Pregunta: ¿Pueden guardar perfectamente estos mandamientoslos que son convertidos a Dios? 
Respuesta: No, porque incluso los más santos, en tanto estén en esta vida, no cumplen más que con un pequeño principio de esta obediencia (a). Sin embargo, empiezan a vivir firmemente no solo según algunos, sino todos los mandamientos de Dios (b).
Versículos de apoyo: (a) Juan 1:8; Romanos 7:4, 15; Eclesiastés 7:20; 1 Corintios 13:9. (b) Romanos 7:22; Salmos 1:2.

No sé si a ti te pase, pero cuando yo leo la Biblia, a menudo me desanimo.  Siento que cada versículo me está condenando.  Pienso que es imposible seguir y obedecer los mandamientos de Dios a la perfección. ¡Fallo todos los días!  Apuesto a que te has sentido de la misma manera.  Mira, hermana, muchas veces nos acercamos a la Biblia estando en la carne, y la leemos como si fuera una lista de quehaceres o como un instructivo de vida, perdiendo de vista el mensaje que debemos predicarnos a nosotras mismas todos los días: no podemos obedecer a Dios sin Dios. Exploremos a profundidad este pensamiento al estudiar la pregunta 113 del Catecismo de Heidelberg. 

¡Estudiar los 10 mandamientos ha sido difícil!  Si los leemos como los estándares por los cuales Dios nos ha llamado a vivir, probablemente terminemos desanimadas, pues quedamos cortas. No son sugerencias amables del Creador; son mandatos, o sea, órdenes. Martín Lutero, en su libro “La esclavitud de la voluntad”, escribe: “Los pasajes de las Escrituras que usted cita son imprescindibles;  pero no prueban ni establecen nada acerca de la capacidad del hombre, sino que solo establecen lo que es y lo que no se debe hacer” (161).

Estas palabras son de alivio para mi alma; me recuerdan que debo ir a la Biblia con un lente diferente, el lente de Jesús. Cada versículo en la Biblia implica mi incapacidad total de obedecer y mi constante necesidad de Cristo. ¡Dios sabía que ningún ser humano sería capaz de guardar la ley por sí mismo!  ¡Dios sabe que el pecado nos ha separado completamente de Él!  Por lo tanto, en su misericordia, decidió intervenir. Hermana, no podemos obedecer a Dios sin Dios; necesitamos de su ayudapara lograrlo. Por eso, al leer los Diez Mandamientos, y la Biblia en conjunto, necesitamos de Jesús, ¡necesitamos el Evangelio!

Cuando Dios nos concede su misericordia y por fe confiamos en Jesús como Señor y Salvador, sucede algo sorprendente.  Nuestro corazón se regenera gracias al pago único, suficiente y eterno que Cristo hizo por nuestros pecados en la cruz.  Nuestro corazón sana y sufre una transformación increíble. Lo que alguna vez pensaste que era imposible de obedecer, es ahora tu deseo, porque Dios es quien produce en ti el querer como el hacer, por su buena voluntad (Fil 2:13).

Hermana, es cierto, la Biblia nos condena. También es verdad que somos incapaces de obedecer a Dios mientras estemos alejadas de Él. ¡Somos culpables! ¡Nuestra naturaleza pecaminosa nos acusa! ¡Pero no es imposible! Dios, en Cristo, nos impulsa a obedecerle. ¡Con Cristo todo cambia!  

Leamos la Biblia con el lente de Cristo para poder acercarnos a Dios humildemente. Presentémonos antes Él con un corazón dispuesto a obedecerle, pero con el conocimiento y la sobriedad de que, incluso así, fallaremos. Ahora, nuestro corazón regenerado nos permite ir a Dios expectantes y ansiosas por escuchar, meditar y obedecer su Palabra. Y, hermana, cuando fallemos, acerquémonos a Él de manera humilde y pacífica, sabiendo que en Cristo hemos sido perdonadas. ¡Sí, fuimos condenadas, pero también fuimos perdonadas en la cruz! Este gran acto nos da la oportunidad de seguir a Dios aun cuando caemos, porque obedecer a Dios en Dios es posible. 

Así que, hermana, terminamos esta enseñanza y quiero preguntarte: ¿estás tratando de obedecer a Dios sin tener una profunda relación con Él? ¿De qué manera estás leyendo tu Biblia, tomando en cuenta a Jesús o bajo tus propias fuerzas? ¿Estás consciente de que puedes ir a tu Biblia con expectativa y humildad, sabiendo que es posible obedecer a Dios simplemente porque has decidido hacerlo con Él y en Él?  

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Que seas bendecida.
Reformadas.com

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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