Nos encontramos al término del Antiguo Testamento y cerramos con uno de mis libros favoritos de la Biblia, Malaquías. Este libro es un claro reflejo del amor implacable, fuerte y feroz que Dios tiene por nosotras. Malaquías nos muestra que es tiempo de dejar de buscar la felicidad en lugares que nos están destruyendo y que nunca nos satisfarán, pues lo que nuestras almas anhelan solo se encuentra en Dios y, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Él está ansioso de que nos acerquemos para hallar plenitud. Hermana, el gozo, la alegría y la paz están a la puerta.  ¡Estudiemos este libro y aprendamos más de la hermosa Palabra de Dios!  

El nombre de Malaquías significa “mensajero”. Este hombre vivió aproximadamente un siglo después de que los exiliados regresaran a Jerusalén, construyeran el segundo templo y reedificaran la ciudad y la muralla. Si recuerdas los últimos dos libros que estudiamos, quienes salieron del exilio babilónico estaban emocionadas porque creyeron que ese sería el momento en el que el Mesías llegaría a establecer su reino, pero a medida que esperaban, comenzaron a desanimarse. Bueno, pues cien años después, encontramos una generación de israelitas completamente nueva que, como tú y yo muchas veces, se impacientó y decidió ignorar los mandatos de Dios, pues parecía que su llegada jamás se haría realidad. Al ver este comportamiento, Dios envió a Malaquías para recordarles con severidad cómo es su gran amor y que su palabra es verdadera, esto con el fin de darles esperanza de que Jesús llegaría y de que valía la pena esperar en obediencia. 

El libro comienza con un tierno mensaje por parte de Dios para los israelitas, su pueblo. En él, Dios les dijo: “Yo siempre los he amado” (Mal 1:2). ¡Qué hermoso recibir esas palabras del Señor! Desafortunadamente, reaccionaron de forma terrible. Su respuesta fue: “¿Cómo nos has amado?”. ¡Qué desafiante! Fue como decirle que no le creían, que se los demostrara. Dios, en su gran paciencia, les hizo ver que son el pueblo elegido por Él desde la fundación de la Tierra por medio del rechazo de Esaú (Ro 8:30, 9:13). Si lo pensamos bien, la reacción que tuvieron es muy similar a la que toda la gente tiene. Una y otra vez escuchamos a gente cansada de soportar tanto mal e injusticias; enojada con Dios por las dificultades de la vida y olvidando sus increíbles promesas. Pero el Señor siempre está presente, recordándonos que su amor es el único camino que puede ayudarnos a alcanzar la meta, incluso cuando la vida se torna difícil. 

Más adelante, en la segunda discusión, Dios acusó a Israel de profanar su templo. Cuando estudiamos el tabernáculo en Éxodo, vimos que el templo de Dios debía ser el centro de su ciudad y de sus vidas. Además, si ellos obedecían y amaban a Dios, Él los bendeciría. Dios hizo responsable a esta generación de demostrar muy poco respeto hacia Él al llevar ofrendas cojas y mutiladas, lo cual estaba prohibido (Lev 17:11). A pesar de que Dios los confrontó, puedo percibir el anhelo de que su pueblo se volviera a Él, y una tristeza porque la gente se estaba lastimando a sí misma.

No sé si te haya pasado, pero muchas veces pensamos que Dios necesita nuestra obediencia, sin embargo, la verdad es otra, Él no la necesita en lo absoluto. Dios sigue siendo Dios sin importar qué hagamos, no cambia ni se hace más o menos. Siempre, hermana, el beneficio es para nosotras; la obediencia en Cristo da plenitud de vida. Así que, en esta discusión, podemos ver el verdadero corazón de nuestro Padre y el deseo para que hallemos gozo en su presencia. 

La tercera acusación trató sobre cómo el matrimonio que Dios instituyó entre un hombre y una mujer estaba siendo profanado. Los israelitas se estaban uniendo con mujeres paganas, por lo tanto, empezaron a adorar ídolos falsos y a criar niños sin el amor y la esperanza de Dios. Esta mala decisión dio como resultado una enorme ola de divorcio. El impacto de estos actos es directamente en la sociedad: pobreza, mujeres solas, niños sin padres, etc. En el intento de encontrar felicidad siendo desobedientes, encontraron la ruina de sus vidas.

Durante la cuarta disputa, los israelitas le preguntan a Dios en dónde estaba su justicia. ¿Por qué la vida en Israel era tan mala y por qué no había hecho nada para cambiar la situación? Dios pudo haberles dado una lista completa de razones sobre los convenios, leyes y cómo cada acción estaba cosechando su fruto (Ga 6:7). Probablemente yo lo hubiera hecho, pero Dios no es así, así que les respondió con amor y esperanza. Dios les dije que, a pesar de la corrupción que inundaba sus vidas, Él enviaría a un mensajero para preparar el camino al Padre y para que, finalmente, su remanente disfrutara de las bendiciones que les tenía preparadas (Mal 3:1).

Dios continuó exhortándolos a que se volvieran a Él. Además, les recordó otra de las muchas provisiones que les dio como medio de gracia para mantener su corazón en adoración: el dinero. Dios les pidió que llevaran la ofrenda del diezmo a su templo. Hay que aclarar que no es porque Dios lo necesite, Él es dueño de todo. Dios los invitó a hacerlo porque, en donde está nuestro tesoro, también está nuestro corazón (Mt 6:21). Observa cómo hizo hincapié en que esta acción es de provecho para nuestro corazón, no se trata del valor del dinero ni de ninguna otra cosa.

La fidelidad fue el último tema que Israel trató con Dios. Los israelitas le expresaron que serle fiel era difícil. Las malas personas tienen éxito, el mal queda impune, y las pruebas y las dificultades de esta vida nos dejan por los suelos, ¿para qué molestarnos en ser obedientes y fieles a Dios? No obstante, el Señor les señaló la importancia de las Escrituras en sus vidas. Es a través de la Biblia que conocemos el corazón, la mente y el plan de Dios. Como Deuteronomio 32: 47 dice, no son solo palabras ociosas, sino nuestra propia vida. Hermana, recordemos que las Escrituras son inspiradas por Dios y son útiles para enseñar, redargüir, corregir y entrenar en justicia (2 Tim 3:16). ¡No hay discusión! En la Biblia encontraremos a Dios. De hecho, al leerla, podemos regocijarnos en que el gran día del Señor llegará. Será un día en el que juzgará el mal y establecerá su reino. Cuando ese día llegue podremos gozarnos en su presencia. Así que, hermana, la Biblia es necesaria para que podamos permanecer fieles a nuestro llamado en Cristo mientras esperamos el cumplimiento de sus promesas. Malaquías nos recuerda esta gran verdad.

Podemos concluir Malaquías con dos versículos que tratan de  la ley y los profetas. Malaquías 4:4-5 dice: “Acuérdense de obedecer la ley de Moisés, mi servidor, todos los decretos y ordenanzas que le entregué en el monte Sinaí para todo Israel.Miren, les envío al profeta Elías antes de que llegue el gran y terrible día del Señor”. La ley nos recuerda que fue dada para nuestro beneficio, para que podamos entender que somos completamente incapaces de cumplirla. Los profetas nos señalan una y otra vez que la única forma de restaurar nuestra relación con Dios es a través de Jesús. Dios cerró el Antiguo Testamento recordándonos la esperanza que tenemos en Cristo, y esta es una gran noticia para nosotras. 

VIVE

1. Ya que Dios es paciente en juzgar, ¿vives creyendo que no vendrá y actúas de la forma que tú quieres? 

2. ¿Cómo te alientan las disputas de las que Malaquías habla? ¿Qué cambios debes hacer en tu vida recordando las exhortaciones que, al final de cuentas, son de beneficio para tu vida?

3. ¿Cómo te animan las promesas de Cristo y de la gloria futura para vivir fielmente el día de hoy?

LIDERA

1. ¿Qué versículos de Malaquías puede usar para enseñar que la ley no fue dada para cumplirla sino para llevarnos a Cristo?

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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