¿Alguna vez te has sentido rechazada en una iglesia porque sientes como que hay grupitos y ninguno te recibe? A mi me ha pasado. Mi familia y yo nos hemos cambiado tanto de hogar que a veces me resulta difícil encontrar amigas dentro de la iglesia porque parece que todas están ocupadas, que todos se conocen desde hace tiempo y que nadie necesita otra amiga. Sin embargo, siéndote sincera si llegan nuevas personas a mi iglesia, yo tampoco me acerco a darles la bienvenida.  La carta de 3a Juan me ha puesto a orar pues en ella Juan habla de un verdadero compañerismo Cristiano y de la importancia de abrir mi puerta y ser una familia hospitalaria. Estudiemos juntas 3a de Juan y veamos si esta carta te llega tanto como a mi.

Una vez más, vemos esta carta escrita por “el anciano” quien, como hemos estudiado en blogs pasados, señala a Juan, el apóstol amado. Él está escribiendo esta carta a un hombre llamado Gayo quien era un creyente conocido por su hospitalidad. Esta carta habla de 2 personas diferentes (Gayo y Diotrephes), a las que nos referiremos como tipos. Trata de encontrarte en alguno de estos 2 y ve en donde estas en cuanto a tu hospitalidad.

Juan comienza esta carta expresando su gozo por el hecho de que la salud espiritual de Gayo es mejor que su salud física. Este es un creyente que escucha la Palabra y hace la Palabra. Él es obediente y anima a otros a obedecer con el fin de glorificar y testificar al hecho de que él es un seguidor de Cristo. (3Jn. 1-4). Con una introducción tan fuerte, voy a hacer una pausa y preguntarte algo. ¿Cuánto tiempo te tardas en prepararte para tus actividades diarias? ¿Te ves en un espejo y te cepillas el cabello y te aseguras de que te veas lo mejor que puedes cuando te sales de tu casa?  Ahora bien, ¿cuánto tiempo le dedicas a tu salud espiritual? ¿Te ves en el espejo de La Biblia y te aseguras de ponerte la armadura De Dios (Efesios 5: 10-20) antes de salir a un mundo que odia a Cristo?

Juan continua y alienta y confirma que lo que hace Gayo testifica de Cristo. El Evangelio pudo extenderse por “Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1: 8) debido a predicadores itinerantes o viajantes. Pero estos predicadores necesitaban un lugar para quedarse cuando llegaban a diferentes ciudades.  Así que esperaban que los creyentes abrieran sus hogares. Esto le daba la oportunidad de participar de lo que Cristo estaba haciendo a través de estos “colaboradores por la verdad” (3Jn 5-8). ) Hay personas en tu iglesia que han sido llamadas al campo misionero. Quizás tu no. Sin embargo, esto no significa que no hayas sido llamada a asociarte con ellos, a tener koinonía con ellos, a “ir, por lo tanto, y hacer discípulos a todas las naciones” (Mt.28: 19). Algunos van físicamente, otros dan económicamente, y otros abren sus casas para que estos que predican la palabra de manera itinerante se queden con ellos. Como parte del mismo cuerpo, nos ayudamos los unos a los otros, nos recibimos los unos a los otros y nos asociamos los unos con los otros para que, a través de nuestras vidas, otros puedan experimentar el amor de Cristo y así, Dios sea glorificado.

Juan pasa a condenar a Diotrephes. Diotrephes era un hombre prominente que controlaba algunas iglesias. Él rechazaba a todo predicador itinerante. Incluso presionaba y perseguía a otros que querían acoger a estos predicadores viajeros. Básicamente los echaba de su iglesia. Aparentemente, muchos habían sucumbido a esta presión. El hacer esto demostraba que Diotrephes rechazaba las enseñanzas de Juan. Diotrephes es acusado de “querer ponerse a sí mismo primero” (3Jn 9). La hospitalidad requiere sacrificio. Cuando recibes a alguien en tu hogar, probablemente vas a tener más quehacer en tu casa. Posiblemente tendrás menos tiempo para cumplir con tus actividades diarias normales. Las cosas en su lista de “cosas por hacer” no se harán y probablemente esto hará que te sientas presionada. Pero para amar a Dios y para amar a los demás, debes poner a la gente a tu alrededor primero. Sí, tu agenda es importante. Sí, tus asuntos son importantes … pero si no estás poniendo a las personas primero, no puedes amarlas. Para cumplir el Primer Mandamiento necesitas confiar en que Dios sabe todas las cosas que tienes que hacer, pero que en Su sabiduría, Él te está enviando a un hermano o hermana en Cristo hoy para servirlo. Así muestras tu fe.  Confiando y obedeciendo. Yo fallo en esto frecuentemente. ¿Y tu?

Juan no nos deja sin esperanza. Él anima a Gayo y a nosotros a “imitar lo que es bueno” (3 Jn 11). Juan nos dice que imitemos a aquellos que se sacrifican a sí mismos, que sacrifican sus intereses, que ponen a otros en primer lugar al ser hospitalarios en ell amor de Cristo y que acogen a otros.  Nos da como ejemplo a un hombre llamado Demetrio. Y con una pequeña esperanza de ver a Gayo pronto, Juan termina esta pequeña carta.

Así que hermana, ¿qué aprendemos de 3a Juan? Aprendemos que la hospitalidad importa porque a través de ella mostramos nuestro amor por Dios y nuestro amor por los demás. Aprendemos que al recibir y dar la bienvenida a otros, nos hacemos partícipes de lo que Dios está haciendo en el mundo a través de nosotros y por medio de ellos. La hospitalidad importa porque la gente importa. Así que hoy, hermana, quiero preguntarte, ¿cuál es la disposición de tu corazón con personas nuevas en tu iglesia? ¿Pausas lo que tienes que hacer y abres tu casa? Y si como yo, fallas, ¿te unirías a mí en oración para que Dios nos permita ser hospitalarias y por medio de eso glorificarlo?
___
De rodillas #cautivadaenSugracia

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

Leave a Reply