiempo y de forma sensata. Este tipo de justicia es la que está trastornada en nuestra mente. Estos pequeños conflictos y disputas son los que no deberíamos llevar ante autoridades. 

¿Le prestaste dinero a alguien y nunca te pagó? A mí también me sucedió. Es triste. Especialmente cuando estamos atravesando un problema económico. Pero, hermana, el dinero no lo es todo, y se recupera trabajando. ¿Te despidieron injustamente? Sí, ¡es terrible! Pero también podemos recuperarnos de esa pérdida. 

Qué bueno contar con un sistema legal al cual podemos acudir para llevar casos a la corte, pero este debe ser usado para luchar y meter tras las rejas a las personas que necesitan una consecuencia grave por sus actos; gente que no debe estar suelta dañando a inocentes. Para eso fue creado, no para acusar a nuestro vecino porque tumbó la reja de nuestra casa cuando llegó borracho a las 2 de la mañana. ¿Sabes qué debemos hacer ante una situación como esa? Prepararle una rica comida al día siguiente; una picosa para que despierte; y hablarle del dios de paz. Tal vez nos escuche, tal vez no. Es probable que no pague los daños, sin embargo, mantendríamos la paz. Tenemos la opción de ser luz en nuestro vecindario haciendo el ambiente más ameno.

Mira lo que dice un libro de leyes: 

A los abogados y a los jueces no les gustan las disputas entre vecinos porque son destructivas, continuas y congestionan las cortes que ya están llenas. La experiencia ha mostrado que, aún después de que la corte pronuncie a favor de una de las partes, los vecinos encontrarán algo distinto de qué pelear.

Entonces, ¿dejaremos que abusen de nosotras? Aclaremos la diferencia entre ser pacíficos y ser justos. Jesús habló de ambas cosas al mismo tiempo en elsermón del monte. Mateo 5:3-10 (NTV) dice así: 

Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece.
Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados.

Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.
Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión.
Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios.
Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.

¿Logras ver cómo el mensaje se intensifica de inicio a fin?  Primero habla de los pobres en espíritu; de la gente maltratada que no sabe cómo defenderse. Continúa refiriéndose a los que lloran, luego a los humildes. Después, el tono sube y menciona a los compasivos y de corazón limpio. Para finalizar, con un tono todavía más intenso, nombra a las personas que trabajan por alcanzar la paz y por las que son perseguidas a causa de la justicia. 

La paz y la justicia no están peleadas, sino que van de la mano. Dios ama la justicia. ¿Sientes que no tienes voz, que eres pobre en espíritu? ¡El Señor te promete el reino de los cielos entero! ¿Sientes que se te secaron los ojos de tanto llorar? ¡Dios es tu consolador! Él te recompensará por tu humildad, por tu corazón limpio y por tu compasión. Pero el Señor también quiere que te levantes y luches por la paz; que defiendas a los que no tienen voz y no se pueden defender a sí mismos. Sí, esto implica dificultad y, probablemente, que seas perseguido. 

Es importante que recordemos que Dios nos ama y que conoce nuestro dolor. Él sabe las consecuencias que recibimos por nuestros actos. Conoce lo que merecemos y es misericordioso con nosotras. ¿Te imaginas cómo sería si Dios nos condenara de la misma manera en que nosotros buscamos condenar a quienes nos lastiman? Necesitamos detenernos y examinar nuestro corazón, soltar el enojo que llevamos dentro y perdonar. Si la experiencia que has vivido te ha enseñado a poner límites, ¡adelante! Sólo ten cuidado de no crear barreras que te impidan amar. 

En ocasiones, las experiencias y el dolor nos hacen formar una coraza alrededor de nuestro corazón. No permitas que crezca y que tu corazón se vuelva de piedra. Sigue perdonando y sigue amando; sigue siendo dócil y sigue sirviendo a los demás. Ese es el mensaje de Cristo. Te volverán a lastimar, eso te lo garantizo. Perdona otra vez. Ama otra vez. Sirve otra vez. Vale la pena, te lo aseguro.  

APRENDE

1. Lee Santiago 4:1-4. ¿De dónde surgen las guerras y los conflictos? ¿Qué dice Santiago acerca de nuestras “malas intenciones”? ¿Qué pasa si somos amigos del mundo?

2. Después de leer el Sermón del Monte, contesta: ¿cuál es la conducta que promueve Jesús a lo largo de su sermón y qué debemos mostrar hacia el prójimo?

3. Para más estudio lee y medita Mateo 5-7.

VIVE

1. La próxima vez que se te presente una situación en la que quieras tomar venganza y hacer justicia, toma unos minutos para examinar tu corazón, soltar el enojo y perdonar. 

2. Decide amar y servir a la persona que te lastimó. Piensa en alguna actividad que puedan hacer juntos para demostrarle el amor y la misericordia de Dios. 

LIDERA

1. Si tienes amigos que tienen conflicto entre ellos, recuerda actuar como pacificador sin juzgar a ninguna de las partes. Ayúdales a reconciliarse en el amor de Cristo. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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