A lo largo de mi vida he escuchado que el amor de familia es incondicional, sin embargo, me he encontrado consituaciones en las que me resulta difícil creerlo. Hermanos pelando por herencias, hijos compitiendo por el amor de sus padres, madres comparando la belleza de sus hijas…estos son sólo algunos ejemplos de los problemas que encontramos día a día entre nuestros conocidos. La Biblia nos cuenta la historia de una familia en la que el rencor y el odio tomaron lugar. Su genealogía abarca desde Abraham hasta Jesús. En esta ocasión, nos detendremos a ver únicamente dos generaciones y lo que sucedió a causa de la envidia y la falta de perdón. 

La historia comienza con el nacimiento de unos gemelos: Esaú y Jacob. La relación de estos hermanos fue afectadagrandemente por el favoritismo de sus padres. La madre siempre mostró inclinación hacia Jacob y el padre hacia Esaú. Génesis 25:21-28 cuenta que peleaban desde que estaban en el vientre. Ya adultos, Jacob chantajeó a Esaú para quitarle la primogenitura. Luego, Jacob y su madre engañaron a su padre en el lecho de su muerte para quitarlela bendición que le correspondía a Esaú (Gn 27). Cuando Esaú se enteró de lo sucedido, Rebeca, la madre de los gemelos, le aconsejó a Jacob huir por temor a que su hermano lo hiriera. Muchos años después, Jacob regresó a su hogar a ver a su hermano y a su madre. A pesar de lo sucedido, Esaú lo recibió y lo perdonó. Antes de que esto pasara, Jacob recibió una probada de su propia medicina. Recordemos qué fue lo que ocurrió. 

Al huir de su hermano, Jacob llegó a vivir con su tío Labán, y se enamoró de su prima Raquel. Trabajó gratis para su tío durante siete años para poder casarse con ella, pero cuando llegó el día de la boda, Labán entregó a Lea, su hija mayor. Jacob tuvo que trabajar siete años más para poder casarse con la mujer que amaba (Gn 29:14-30).

No puedo imaginar el dolor que sufrió Lea al vivir casada con un hombre que amaba a su hermana y no a ella. La Biblia describe a Lea con ojos “tiernos” o “delicados”. Esto puede significar que tenía una mirada cansada o llorosa; es probable, incluso, que sus ojos no miraran hacia la misma dirección. En contraste, Raquel era una mujer muy hermosa. Lea debió haberse sentido comparada con su hermana toda su vida. 

Ahora, pensando en Raquel, ¿qué habrá sentido cuando su padre no cumplió el trato hecho con Jacob? Tanto tiempo esperando casarse con él y tener que esperar otros siete años. Además, tuvo que soportar la tortura de ver a su hermana con el hombre que amaba. ¿Cómo habrán sido esos 14 años de espera? Génesis 29:31-35 (NVI) cuenta lo que sucedió después:

Cuando el Señor vio que Lea no era amada, le concedió hijos. Mientras tanto, Raquel permaneció estéril. Lea quedó embarazada y dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, porque dijo: “El Señor ha visto mi aflicción; ahora sí me amará mi esposo”. Lea volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, al que llamó Simeón, porque dijo: “Llegó a oídos del Señor que no soy amada, y por eso me dio también este hijo”. Luego quedó embarazada de nuevo y dio a luz un tercer hijo, al que llamó Leví, porque dijo: “Ahora sí me amará mi esposo, porque le he dado tres hijos”. Lea volvió a quedar embarazada, y dio a luz un cuarto hijo, al que llamó Judá porque dijo: “Esta vez alabaré al Señor”. Después de esto, dejó de dar a luz.​

Este pasaje muestra que Lea tenía la necesidad y el deseo de ser amada por su esposo. Parece ser que tenía la esperanza de que esto sucediera al tener hijos, aunque, probablemente, en el fondo sabía que jamás sería así. La historia cuenta que por fin encontró paz cuando tuvo a su último hijo. En esa última ocasión, decidió alabar a Dios en lugar de buscar el amor de Jacob. 

Mientras tanto, Raquel sufría por no poder quedar embarazada. Su celo creció a tal grado que le ofreció su criada a Jacob. De ahí en adelante, comenzó una competencia enfermiza entre hermanas. La criada de Raquel le dio a Jacob dos hijos. Después de esto, Lea se molestó todavía más y también le entregó su criada a Jacob para que tuviera hijos con él. ¡Imagínate a los niños creciendo juntos!¿Qué clase de conversaciones escucharían por parte de sus madres? ¿Se habrán llevado bien las dos criadas? ¿Cómo habrá sido la relación entre estas cuatro mujeres todos esos años mientras crecían los niños? Existe una conversación registrada entre Raquel y Lea que nos da una idea de cómo era su convivencia: 

Durante los días de la cosecha de trigo, Rubén salió al campo. Allí encontró unas frutas llamadas mandrágoras, y se las llevó a Lea, su madre. Entonces Raquel le dijo a Lea: “Por favor, dame algunas mandrágoras de las que te trajo tu hijo”. Pero Lea le contestó: “¿Te parece poco el haberme quitado a mi marido, que ahora quieres también quitarme las mandrágoras de mi hijo?” “Bueno”, contestó Raquel, “te propongo que, a cambio de las mandrágoras de tu hijo, Jacob duerma contigo esta noche”.(Gn 30:14-15 NVI).

Hoy en día, no es común ver casos de poligamia en América. Lo que sí podemos ver, incluso experimentar, es la competencia entre hermanos y hermanas. Constantemente, los padres hablan sobre quién es el hijo más inteligente o la hija más hermosa. Señalan, una y otra vez, los logros de su hijo más destacado y las cualidades de su hija más talentosa. La rivalidad entre hermanos sigue tan vigente como en la época de Jacob y Esaú y es sumamente dolorosa. Entre más se alimenta la competencia y la comparación, la tortura se vuelve más grande.

Dios fue misericordioso con Lea al otorgarle hijos para que tuviera compañía; una familia que la amara. Raquel ya tenía quien compañía y quien la amara. Lea y Raquel no vieron la mano de Dios como algo bueno, en cambio, usaron su situación contra la otra, incitando la envidia y el rencor entre ellas y sus hijos. Tiempo después, Dios abrió el vientre de Raquel y dio a luz a un hijo: José. 

No es ninguna sorpresa que Jacob amara más a José que al resto de todos sus hijos, ya que era el fruto de su amor porRaquel. Tampoco debería sorprendernos el desprecio de los hermanos hacia José, pues se criaron en una familia llena de rencor, competencia, engaño, traición, favoritismo y demás. Me imagino que la convivencia diaria estaba llena de críticasy chismes entre los hermanos y sus madres. 

Raquel tuvo un hijo más, Benjamín, pero murió en el parto. No creo que Jacob se haya imaginado el lío en el que se estaba metiendo al aceptar dos esposas en lugar de una. Uno de los errores que cometió fue mostrarse indiferente en medio de los conflictos. Simplemente hizo lo que las mujeres a su alrededor le mandaban. Otra de sus fallas fue favorecer a José por encima de sus otros hijos. José lo sabía y se jactaba de eso frente al resto de sus hermanos. Los celos crecieron y, como resultado, sus hermanos terminaron vendiéndolo como esclavo. Le quitaron la bata de colores que su padre le había dado, la llenaron de sangre y se la entregaron a Jacob diciéndole que José había muerto. Seguramente conoces esta historia, y si no, puedes encontrarla en Génesis 37-50.

Al final, José se reunió con sus hermanos y los perdonó por el mal que le hicieron. ¡Qué increíble desenlace! El único ser que puede traer este tipo de perdón a la vida de alguien es Dios mismo. José decidió fijar su mirada en el Señor y no enfocarse en el rencor ni en el odio que abundaba en su familia. Eligió no ser víctima de la situación. Al contrario, decidió ver la mano de Dios en las circunstancias que vivió. El Señor lo levantó y José perdonó a todos los que lo agredieron. 

Así como Esaú perdonó a Jacob años antes, José perdonó a sus hermanos. Además, José entendió que lo que vivimos va mucho más allá de lo que podemos ver. Nuestra historia impacta generaciones y toca la vida de la gente que nos rodea. Probablemente, algunas de las consecuencias de nuestras acciones nunca las vivamos, pero estarán presentesen la vida de nuestros descendientes. 

Nuestros actos pueden causar mucho daño a otros, a veces, irreparable. Sin embargo, también pueden bendecir de una manera increíble. José entendió que su historia no sólo se trataba de él, sino de toda una nación y del plan que Dios tenía para Israel. Su visión y humildad determinaron el destino y la salvación de su familia (Gn 46).

Seamos honestas. Toma muchísimo valor enfrentar y perdonar a las personas que nos han lastimado, sobre todo cuando se trata de nuestra familia. No creo que haya sido fácil para José. Para hacerlo, es necesario olvidarnos del orgullo. Debemos dejar de aparentar buscar justicia cuando en realidad estamos ansiosos de venganza. Para tener la perspectiva espiritual que tuvo José, tenemos que hacer lo que él hizo: acercarnos a Dios para que abra nuestros ojos y nos permita ver cómo afectamos a las personas que nos rodean.  Prepárate para arrepentirte, porque seguramente, a lo largo de este trayecto, tú también has causado algún daño. Todas lo hemos hecho. José lo hizo al presumir ser el favorito de su papá, pero se arrepintió y permitió que Dios lo redirigiera. 

Hermana, lo que debes preguntarte hoy es: ¿perdonarás o seguirás compitiendo? ¿Vivirás igual o buscarás en Dios la visión que tuvo José, entendiendo que tu vida es parte de una historia mucho más grande de lo que te puedes imaginar? Tú podrías ser la respuesta para tu familia en tiempo de crisis. 

APRENDE

1. Lee Génesis 27:41-45. ¿Qué reacción tuvo Esaú alenterarse que Jacob le había robado la bendición?¿Cómo hubieras reaccionado tú si te robaran lo máspreciado de tu herencia, la bendición de tu padre?

2. Lee Génesis 30:1-3. ¿Cuál fue la reacción de Raquel alver que era estéril? ¿Cuál crees que fue la peor heridaentre Raquel y Lea?  

3. Lee Génesis 45:1-15. ¿Qué nos enseña la actitud de José al hablar con sus hermanos? ¿Cómo mostró José su fe y confianza en Dios al hablar con sus hermanos?4. Para complementar, lee Génesis 33:1-12, 34 y 38. 

VIVE 

1. Reflexiona en lo siguiente: ¿alguna vez te has sentido comparada entre tus hermanos o algún otro familiar?¿Cómo has reaccionado al sentirte menospreciada? ¿Has permitido que el odio y el rencor tomen lugar en tu corazón? Si este tipo de circunstancias te han alejado de tu familia al punto de no poder amarla, pídele a Dios en oración que te dé valentía para perdonar. Recuerda que una decisión de amor y humildad puede cambiar el rumbo de las siguientes generaciones de tu familia.

2. Medita en las siguientes preguntas: ¿alguna vez has tomado una postura de favoritismo con alguno de tus hijos, hermanos o padres? ¿Cómo crees que esto lo hace sentir? ¿De qué manera piensas que esto puede afectar a tu familia y a tus descendientes? Si lo has hecho, te invito a arrepentirte y a acercarte a pedir perdón. 

LIDERA

1. Reúnete con un grupo de hermanas y lean las historias de Esaú y Jacob, de Lea y Rebeca y de José y sus hermanos. ¿Cuáles fueron los sentimientos y emociones que surgieron a partir de la comparación, el favoritismo y la competencia? ¿A qué consecuencias se enfrentaron a causa de la rivalidad y el odio?

2. Frente a este escenario, ¿cómo cambió la historia de esta familia cuando José tomó una actitud de humildad y perdón (Gn 46)? 3. Perdonar no siempre es fácil. Formen un grupo de apoyo para que juntas lleven en oración este proceso de perdón a sus familiares. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

Leave a Reply

Join our Community

Join our mailing list to receive the latest news and updates from our team.

You have Successfully Subscribed!

SE PARTE DE NUESTRA COMUNIDAD

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias

You have Successfully Subscribed!