Cuando acepté a Jesús como Señor y Salvador, recibí una serie de discipulados llamados Creciendo en la fe. Estos eran cursos bíblicos para recién nacidos en Cristo. Estaban bien organizados y eran impartidos por niveles. Era emocionante ir creciendo en el conocimiento de la Biblia; ¡no me perdía ninguna clase! ¿Por qué te cuento esto? Yo tenía mucha sed de aprender más y más de Dios. Poco a poco, fui profundizando en las Escrituras. Hubo grandes pastores y maestros que desafiaron mi fe y que fueron de mucha inspiración.

Mi familia creció, nos mudamos de ciudad en diferentes ocasiones y conocimos distintas iglesias. Acompañar a mi esposo en su llamado y comprender que Dios estaba orquestando cada situación que vivíamos me hizo ver la vida desde otra perspectiva. Como familia, vivimos momentos muy gratificantes y otros teñidos de incertidumbre. Fueron tantas las vivencias que nunca imaginé que faltara algo por experimentar. Fue entonces cuando mi esposo y yo nos enfermamos gravemente y casi perdemos la vida. Durante esa época, Dios nos mostró su gracia de forma abundante a través de la gente que nos ama. Nunca creí lo mucho que mi vida cambiaría no sólo físicamente, sino espiritualmente. A partir de ese momento, Dios ha tratado conmigo de una manera mucho más profunda. El Señor quería que yo me conociera de una forma mucho más real, pues había cosas de mí que yo misma desconocía. ¿Estaba lista para hacerlo?

Comenzar este proceso no fue nada sencillo, al inicio sentí mucho temor, pero Dios me ha llenado de fortaleza y valentía. Le he preguntado a Dios por qué era necesario conocerme a mí misma, ¿no se trata todo de Él? Sí, todo en la vida se trata de Dios, pero Él quería develar, como el telón de un teatro que anuncia una obra, quién soy yo, la mujer real y no la falsa o prefabricada; la mujer que Él quiere que sea para adorarlo y darle la gloria. 

Esto le ha dado mucho sentido a los “nunca más” que Dios le ha dado a mi vida. Él me dijo que nunca más tendré que ocultarme de Él ni de los demás. El Señor me mostró que nunca más me avergonzaré de mi pasado; que nunca más dependeré de la aprobación de nadie. Dios me ha enseñado que nunca más me sentiré sola; que nunca más olvidaré que el dolor tiene un propósito. El señor ha sido un padre amoroso y me ha demostrado que nunca más tendrán poder sobre mí las huellas de orfandad, porque, aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos (Sal 27:10). Una y otra vez, Dios me ha dicho “nunca más, hija mía, nunca más”. 

Debemos tener claro que esto no significa que la vida en la Tierra será fácil y que no habrá pruebas, dudas, dolor o incertidumbre; significa que Dios me ha dado otra mirada. Después del evento de salud que viví, mi vista cambió. Hoy uso lentes especiales para no ver doble. Pero Dios también me ha dado unos lentes para no tener dos visiones como antes, que no distinguía entre la real y la falsa. Las cosas que se aprecian desde la mirada fantasiosa e incierta afectan en gran manera las emociones y nos llevan a tomar malas decisiones. Ahora debo estar atenta para no confundir lo que observo y vivo desde los ojos del mundo, sino desde mis ojos espirituales. 

Agradezco a Dios que haya dado respuesta a mis oraciones. He podido darme cuenta que hubo peticiones que yo ni siquiera recordaba haberle hecho. Sé que esto es sólo el comienza de nueva aventura en mi relación con Jesús. Dios ha traído sanidad interior a mi vida en bellas dosis de amor a través de una nueva perspectiva acerca de su gracia abundante.  Hermana, Dios está esperando que dispongas tu corazón para que Él lo cuide y lo abrace.  “Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas”. (Jos 23:14 NVI).

APRENDE

1. Lee Colosenses 3:1-17.

2. De acuerdo a este pasaje, ¿cómo debe ser nuestra nueva vida en Cristo?

3. ¿Cuáles son las cosas que debemos dejar morir en nosotros?

4. Según el versículo 10, ¿de qué debemos vestirnos?

VIVE

1. En ocasiones, es fácil olvidar las maravillas que Dios ha hecho por nosotras. Escribe en una hoja las promesas que Dios te ha dado y cómo las has visto cumplir. En otra hoja, escribe las promesas que todavía no ves hacerse realidad pero que tienes fe en que Dios cumplirá su palabra. 

LIDERA

1. Reflexiona en los “nunca más” que Dios te ha dado y compártelos con tu grupo de hermanas o amigas. Anímalas a hacer lo mismo y a compartir con otras cómo el Evangelio ha transformado su vida. 

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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