Pregunta: Si somos liberados por Cristo de todos nuestros pecados y miserias sin merecimiento alguno de nuestra parte, sino solo por la misericordia de Dios, ¿por qué hemos de hacer buenas obras?
Respuesta: Porque después de que Cristo nos ha redimido con su sangre, nos renueva también con su Espíritu Santo a su imagen, a fin de que en toda nuestra vida nos mostremos agradecidos a Dios por tantos beneficios (a) y que Él sea glorificado por nosotros (b). Además de esto, para que cada uno de nosotros sea asegurado de su fe por los frutos (c). Y finalmente, para que, también por la piedad e integridad de nuestra vida, ganemos a nuestro prójimo para Cristo (d).
Versículos de apoyo: (a) Romanos 6:13; 12:1, 2; 1 Pedro 2:5, 9; 1 Corintios 6:20. (b) Mateo 5:16; 1 Pedro 2:12. (c) 2 Pedro 1:10;Mateo 7:17; Gálatas 5:6, 22; (d) 1 Pedro 3:1, 2; Romanos 14:19.

¿Te has preguntado alguna vez por qué Jesús nos dijo que nos quedáramos en el camino recto y estrecho (Mt 7:13-14)?  Creo que es porque sabe que somos mujeres de extremos. Nos encanta vivir en ellos.  En términos generales, no nos gusta el sentimiento incómodo de las paradojas que nos llevan a andar por ese camino recto y estrecho, pero ahí es, querida hermana, en donde encontramos a Dios. ¿Qué quiero decir con esto?  ¡Estudiemos la pregunta 85 del Catecismo de Heidelberg para averiguarlo!

Amamos la sensación de logro.  Estamos ansiosas por encontrar checklists en la Biblia, ¡pues nos encantan! Cumplir los Diez mandamientos, tener un tiempo devocional, apartar unos minutos de oración, establecer días de ayuno. ¡A quién engañamos! Nos gusta tachar cada una de nuestras actividades a medida que las vamos llevando a cabo. Desafortunadamente, a menudo olvidamos que ninguna de nuestras listas, sin importar cuán larga sea ni que tan bien la cumplamos, nos salva.  La salvación es solo por gracia, a través de la fe y solo en Cristo para su gloria. Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Nuestras acciones, nuestras obras, aun siendo las mejores e inigualables, jamás podrán salvarnos.

Ahora, tampoco podemos presumir de lo activas que somos. Debemos reconocer que hay momentos en los que también nos encanta la idea de no hacer nada, de simplemente descansar y dejar que el tiempo pase. Este hecho no solo aplica en nuestras actividades cotidianas. Espiritualmente, porque hemos sido salvadas, a veces escuchamos una vocecita que dice que no necesitamos hacer nada: “Ya eres salva, ya puedes pecar”. Decir “pequeñas” mentiras, albergar pensamientos de envidia y celos en nuestros corazones, murmurar malas palabras a las personas que nos estorban, criticar a nuestra vecina, eso y mucho más hacemos.  Pensamos que el ser salvas nos da entrada libre haciael libertinaje. Tengamos siempre presente este versículo de 1 Juan 3:18: “Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino dehecho y en verdad”. Hermana, decir que somos salvas no necesariamente significa que somos salvas.  Entonces nos preguntamos, ¿cómo reconciliamos estos versículos?

La respuesta es simple: en Cristo.  Solo Cristo nos salva.  Son sus buenas obras, su justicia, su vida perfectamente sin pecado, su muerte en la cruz, todo lo que Él es y representa es lo que nos da la salvación y la vida eterna. Es tener fe en la muerte expiatoria de Cristo en la cruz, creer en su señorío, confiar en que Él es quien dice ser, de otra forma, no podemos ser salvas; la salvación es por gracia de Dios. Nuestras buenas obras no mueven a Dios para ser misericordioso con nosotras, es su elección.  Nuestras buenas obras no nos hicieron ganar una buena posición frente a Él, es la buena obra de Cristo.  Nuestras buenas obras no pueden darnos una buena relación con Dios, es Él quien viene a nosotros y nos justifica.  No podemos salvarnos a nosotras mismas, solo Jesús nos salva para que pueda recibir toda la gloria.

Ahora bien, querida hermana, tenemos que preguntarnos, ¿hacia qué nos salva?  Y aquí es donde entran en juego las obras.  Somos salvas para buenas obras (Ef 2:10).  Somos salvas para ser ahora esclavas de su justicia (Ro. 6:18).  Somos salvas para dar fruto (Jn 15: 4-5).  Somos salvas y adoptadas, por lo tanto, nuestras obras son un mero reconocimiento de la paternidad de Dios sobre nosotras (1 Ts 4: 3, Santiago 2: 17-18).

La salvación que nos es dada solo por la gracia de Dios y por fe en Cristo, nos impulsa hacia las buenas obras. Las buenas obras son meramente una garantía, un resultado lógico de nuestra salvación.  La gracia de Dios y nuestras obras están en constante juego durante nuestra vida haciéndonos morar en la gracia y la libertad de Cristo mientras que, al mismo tiempo, hacemos buenas obras debido a la gracia y libertad que Cristo nos ha dado.  “Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Filipenses 2:12-13).

Trabajamos nuestra salvación diligentemente, con temor y temblor, porque Dios trabajó, está trabajando y continuará trabajando en nosotras, tanto el querer como el hacer solo para su gloria. Esa, querida hermana, es precisamente la paradoja en la que vivimos hoy.

Así que hoy, hermana, te pregunto, ¿estás viviendo en los extremos?  ¿Estás confiando en tus buenas obras para salvarte?  No te engañes.  Recuerda que la salvación no es por tus obras,sino por la obra de Cristo.  Hermana, ve a la cruz, en donde encontrarás la libertad para dejar de trabajar para tratar de ganar tu salvación.  ¿Estás descansando en tus laureles y piensas que porque eres salva ahora puedes vivir una vida de libertinaje como cristiana mundana?  No te engañes.  Recuerda que Cristo te salvó hacia las buenas obras.  Hermana, dirígete hacia la cruz, en donde encontrarás la libertad para hacer buenas obras, nopara lograr tu salvación sino para descansar sabiendo que has sido hecha salva para algo mucho mejor.  La cruz es lo que nos hace vivir en ese camino recto y estrecho.  Oro para que seamos mujeres que viven y mueren a los pies de la cruz de Cristo.

___
Trabajando en Su libertad.

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

Leave a Reply