Pregunta: ¿Cuál es la primera súplica?
Respuesta: “Santificado sea tu nombre”, es decir, concédenos,ante todo, que te conozcamos rectamente (a), y que santifiquemos y celebremos tu omnipotencia, sabiduría, bondad, justicia, misericordia y verdad, las cuales se manifiestan en todas tus obras (b). Concédenos también, que toda nuestra vida, en pensamiento, palabra y obra, sea siempre dirigida a este fin: que tu santísimo nombre no sea por nosotros blasfemado ni menospreciado, sino honrado y glorificado (c).
Versículos de apoyo: (a) Juan 17:3; Jeremías 9:24; 31:33, 34; Mateo 6:33. (b) Salmos 51:18; 122:6. (c) 1 Juan 3:8; Romanos 16:20. (d) Apocalipsis 22:20, Romanos 8:22, 23. (e) 1 Corintios15:28.

¿Alguna vez has visto a tu presidente ir a otro país y pasar por una situación vergonzosa en medio de una cumbre internacional que se transmite en vivo alrededor del mundo? ¿Te imaginas cómo debe sentirse? No sé tú, pero cuando mi presidente dice algo que va en contra de las creencias básicas de lo que mi país representa, me siento molesta, avergonzada y traicionada. Es como si hiciera algo contra mi persona, como si atacara mi identidad nacional. La primera petición en el Padrenuestro es similar.  ¿A qué me refiero?  ¡Estudiemos la pregunta 121 del Catecismo de Heidelberg y descubrámoslo!

La primera petición que hace Jesús cuando nos enseña a orar es: “santificado sea tu nombre”. 

Santificar significa separar algo para algo especial; para hacerlo santo.  En su libro “La oración que da la vuelta al mundo”, Albert Mohler dice: “Cuando Jesús le pide a Dios que santifique su nombre, le pide a Dios que actúe de tal manera que demuestre visiblemente su santidad y su gloria” (p. 61). Lo que Jesús está pidiendo es que Dios, el Padre, actúe de forma que sea conocido como santo y glorioso.  Este también debe ser nuestro deseo como cristianas; querer dar a conocer el nombre de Dios, su santidad y su gloria.  Pero, ¿cómo lo hacemos?

No tienes que  buscar en muchos lugares, la respuesta eres tú. Dios actúa en ti a través de Jesús. Cuando te conviertes en seguidora de Cristo, te vuelves su embajadora (2 Co 5:20).  Un embajador es el funcionario de más alto rango que representa a su nación de origen en un país extranjero. Tiene la autoridad y el deber de hablar y actuar de acuerdo con las posiciones oficiales de su país. Todo lo que hace, lo hace como representante de su nación, y todos los que lo conocen, ven en él el reflejo de su pueblo.

Nuestro comportamiento como embajadoras de Cristo debe ser como el de cualquier embajador. Debemos ser parte del ministerio de reconciliación de Dios; ¡Dios nos ha confiado el Evangelio! (1 Ts 2:4). Esta es la posición oficial de nuestro Padre en el Cielo: la reconciliación del ser humano por fe en Cristo para su gloria. Por lo tanto, a medida que Dios nos llama más y más a ser parte de este pueblo santo que realiza las buenas obras (Ef 2:10), Dios brilla como santo y glorioso, ¡y su nombre es santificado!  Mientras más gozo encontremos en lo que significa ser sus representantes, más verán los demás la gracia que nuestro santificado Padre tiene para ellos.

Así que, querida hermana, cerramos esta enseñanza y me gustaría preguntarte: ¿estás santificando el nombre de Dios en tu estudio de la Palabra y en cómo la vives?  Cuando la gente te observa, ¿ve en ti la santidad y la gloria de Dios?  Hermana, ¿representan tus acciones la posición oficial de reconciliación de nuestro Padre, santificando así su nombre?  Y si no es así, ¿orarías y considerarías formas en las que puedes santificar el nombre de Dios para que otros también lo santifiquen?

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En esperanza.
Reformadas.com

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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