Déjame contarte la historia de una niña que nació en España en 1975. Sus padres cometieron un error. Todavía no habían terminado sus estudios y eran demasiado jóvenes para comprometerse con la crianza de una bebé, lo que los llevó a darla en adopción. Durante esa época, era común que la gente buscara una “mejor” familia paralos bebés. Esto comenzó en la posguerra, por lo tanto, la mayor parte de los niños que eran separados forzosamente de sus padres pertenecían a familias con ideas contrarias a las del régimen de Franco. En consecuencia, los bebés eran entregados a familias con ideas “más convenientes”.1

Se dice que hubo más de 300,000 niños robados en España en aquel tiempo, sin embargo, este caso en particular fue una adopción legal, ya que todos los documentos se encontraban en orden. Los padres de la bebé eran extranjeros: padre americano y madre mexicana; y tenían un hijo de siete años de edad cuando realizaron la adopción de la niña. 

Cuando la bebé tenía diez meses de vida, la familia se mudó de España a Puerto Rico, y más adelante, cuando ella tenía seis años de edad, se mudaron a México. Su infancia fue linda y de joven tuvo la oportunidad de seguir viajando. Finalmente, conoció a un hombre mexicano que amaba a Dios y se casó con él. A los diez años de casados, Dios los llevó a vivir a Estados Unidos con sus hijas. Hasta la fecha, ella se asombra de ver cómo Dios la guio desde España a Puerto Rico, luego a México y, por último, a Estados Unidos. 

Acabo de contarte mi historia brevemente. Sí, soy adoptada. ¿Sabes qué es lo más sorprendente? ¡Fui adoptada dos veces! La primera vez en España a los once días de nacida, y la segunda a los trece años de edad cuando decidí seguir a Cristo y formar parte de su familia. ¡No hay duda de que soy sumamente afortunada! Mira las siguientes cifras: 

UNICEF y sus aliados mundiales definen a un huérfano como un niño o niña que ha perdido uno o ambos progenitores. De acuerdo con esa definición, en 2015 había casi 140 millones de huérfanos en todo el mundo, incluyendo 61 millones en Asia, 52 millones en África, 10 millones en América Latina y el Caribe, y 7.3 millones en Europa del Este y Asia Central. Estas cifras comprendían no sólo a los niños que habían perdido ambos progenitores, sino también a los que habían perdido el padre, pero no la madre, o que eran huérfanos de madre, pero tenían padre.

De los casi 140 millones de niños clasificados como huérfanos, solo 15.1 millones habían perdido ambos progenitores. Existen pruebas convincentes de que, en su gran mayoría, los huérfanos y huérfanas viven con uno de sus progenitores, sus abuelos u otros miembros de su familia. En el 95% de los casos, se trata de niños y niñas mayores de cinco años.2

Vivimos en un mundo de huérfanos. De hecho, creo que la cifra que da esta organización debería ser mucho mayor. En estos días, es común que uno de los padres abandone su hogar y que los hijos crezcan sin él o ella. Esto no siempre es visto como orfandad dado que los padres no han muerto. Esta es la realidad: la mayoría somos huérfanas de alguna forma u otra. Todas hemos experimentado el abandono y el rechazo. Sin embargo, el seguir a Cristo cambia esta verdad drásticamente.  

Gálatas 4:4-7 (NTV) dice lo siguiente:  Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos; y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar “Abba, Padre”. Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero.

Desmenucemos el pasaje: 1. Dios tiene un tiempo establecido para todas las cosas. Nada sucede cuando tú y yo queremos o cuando creemos que pasará. Recordemos que el tiempo de Dios es perfecto. 2. Dios tiene un orden, un cómo, un porqué y un para qué. Desde antes de la fundación del mundo, Él ya tenía un plan. 3. Cristo se humilló haciéndose hombre y se sujetó a la ley. Él es el ejemplo primario de humildad y sumisión. ¿Por qué sujetarse a los mandatos de este mundo siendo Dios? Lo hizo por ti y por mí. Cristo fue el sacrificio perfecto. 4. Había un motivo. Cristo murió para darnos libertad y para adoptarnos en su familia. Te preguntarás, ¿libertad de qué? De la esclavitud de este mundo. ¡Qué gran contraste! ¡Pasamos de ser esclavas a hijas! 5. Dios puso su espíritu en nuestro corazón. 6. Es por la sangre de Cristo que podemos llamar a Dios “Abba, Padre”. 7. Somos hijas y herederas del dueño de TODO el mundo; somos coherederas de Cristo. 

Mientas el mundo nos rechaza, Dios nos acepta. Amor en lugar de temor; pertenencia en lugar de abandono. Hermana, tú y yo tenemos el honor de formar parte de su familia, ¡y hasta nos incluyó en su testamento! Dios es asombroso y justo. Él nos ha dado una vida llena de riquezas trascendentales que van más allá de lo que jamás pudimos haber imaginado. 

Entonces, si tenemos todo esto en Cristo, ¿por qué nos encontramos mendigando amor y aceptación? Lo hacemos todo el tiempo, ¿te has dado cuenta? Buscamos amor como desesperadas, como si necesitáramos que alguien se apiadara de nosotras. Estamos dispuestas a recibir las sobras y no lo que merecemos.  Nos encontramos brincando de arriba abajo, haciendo todo tipo de ademanes y malabares para que nos noten. Y si no estás de acuerdo conmigo, sólo abre tus redes sociales y cuenta las publicaciones que has hecho este mes. Tan simple como pensar en lasveces que te has hecho la víctima con alguna de tus amigas o con tus familiares. Tal vez te encante tomar el control de las conversaciones o de las decisiones que se deben tomar porque siempre crees tener la razón. Probablemente sobresalgas en las reuniones por el volumen de tu voz o por los chistes que cuentas, ¡todo con tal de llamar la atención! Y si eres introvertida, ¿alguna vez te has hecho la enferma para que te atiendan cuando en realidad no te sientes tan mal? Medítalo por un momento y sé honesta contigo misma. ¿Cuáles son las cosas que haces para sentirte amada y vista? Buscamos desesperadamente el amor en este mundo, y si no lo recibimos, sentimos que moriremos de soledad. 

Hace poco me reuní en consejería con una amiga. Ella me contó cómo le rogaba a su hijo que no fuera tan grosero con ella. Le suplicaba que se diera cuenta de cuánto lo amaba y le pedía que le demostrara el mismo amor. En otra sesión de consejería me topé con una persona que constantemente era la víctima de cada situación. No podía salir de ese bache porque la atención que le daban nunca era suficiente para sentirse bien. Finalmente, terminó yéndose de nuestra iglesia porque, sin importar cuántas veces la buscáramos, ella no estaba satisfecha. Vivimos persiguiendo el amor en los lugares equivocados. 

Mi maestro de consejería bíblica dio una ilustración en una clase que me pareció completamente acertada. Imagínate que vas caminando hacia el altar el día de tu boda. Miras al novio y notas que se encuentra radiante. ¡Ha esperado ese día con ansias! Mientras avanzas, entra una llamada a tu teléfono, la tomas y te distraes.Continúas caminando hacia él cuando algo brillante aparece y te detienes para ver qué es. En este ejemplo, el novio representa Cristo, quien hizo todo para darnos libertad y que nos espera lleno de amor y alegría. La novia nos representa a nosotras. Conocemos el camino y sabemos que el novio está esperándonos para darnos todo su amor, pero nos distraemos fácilmente y olvidamos que todo lo que buscamos está en Cristo. 

Al parecer, vivimos con la mentalidad de orfandad. Sin importar cuál haya sido nuestra historia de pequeños, crecemos pensando y sintiéndonos como huérfanas. La identidad que el mundo nos da es errónea. Vivimos creyendo que estamos solas y que nadie nos protege; que no contamos con nadie y que no somos amadas. Muchas veces creemos que no nos aceptan porque no somos suficientes. ¡Estas son mentiras! La identidad que Dios nos ha dado como sus hijas es completamente opuesta. En Cristo somos amadas profundamente y hemos sido aceptadas, rescatadas y adoptadas por el ser más maravilloso del universo. No hay nada que hagas o dejes de hacer que cause que Dios deje de amarte. ¡Créelo! ¡Eres amada! Si haces o no haces, si dices o no dices, si te esfuerzas o no te esfuerzas, ¡Dios te está amando! 

Tal vez te estés preguntando qué es lo que necesitamos para cambiar estos pensamientos y conductas. La clavees conocer al Padre, a Dios. Debemos acercarnos a Él confiadamente y recibir su amor. Entre más lo conozcamos, será menor el deseo de sentirnos amadas por el mundo. ¡El amor de Dios es increíble y suficiente! ¡Nada llenará el vacío que sólo Él puede llenar!

APRENDE

• Lee Romanos 8:15. 1. ¿Qué espíritu recibimos? 

2. ¿Quién nos adoptó como sus hijas?3. ¿A quién llamamos Padre?

VIVE

• Esta semana, registra en un cuaderno o en tu diario todas las veces que te encuentres buscando atención o amor. Sé sincera contigo misma. Este registro es personal y es sólo para que te des cuenta si lo haces o no y con qué frecuencia.  

• Si has dejado de lado la lectura diaria de la Biblia, es hora de que te pongas al día con tu tiempo devocional. Si no sabes por dónde comenzar, te recomiendo leer 1 Juan. Lee una pequeña porción (menos de 10 versículos), medita en ella, escribe lo que estés pensando y lo que te estés preguntando. Aplica lo que aprendiste diariamente de manera práctica.

LIDERA

• Lee 1 Juan 2:15-17.1. ¿Qué perspectiva pide Dios que tengamos? 

2. ¿Cómo puedes enseñarle a los que te rodean a tener esta perspectiva eterna? 

1https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/01/110128_espana_ninos_robados_lr 
2 https://www.unicef.org/es/hu%C3%A9rfanos

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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