Uno de los sueños más grandes que tenemos los padres es ver nacer a nuestros nietos. Cuando yo nací, ninguno de mis cuatro abuelos vivía. ¡Me hubiera encantado sentarme a su lado y escuchar sus aventuras! Afortunadamente, el Señor me ha dado la bendición de ver nacer y crecer a mis nietas. ¡La experiencia ha sido indescriptible! Hoy, mi corazón se llena de gozo al verlas crecer en la Palabra de Dios. 

La Biblia nos presenta dos personajes especiales que esperaban ansiosamente el cumplimiento de la Palabra de Dios. ¡Nunca imaginaron presenciar uno de los momentos más especiales de la vida de Cristo! Veamos qué fue lo que sucedió y cómo lo vivieron. 

María y José llamaron al niño como el ángel les indicó: Jesús. En Lucas 2:21-32 vemos que los padres de Cristo fueron obedientes al cumplir los requerimientos de la ley. Lo circuncidaron al octavo día como lo indicaba la ley (Gn 17:10), lo presentaron en el templo y ofrecieron un sacrificio como ofrenda a Dios (Lev 23:1-8). Estos eventos eran significativos para cualquier pareja en Israel que tuviera hijos. En Gálatas 4:4, Pablo nos recuerda que Jesús nació bajo el periodo de la ley, el cual concluyó con su muerte y resurrección. Ahora, por la gracia de Cristo, ya no son necesarias las ordenanzas bajo las que vivían los israelitas. 

La Biblia nos cuenta que en Jerusalén había un hombre llamado Simeón. Él era justo, temeroso de Dios y piadoso. Simeón conocía la promesa de la llegada del Salvador al mundo y la aguardaba expectante. El Espíritu Santo estaba con él y le había hecho saber que no moriría sin antes conocer al Mesías. Dirigido por el Señor, Simeón asistió al templo el mismo día en que María y José fueron a presentar a Jesús. Cuando Simeón lo vio, lo tomó en sus brazos, alabó a Dios y levantó una oración por Israel y las naciones: “Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz.Porque ya he visto la salvación que has comenzado a realizar a la vista de todos los pueblos, la luz que alumbrará a las naciones y que será la gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2:29-32).  ¡Qué increíble promesa de Dios para Simeón! ¿Te imaginas? ¡Fue un testigo fiel de que el Salvador del mundo finalmente había nacido! Simeón no solamente vio llegar a Jesús con sus padres, ¡también lo tomó en sus brazos! ¡Qué maravillosa debió haber sido esta experiencia! 

Los padres de Jesús estaban asombrados de todo lo que se decía sobre su hijo. Simeón, después de bendecirlo, se dirigió a María con una palabra sobre el ministerio de Cristo y acerca del dolor que significaría para ella como madre verlo sufrir en la cruz (Lc 2:34-35). Esta palabra exalta el poder del sacrificio de Jesús sobre la humanidad. ¡Qué gran recepción preparó Dios para Jesús en su primer día en el templo! 

Este mismo pasaje (Lc 2:36-38) nos cuenta que también estaba allí Ana, una mujer viuda de muy avanzada edad. Ella era profetisa y permanecía en el templo día y nocheadorando a Dios en ayuno y oración. Ana estuvo presente en el momento en el que Simeón vio a Jesús. ¡Puedo imaginar a esta anciana contando sobre el nacimiento del Mesías! Toda su vida había estado declarando las palabras proféticas acerca de la llegada del Salvador y finalmente vio cumplir la promesa. ¡El tiempo había llegado! 

¡Qué gran consuelo para todas las familias de la Tierra! ¡Dios cumplía su promesa de habitar entre su creación! Hermana, ese fue su plan desde el inicio: habitar entre nosotros y con nosotros. ¿No te parece maravilloso?  María y José regresaron a su casa en Nazaret y Jesús creció fuerte y lleno de sabiduría (Lc 2:40). 

El Señor fue cuidadoso en cada aspecto del nacimiento de Cristo. Simeón y Ana conocían la Palabra de Dios y durante toda su vida tuvieron fe en ella. Dios los eligió para ser testigos fieles de la promesa que ellos estuvieron esperando durante toda su vida. Hoy, tú y yo estamos a la espera del regreso de Jesucristo al mundo. Deseo que tengas puesta tu esperanza en el Señor y que permanezcas firme en Él como lo hicieron Simeón y Ana. 

APRENDE

• Lee Lucas 2:21-38

1. ¿Por qué motivo llevaron María y José a Jesús al templo?

2. ¿Quiénes fueron las personas que presenciaron la visita de Jesús al templo?

3. ¿Qué hacían estas dos personas en el templo cuando Jesús llegó?

4. ¿Cuál fue la palabra que le dio Simeón a María?

VIVE

Es cierto que los años nos dan experiencia, pero ninguna edad nos limita para crecer en conocimiento de Jesús. 

• Si eres madre, instruye a tus hijos en la Palabra desde pequeños para que crezcan en la gracia de Dios. 

• Evalúa tu conocimiento acerca de la Biblia y a través de la comunión que tienes con Dios. Recuerda que el conocimiento no sólo debe ser intelectual, es necesario que profundicemos en nuestra comunión con el Señor para que nuestro carácter se asemeje al de Jesús y vivamos una fe genuina. 

LIDERA

• Reúnete con un grupo de amigas o hermanas y tomen un tiempo de gratitud recordando que, de generación en generación, Dios ha prometido bendecir a todas las familias.

Reformadas

Reformadas

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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