Estoy segura de que en algún momento de tu vida has escuchado que primero debes amarte a ti misma antes de atreverte a amar a los demás. La Biblia, por el contrario, dice que el amor propio es tan grande que ha provocado que dejemos de amar a la gente que nos rodea. Nos hemos puesto en primer lugar sobre cualquier cosa. Si deseamos algo, lo obtenemos sin importar el costo. Estamos dispuestas a ceder en actividades o comportamientos que la Biblia rechaza con tal de no vernos anticuadas. Disfrazamos de oración nuestros anhelos carnales, pidiéndole a Dios que los cumpla en el momento que nos parece adecuado y de la manera que creemos correcta. Amarnos a nosotras mismas nunca ha sido el problema. Este hecho preciso ha llevado a la humanidad al lugar en donde se encuentra hoy. Solo cuando entendemos que Dios existe y que Él es santo, que somos pecadoras y que necesitamos la gracia de Dios mediante la fe en Cristo para nuestra salvación, hacemos las cosas bien. Aprendemos lo que significa amar cuando amamos a Dios y luego a nuestro prójimo. No nos olvidamos del amor propio, sino que aprendemos a amarnos correctamente. Cuando estamos sujetas a Dios, entendemos que amarnos incluye glorificarlo y servir a los demás. Hermana, todo esto nos convierte en la sal del mundo, en el cambio que puede transformarlo.

La iglesia de Creta, ubicada en Grecia, estaba enfrentando este problema. Los congregantes se amaban tanto que, en lugar de ser el cambio que necesitaba ver la ciudad, se habían convertido en cristianos moldeados por la sociedad corrupta. Pablo le escribió esta carta a Tito para que pusiera orden y designara ancianos que lideraran la iglesia (Tit 1:5). Hermana, a través de este libro aprenderemos a ser el cambio que la gente quiere ver.

Tito era un cristiano griego (no judío) que había viajado extensamente con Pablo. Durante sus viajes, Pablo dejó a Tito en la isla de Creta para ayudar a las iglesias de este lugar. La reputación de poblado era increíblemente mala. La gente se caracterizaba por ser corrupta y egoísta. Citando a Epiménides, un poeta cretense, Pablo le advirtió a Tito tener cuidado: “Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos”. (Tito 1:12). Su mala fama era tal que, a lo largo del Imperio romano, ser llamado cretense significaba ser mentiroso. La gente cayó en la trampa de creer que podían ser cristianos a su modo. Habían permitido que su cultura los influenciara en lugar de influir en su cultura. La luz de Cristo no estaba siendo difundida en Creta, en cambio, la oscuridad se había extendido.

Pablo inició la carta recordándole a Tito que el mensaje que estaban predicando, el Evangelio, trata de comenzar y tener una nueva vida en Cristo. Esto es lo que nos da esperanza y vida eterna. Este mensaje fue dado por Dios (Tit 1:2), quien no miente, así como dice Números 23:19: “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente. Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer”. ¡Hay una diferencia gigante entre Dios y los dioses que el mundo ha creado! Nuestro Dios no se parece en nada a nosotros.

Después de que Pablo le recordara a Tito la verdad del Evangelio, le dijo que su prioridad era nombrar ancianos calificados que lideraran las iglesias de la ciudad. Estos servidores de Cristo debían ser irreprensibles, hombres de familia que amaran a su esposa e hijos, dedicados a Dios, hospitalarios, sobrios, justos y templados; debían enseñar, predicar y testificar a Jesús en sana doctrina para instruir a los creyentes y reprender a quienes contradijeran la Palabra (Tit 1:9). De alguna manera, hubo muchos hombres que encontraron su camino en el liderazgo de la iglesia, pero que no tenían las cualidades que debían distinguirlos. Predicaban una mezcla de mitos judíos que hacían que las personas se alejaran de la verdad de Dios. Predicaban lo que fuera con tal de ganar seguidores y dinero. Afirmaban seguir a Jesús, pero sus acciones demostraban lo contrario (Tit 1:10-16). Tito 1:16 dice que eran abominables, desobedientes e inútiles para cualquier buena obra.

Además de esa labor, Tito debía alentar a los cretenses a conducirse como verdaderos cristianos. Debido a las falsas enseñanzas, muchos decían creer en Jesús, pero su fruto reflejaba lo contrario (Mt 7:15-20). Sus actos no solo los afectaban como individuos, también impactaba en su testimonio. Tito debía corregir las falsas enseñanzas y reemplazarlas por la sana doctrina para que, en el poder de Cristo, representaran correctamente el Evangelio.

Las indicaciones que Pablo dejó no son diferentes a lo que hemos visto antes. Los mandatos que Dios nos ha dado aplican igual para todos. Comenzó diciendo que los cristianos deben someterse a sus autoridades, ser obedientes y estar listos para toda buena obra. Los hombres y mujeres mayores deben tener autocontrol, ser sobrios, sanos en la fe y en el amor, y estar firmes en Cristo. Su comportamiento debe ser un modelo para las siguientes generaciones. Las mujeres jóvenes deben ser de ser de un hombre; puras, amables y sumisas; mujeres que amen a sus hijos. Los hombres jóvenes deben tener autocontrol, estar llenos de integridad y ser trabajadores. Los esclavos o empleados deben someterse a sus amos sin discutir. Como cristianas, estas conductas no solo nos llevan a encontrar gozo y paz al glorificar a Dios, además, hacen que la Palabra de Dios no sea blasfemada (Tit 2:5b), que el adversario se avergüence al no tener que decir nada de nosotras, (Tit 2:8b) y adoran la doctrina de nuestro Salvador (Tit 2: 10b).

Seguir a Cristo es un acto que tiene que afectar nuestro estilo de vida sí o sí, pues, cuando lo aceptamos como nuestro Señor y Salvador, nos convertimos en nuevas criaturas (2 Co 5:17). Cuando renunciamos a la impiedad y a las pasiones mundanas para llevar una vida autocontrolada, recta y piadosa, proclamamos nuestra esperanza en Cristo, quien se dio a sí mismo por nosotras para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de las buenas obras (Tit 2:11-14). En Cristo podemos vivir de acuerdo a lo que Dios ha establecido para su gloria, nuestro gozo y para que otros entiendan la gracia que pueden tener en Cristo.

Pablo finalizó la carta diciéndole a Tito que enviaría a algunos amigos para ayudarlo. Le recordó que los cristianos debemos ser conocidos como un pueblo que, a causa de Cristo, vive de manera diferente; obedientes a Dios y listos para hacer el bien. Hermana, evitemos las disputas, seamos amables y corteses con todos, sin hablar más de los demás. Gracias a lo que Jesús hizo por nosotras, hemos sido salvadas para sí mismo y ahora podemos dedicarnos a hacer buenas obras, recordando que nuestras acciones no nos salvan, sino que, por la fe en Cristo, tenemos la capacidad y el anhelo de hacerlas.

Como hemos visto a lo largo de este libro de la Biblia, seguir a Jesús debe cambiar la forma en la que vivimos. Cristo debe impulsarnos a vivir de manera diferente al mundo. A medida que Él nos transforma, nos convertimos en espejos del cambio que otros quieren ver. Cuando somos transformadas por Dios como individuos y como iglesia, podemos permanecer en el mundo sin ser del mundo (Jn 17:11). De esta manera le demostramos a la gente que el cambio que su alma tanto desea se encuentra en Jesús.

VIVE

  1. ¿Cómo estás siendo adornada por el Evangelio para mostrarle a tu comunidad la verdad del amor de Cristo?
  2. ¿De qué manera estás adornando el Evangelio, agregándole o quitándole verdades, a fin de no molestar u ofender a nadie?
  3. ¿Qué ajustes debes hacer en tu vida para ser el cambio que el mundo necesita ver?

LIDERA

  1. Escribe una lista de actitudes y comportamientos que evitan que la verdad y la gracia del Evangelio permee la vida de otros. Arrepiéntete y decídete a compartir las Escrituras claramente con la gracia y el amor de Cristo.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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