¡Estoy cansada del cristianismo consumista! ¡Estoy harta de los que dicen leer la Biblia y creer en Jesús, pero que no lo siguen por temor al costo!  No quiero que pienses que no soy susceptible a ese cristianismo cómodo, lo siento en mi carne todos los días y en ocasiones lo veo en mis acciones. Pronunciar un simple “¡ay, cómo lo siento!” refleja lo poco que me importa hacer algo para ayudar a quien lo necesita. Muchas veces le he dicho a mis amigos que estaré orando por ellos y a los tres segundos lo olvido. Mi pasividad o parálisis al ver la injusticia se convierte en apatía. Sin embargo, al ver que otros cristianos hacen lo mismo, me frustro porque sé que a menos de que primero ore pidiéndole a Dios un cambio en mi corazón y por fortaleza para luchar la batalla diaria, no podré guiar a nadie hacia la vida abundante que Cristo ofrece. Sin Dios, el Evangelio no toma forma interna ni externa; el libro de  Nehemías nos recuerda este principio.

Nehemías era un hombre que vivía en Babilonia y que trabajaba como copero del rey Artajerjes, quien estaba casado con la reina Ester (personaje principal del próximo libro de la Biblia). Un día, Nehemías escuchó noticias sobre el estado de los muros de Jerusalén, y al saber que las condiciones eran pésimas, se sintió terrible y le afectó muchísimo. En lugar de olvidarlo y seguir con su vida normal en el palacio del rey, decidió ayunar y orar a Dios. Nehemías amaba al Señor y que sabía en lo más profundo de sus venas que Dios tenía la solución. 

La tristeza en el corazón de Nehemías era tan evidente que el rey Artajerjes la notó cuando entró a la corte a servirle vino. En ese momento, su vida corrió peligro y dependió completamente de una oración a Dios. Déjame explicarte el contexto. Cuando alguien servía al rey no podía expresar ninguna emoción o sentimiento porque podía provocar que él se sintiera de la misma manera, y si eso sucedía, el sirviente podía perder su vida. Por lo tanto, en cuanto Artajerjes le preguntó a Nehemías por qué estaba triste, oró para que su respuesta estuviera llena de sabiduría. En esa pequeña oración en el murmullo de un segundo, Dios le respondió y le dio el favor y la gracia del rey. Artajerjes le permitió regresar a Jerusalén a reconstruir los muros. ¡No solo eso! Este rey pagado también le dio protección y los recursos necesarios para la restauración de su tierra. Hermana, ¿no te parece increíble? Dios escucha y responde nuestras oraciones largas y sinceras, cortas e inmediatas, siempre de acuerdo a su voluntad. 

Dios le dio sabiduría y prudencia a Nehemías desde que inició esta nueva aventura a su lado. Al llegar a Jerusalén, en lugar de implementar su plan previamente pensado, decidió observar e inspeccionar los muros. No podía comenzar la reconstrucción sin antes entender qué debía hacer. Hermana, me gustaría que reflexionaras en lo siguiente: en el constante ajetreo de tu vida, ¿cuántas veces intentas implementar un plan sin antes tomarte el tiempo de preguntar, escuchar y verificar? 

Después de que Nehemías analizara la situación, ajustó su plan y comenzó a ejecutarlo para que el muro fuera reconstruido lo antes posible. Sin embargo, tan pronto como inició la edificación, los líderes locales que habitaban ahí desde el exilio de Babilonia intentaron detenerlo.  Esta historia nos recuerda, una vez más, que cuando hacemos la voluntad de Dios, incluso en oración y de su mano, necesitaremos valentía y fortaleza porque enfrentaremos oposición. 

El trabajo que Dios le había dado a Nehemías debía continuar, por lo que propuso un plan militar. 

Cada hombre se enfocó en su propia tarea en la que mientras uno construía, otro lo protegía con una espada. Nehemías no se quedó atrás, además de trabajar en los muros, se encargó de ver cuál era la situación dentro de las paredes. Se dio cuenta que los funcionarios y los nobles israelitas estaban oprimiendo a los pobres. Los acusó y los hizo corregir los errores que habían cometido. También llamó a los sacerdotes a que trataran a los pobres conforme a lo que Dios había ordenado.  ¡Nehemías sabía que Dios estaba de su lado y no dudó ser un instrumento para su obra! 

Tiempo después, Nehemías ascendió al cargo de gobernador, y como antes lo hizo, continuó actuando generosamente por temor al Señor (Neh 5:15). Durante mucho tiempo se enfrentó a sus enemigos, pero nunca dejó de confiar en Dios. Finalmente, después de una gran lucha, los israelitas terminaron de reconstruir el muro. Sus enemigos estaban sorprendidos por su logro. Esto nos ayuda a entender cuán confiable es Dios a pesar de las dificultades. Su voluntad, hermana, siempre se llevará a cabo esté quien esté a favor o en contra. 

Al terminar la reconstrucción de los muros, toda la atención se centró en los cambios internos que debían ocurrir.  Los siguientes capítulos nos permiten ver cómo Esdras y Nehemías interactuaron entre sí para cumplir la voluntad de Dios. Esdras, como sacerdote, reunió al pueblo y le leyó la ley (la Palabra de Dios) por siete días. Cuando los israelitas la escucharon, comenzaron a llorar, pues no habían hecho lo que Dios les había pedido. Esdras, como un amoroso líder, los llevó a centrarse en la fidelidad de Dios y en sus promesas. En ese sentir, juntos celebraron la Fiesta de los Tabernáculos. Todos estaban tan arrepentidos que confesaron sus pecados y prometieron obedecer la ley de Dios. El muro fue dedicado y los servicios del templo iniciaron según los requisitos de la ley. ¡Imagínate la escena! ¡Debió haber sido espectacular! Por fin, después del exilio y la destrucción de Jerusalén y del templo, vemos la realización del plan de restauración. ¡Irreal!  Estos hermosos sucesos debieron marcar una nueva era de la fidelidad de Israel a Dios, pero ¡sorpresa!, no fue así. Más adelante, en el capítulo 13, veremos que no fue el caso.  

Conforme nos acerquemos al final de este libro, veremos al pueblo de Israel rompiendo el pacto que hicieron a Dios. Nehemías recorrió Jerusalén y descubrió que el templo no estabasiendo atendido, que la gente estaba trabajando en sábado y que había mercados abiertos en días santos.  Además, los israelitas continuaron teniendo matrimonios con mujeres paganas que adoraban a ídolos falsos. Obviamente, la tristeza y frustración en Nehemías fue devastadora. ¡Todo lo de que Zorobabel, Esdras y él habían logrado estaba siendo destruido frente a sus propios ojos! 

La desobediencia es rampante. No hubo muchos cambios aun después de que Nehemías los confrontara y reprendiera. A pesar de la reconstrucción de Jerusalén y de las fieles enseñanzas de Esdras, incluso después de haber celebrado la Fiesta de los Tabernáculos, y luego de la reinstalación de los servicios del templo y el restablecimiento del pacto, la mayoría de los israelitas volvió al pecado. Como dice el Salmos 127:1a: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican”.Así que, hermana, terminamos este libro viendo frente a frente la realidad de la humanidad: nuestros esfuerzos no son ni serán suficientes, ¡jamás! 

Debemos entenderlo ¡ya! Ni tú ni yo somos suficientes para salvarnos a nosotras mismas. No importa cuánto lo intentemos, nunca será posible, ni siquiera si “logramos” alcanzar el nivel de santidad externa, pues siempre habrá un grado de pecado subyacente, de pecado interior. Es por eso, hermana, que necesitamos poner nuestra esperanza en alguien más grande, en Jesús.

Este libro nos muestra que únicamente Jesús ha cumplido toda la ley. Nosotras simplemente no podemos. Nuestras acciones siempre deben llevarnos a Jesús, quien pagó por nuestros pecados. Así que, poniendo nuestra fe en Él, podemos tener una relación restaurada con nuestro Padre. La salvación, hermana, no es cuestión de echarle más ganas, se trata de entender que tú sola no puedes salvarte y que necesitas a Cristo. Nehemías también nos hace ver que seguir a Cristo es, definitivamente, una decisión individual. Podemos leer la Biblia y atender el llamado que hacen en nuestra iglesia para arrodillarnos en el altar, pero creer verdaderamente en Dios implica volverse hacia Él a través de Cristo para comenzar una vida de santificación, porque al final, hermana, aunque nuestras obras no nos salven, síapuntan hacia la confianza que tenemos en Dios. Nuestros frutos siempre serán un espejo de si realmente somos o no seguidoras de Cristo.

VIVE

1. ¿En qué áreas de tu vida necesitas a Dios pero no te das el tiempo de orar?  ¿En qué momentos necesitas a Dios pero crees que Él no contesta tus oraciones rápidas y cortas?

2. ¿Te estás creyendo la mentira de que si haces “x” o “y” mejor, vas a agradarle más a Dios, o estás confiando totalmente en la acción redentora final de Cristo y descansando en esta verdad?  

LIDERA

3. Si alguna hermana llega a ti con un problema, quiero que seas como Nehemías.  Siéntate y escucha sin tratar de implementar un plan o dar tu opinión. 

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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