Poco tiempo antes de cumplir 24 años de edad, asistí por primera vez a la clase bíblica que ofrecía una iglesia cristiana de la ciudad en la que vivía en aquel tiempo. Mi esposo había ido un par de meses antes y eso me animó a acompañarlo. Todavía recuerdo el tema que enseñaron: “El mundo, la carne y el diablo”. Lo que más me impresionó fue el tiempo de alabanza a Dios. ¡Jamás había estado en un evento similar! La clase también fue impactante. Ese día, el Señor usó al pastor de una manera que fue imposible no tocar mi corazón. Fue ahí cuando mi esposo y yo tomamos la decisión de entregarle a Cristo nuestra vida y de caminar con Él. Mi esposo fue llamado al servicio a Dios inmediatamente, y lo ha hecho de forma apasionada durante más de 25 años. Yo he tenido el privilegio de acompañarlo y ha sido toda una aventura.

Siempre he sido una mujer que ama escudriñar la Biblia y enseñarla a otras personas, especialmente a mujeres. Desde que comencé mi andar cristiano, mi inquietud por la Palabra de Dios ha sido muy grande. Fue por eso que hace algunos años decidí estudiar formalmente teología. En el transcurso, me di cuenta que, entre más estudiaba las Escrituras, más crecía mi interés por ellas, pero, sobre todo, me sentía más frágil como ser humano y mucho más necesitada de Dios. Lo que creí que sería un grado más de formación académica, terminó dándole un giro a mi vida espiritual.

En la iglesia hay un área que me parecía compleja: la consejería pastoral. Veía cómo algunos siervos y siervas de Dios lo hacían con mucha facilidad, pero yo me sentía inconforme con mi labor como consejera. Cuando estudié acerca del hombre desde la teología, descubrí la majestuosidad con la que Dios nos creó para Él, sin embargo, me intrigaba el proceso de santificación que debemos vivir a causa del pecado. Un día conocí a un consejero que cambió mi perspectiva. Él no sólo estaba preparado teológicamente, su educación profesional era sobre el comportamiento del ser humano. Y, hermana, te contaré un secreto: ¡conocerlo cambió el rumbo de mi vida! Ahora verás por qué. 

Unas semanas después de cumplir 43 años de edad,ingresé a la universidad a estudiar Psicología. ¡¿Te imaginas?! ¡Una señora de 43 años entrando a la universidad! Estaba decidida a agregar conocimiento a la virtud, así como dice Pedro en 2 Pedro 1:5. Quería conocer más acerca del ser humano desde la perspectiva científica, social y biológica.

Como parte de los requisitos de estudio debía asistir a terapia psicológica. Comencé el proceso y nunca imaginé lo que significaría. ¡No entendía cómo era posible que aquellas cosas que le había entregado a Dios en el pasado seguían produciéndome dolor! Esto fue sólo el inicio; el Señor tenía preparadas más pruebas para mi vida.  

Una mañana, cuando comenzaba el último año escolar, desperté con vértigo y visión doble. En pocas horas, mi estado de salud se deterioró. Había sufridoun accidente cerebrovascular, ese fue el diagnóstico. Sólo tenía doce horas para salvar mi vida. Era necesario que me internaran en el hospital para comenzar el tratamiento clínico. Un día después de haber ingresado, estuve un par de horas sola en mi habitación. Como no podía ver bien y no toleraba la luz, usaba un antifaz. Repentinamente, escuché que alguien me habló al oído. ¡Fue tan real que me quité el antifaz para ver quién estaba a mi lado! Para mi sorpresa, ¡seguía sola! “¡Nunca más, Isela! ¡Nunca más!” Eso fue lo que escuché, seguido de: “¡Deja ya el pasado!”. ¿De dónde venía esa voz? ¿Era la voz de Dios? No estaba consciente de cuánto necesitaba escuchar esas palabras.  Mi hermana entró a la habitación y le comenté lo sucedido. Ella me recordóque esas fueron las mismas palabras que Dios le dijo a Noé cuando le prometió jamás volver a destruir la Tierra con un diluvio. ¡Era verdad! En ese momento, no sabía el impacto que tendría la voz del Señor en mi vida. 

Comencé un tiempo de convalecencia y recuperación.Las secuelas eran muchas y la probabilidad de recuperarme era baja, especialmente en mi visión, que fue la más dañada. Sin embargo, el proceso de rehabilitación fue sorprendente para todo el personal médico que me atendió. En palabras de los médicos, me recuperé a la velocidad de un niño. 

La oportunidad de volver a la universidad y concluir mis estudios se presentó. Aún convaleciente, con dudas y temores, lo hice. ¡No vas a creerlo! Me gradué con honores y obtuve mi título de forma rápida. 

Hermana, el evento de salud que viví cambió mi vida por completo. Al principio no entendía cómo el Señor me había puesto ahí. ¿Por qué yo, que estudiaba la Biblia día y noche, y que me esforzaba por servir a Dios con integridad, estaba pasando por eso? No te voy a mentir, al inicio fue sumamente difícil, pero Cristo me abrazó de una forma indescriptible y salí adelante. 

Durante todos estos años, el Señor me ha ido mostrando los “nunca más” que nos ha prometido en su Palabra. Dios se ha revelado a mi vida como alguien que es fiel para cumplir sus promesas. No es algo que no supiera antes, ¡pero ahora lo vivo! Hermana, en las siguientes lecturas seguiré compartiéndote los “nunca más” que Dios me ha mostrado. Espero que te sean de ayuda como lo han sido para mí. Ahora, sigo expectante de lo que el Señor me enseñará en los años que me quedan por vivir. 

APRENDE

1. Lee Génesis 15: 1-5; 16:1-6; 21:1-3. 

2. ¿Qué le prometió Dios a Abraham? ¿Crees que fue fácil para Abraham esperar el cumplimiento de la promesa de Dios? A pesar del intento de intervención de Abraham en los planes del Señor, ¿Dios cumplió con su promesa?

VIVE

1. Lee Números 23:19 y Jeremías 29:11. ¿Alguna vez has estado en alguna situación en la que no hayas entendido por qué Dios te puso ahí? Recuerda que los planes de Dios son buenos para tu vida y que Él es fiel a sus promesas. 

LIDERA

1. ¿De qué manera puede influenciar a otras personas tu paciencia y confianza en las promesas de Dios?

2. Busca tres promesas de Dios en la Biblia y escríbelas en una tarjeta. Llévalas contigo para que puedas compartirlas con alguien que las necesite escuchar. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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