Pregunta: ¿Entonces, por qué quiere Dios que se nos prediquen tan rigurosamente los Diez Mandamientos si no hay nadie que pueda observarlos perfectamente en esta vida? 
Respuesta: Primeramente, para que durante toda nuestra vida conozcamos más y más cuán grande es la inclinación de nuestra naturaleza a pecar (a), y así busquemos con más fervor la remisión de nuestros pecados y la justicia de Cristo (b). Después, para que nos apliquemos sin descanso a suplicar a Dios la gracia de su Espíritu Santo, para que cada día seamos más renovados a su imagen hasta que, después de esta vida, alcancemos la perfección que nos es propuesta (c).
Versículos de apoyo: (a) Romanos 3:20; 1 Juan 1:9; Salmos 32:5. (b) Mateo 5:6; Romanos 7:24, 25; (c) 1 Corintios 9:24; Filipenses 3:12-14. 

Mis padres siempre esperaron que fuera una “niña buena”. Era mi responsabilidad actuar bien, ser cortés y hacer el bien a los demás. Me convertí en una moralista experta; ese fue el resultado.  Lo que quiero decir es que aprendí a comportarme “bien” ante cualquier circunstancia, incluso cuando mi corazón albergaba amargura o enojo. Por mucho tiempo fui una hipócrita profesional que agradaba a todo el mundo. No sé tú qué pienses, pero yo creo que no fui la única que creció de esta manera, sino todas nosotras. Hemos aprendido a actuar “correctamente”, a encajar en cualquier situación y, a menos de que quererrebelarnos contra las normas de lo que se considera socialmente aceptable, a disimular la frustración o el enojo, para así poner nuestra mejor cara y ser tan amables como nadie, aun cuando nuestro corazón está lleno de oscuridad. ¡Vaya! Piénsalo por un momento, ¡¿esto es lo que queremos para nuestros hijos?!  ¿Queremos que sean “niños buenos”, moralistas bien educados?No hemos entendido que lo que debemos perseguir es el corazón y no las acciones.  El moralismo no es lo que buscamos; la transformación del Evangelio debe ser nuestra meta.  Estudiemos juntas la pregunta 114 del Catecismo de Heidelberg y veamos qué dice la Biblia. 

¿Conoces la cualidad principal de los camaleones? Bueno, estos animales se distinguen por su capacidad de cambiar de color según las circunstancias. Hermana, tú y yo somos camaleones.  Podemos encajar en muchos escenarios sociales, sonreír y ser amables con alguien que nos cae en el hígado. Sabemos decir las palabras correctas, incluso cuando son contrarias a lo que creemos.  Podemos invitar amablemente a gente a nuestras casas pero con un corazón resentido. Nos gusta enfrascar y transformar nuestras emociones para poder seguir con nuestras vidas. Pero no siempre actuamos así, generalmente lo hacemos cuando sabemos que ganaremos algo a cambio. Tal vez sea aceptación o elogios, puede ser cualquier cosa. Mientras hayaalgo a nuestro favor, mantendremos el espectáculo. 

En el libro “La naturaleza de la verdadera virtud”, Jonathan Edwards explica la diferencia entre la virtud fingida y el Evangelio.  Dios no quiere transformar nuestras acciones para que podamos adaptarnos superficialmente a su ley y hacer que Él se vea bien.  Dios quiere transformar nuestros corazones y nuestras motivaciones desde lo profundo para que podamos perseverar y glorificarlo verdaderamente. Para que esto suceda, hermana, necesitamos entender la plenitud del Evangelio.

Probablemente te estés preguntando cómo es que somos transformadas. Bueno, hermana, cuando reconocemos que somos pecadoras seriales y que todas nuestras acciones e intenciones están llenas de pecado, cuando caemos de rodillas y por la misericordia de Dios ponemos nuestra fe en la expiación o pago que Jesús hizo en la cruz por nuestros pecados, la transformación sucede; la motivación interior cambia. Dejamos de actuar por miedo o para obtener algo, actuamos genuinamente porque nuestro corazón desea y se regocija en obedecer a Dios. Somos salvas solo por gracia a través de la fe en Cristo, y la transformación ocurre como señal de la salvación real. 

Esta transformación nos toma toda la vida, y es un proceso llamado santificación. La santificación no es otra cosa que el proceso de llegar a ser más como Cristo. Hermana, la fe sin santificación no es fe verdadera.  No somos salvas por las obras, pero las obras son señal de esa fe salvífica.  Obedecemos no porque nuestra obediencia nos salve, sino que obedecemos porque somos salvas (Gl 5:6).

Como hemos visto anteriormente, no hay manera de obedecer los Diez Mandamientos a la perfección. Jamás lograremos obedecer la Palabra de Dios sin error. Pero, hermana, lo que sí podemos y haremos es correr la carrera en su gracia. Caminaremos este sendero de santificación porque estamos en Jesús (1 Co 15:10).  Trabajaremos en la santificación con todas nuestras fuerzas porque entendemos la majestad del Evangelio.  Obedeceremos porque estamos cautivadas y llenas de alegría en Cristo, y todo lo que nuestros corazones regenerados pueden hacer es obedecer. Ya no fingiremos, ya no necesitaremos fingir.  Nuestros corazones transformados por la gracia de Cristo se deleitarán en obedecer a Dios, así nos convertiremos en un testimonio del poder de Cristo. Dejaremos de ser meras moralistas para convertirnos en mujeres transformadas por el Evangelio.

Hermana, terminamos esta enseñanza y quiero preguntarte, ¿estás fingiendo?  ¿Haces lo correcto incluso cuando la motivación de tu corazón es incorrecta?  ¿Estás cansada de eso?  Y si es así, ¿te acercarías a Jesús y le pedirías perdón por tus pecados para poder experimentar la transformación del Evangelio que cambia las motivaciones de tu corazón y queobedece por deleite a Dios?

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En Cristo.
Reformadas.com

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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