Mi esposo dice que cuando mentimos es como si creáramos un mundo nuevo para la persona que nos escucha. Esa persona vivirá de acuerdo a la información que se le ha dado, por lo tanto, es probable que se comporte de una manera en la que no debería. Las ideas y en lo que creemos sí importan, pues es así como regimos nuestra vida.

Como cristianas, es fundamental que estemos profundamente enraizadas en la Palabra de Dios, porque en ella vivimos y en ella moriremos. Necesitamos creer sin sombra de duda que Dios es verdadero, que Cristo es verdadero, que el Espíritu Santo es verdadero, que la Biblia es verdadera. Nuestra vida eterna y la de aquellos a quienes les compartimos las buenas nuevas están en juego.

Muchas personas han creado sus propias ideas de Jesús y de la salvación, envolviendo a otros con esos pensamientos. Esto fue lo que estaba sucediendo en el tiempo de Juan. Una importante cantidad de creyentes estaba confundida por la información que se difundía. Juan escribió esta carta para recordarles cómo vivir a la luz de la verdad absoluta de Dios. ¡Estudiemos juntas este libro y descubramos qué tiene Dios para nosotras!

Aunque esta carta es anónima, pues no se menciona ningún autor, estudiosos bíblicos y documentos históricos señalan a Juan, el apóstol amado, como el escritor. Los investigadores creen que la carta fue escrita en el año 95 d.C., cuando Juan vivía en Éfeso, lo que indica que era el único apóstol que seguía con vida y que, además, ya era grande de edad.

Durante este periodo surgieron un montón de falsas enseñanzas. Una de ellas era la que hoy en día conocemos como Gnosticismo. Los seguidores de esta filosofía afirmaban tener un conocimiento superior. Decían, básicamente, que Dios, siendo espiritual, no tenía nada que ver con el universo material. En consecuencia, Cristo no había venido en la carne, sino que tenía la apariencia física pero solamente era espíritu. Basados en esta afirmación, vivían como querían, explorando todos los deseos carnales porque, según ellos, no importaba. ¡Por supuesto que todo esto era falso! Desafortunadamente, estaba atrayendo a los hijos de Dios.

Para evitar que los hermanos en Cristo se desorientaran, Juan comenzó recordándoles que Jesús es Dios en la carne; que Cristo estaba allí cuando todo fue creado como la palabra de vida (Gn 1: 1); y que Juan y los otros apóstoles habían visto, tocado y escuchado a Jesús. Por otro lado, los apóstoles se encargaron de compartir las enseñanzas de Cristo para que podamos vivir en compañerismo a través de Él (koinonía: participación en Cristo). Hermana, solo cuando tenemos comunión con Dios por medio de Cristo, podemos tener una verdadera comunión con los demás. Juan hizo gran énfasis en cómo tener una relación con el Señor y con nuestros hermanos afecta nuestra vida. Por cierto, puedes leer más sobre este tema en nuestro artículo sobre el libro Filemón.

Juan buscaba que estuvieran arraigados en otra verdad absoluta: Dios es luz (1 Jn 1:5-3:10). La luz significa luz espiritual. Jesús es la luz del mundo (Jn 8:12), por lo tanto, tenemos que caminar en ella. ¿Y qué es caminar en la luz? Es tener una vida de obediencia y arrepentimiento (1 Jn 1:7-10); la base de toda vida cristiana. Obedecemos, pero muchas veces fallamos en el intento y pecamos. Sin embargo, Cristo pagó por nuestros pecados, y ese gran acto de amor nos permite regresar libremente a la cruz para confesarnos y ser perdonadas. El ciclo se repite, pero poco a poco nuestro apetito por el pecado disminuye (1 Jn 1:5-2:6, 1 Jn 2:15-17) y nos permite mirar hacia la eternidad, fijando nuestras metas en las promesas de la gloria futura que tenemos en Cristo.

La luz también tiene otro significado: amar a los demás (1 Jn 2:9). La relación que tenemos con Jesús nos lleva a amarnos y a servirnos unos a otros (1 Jn 2:7-14). De igual manera, nos conduce a dejar de amar las cosas del mundo.

Juan continuó advirtiéndoles sobre los anticristos (1Jn 2:18-3:10). Él afirma que cualquiera que enseñe evangelios que no estén fundamentados en Cristo es anticristo (1 Jn 4:1-21). De esta forma, cualquiera que predique que la salvación no se obtiene únicamente a través de la fe en Dios, miente y es anticristo. Hermana, estos falsos maestros están en todas partes. Van a las congregaciones y dicen amar al prójimo, pero no es cierto. Tratan de engañar a la gente diciendo que Jesús no es Cristo, el Mesías. Muchos dirán que las enseñanzas de Jesús son buenas, pero que Él no es Dios, y eso es una mentira. Otros dirán que hay muchas formas de llegar a Dios, pero que Cristo no es el camino, ni la verdad, ni la vida (Jn 14: 6), y eso también es falso. Escucharás que ahora que has sido perdonada podrás seguir pecando y teniendo comunión con Cristo; una mentira más (Ro 6: 1-2). Todas estas mentiras llevan a la perdición. Pero, hermana, ¡debemos estar atentas! Cuando permanecemos firmes en la verdad y obedecemos la voz de Dios, cuando caminamos en la luz de su Palabra, nada ni nadie te harán caer.

Más adelante, Juan nos recuerda que Dios es amor. Tenemos comunión con Cristo precisamente por su misericordia. Y si no nos mantenemos en el amor de Dios, perteneceremos a la muerte (1Jn 3:14). En cambio, si persistimos en el amor de Cristo, podremos amar a nuestro prójimo de forma sacrificada, no porque al vivir así obtengamos salvación, sino porque al obedecer a Cristo somos llenas de gozo y esto da testimonio a los que nos rodean (1Jn 3:11-24). Este amor está arraigado en el hecho de que Dios nos amó tanto que dio a su Hijo por nosotras (1Jn 3:16) mientras éramos pecadoras (Ro 5: 8). ¡¿No te parece increíble?!

Seguramente has escuchado que el amor de Dios tiene poder, ¡y es cierto! En el amor de Cristo podemos vencer al mundo. Cuando creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador, podemos confiar y obedecer sus mandamientos para dar testimonio acerca de la verdad del Hijo de Dios, quien nos permite poner nuestros ojos en la eternidad y en las promesas de la gloria futura, para así, vivir vidas victoriosas caminando en luz y en amor (1 Jn. 5:1-12).

Juan finaliza la carta resaltando la confianza que obtenemos en Cristo cuando vivimos como hijas de Dios, confiando en que en Cristo tenemos vida eterna (1Jn 5:13). Estamos seguras de que, cuando oramos, Dios nos escucha y nos responde de acuerdo a su voluntad (1 Jn 5:14-17). Vivimos en victoria sobre el pecado, pues el deseo que teníamos de pecar se va destruyendo en Cristo (1Jn 5:18-19). En Dios, somos capaces de guardarnos de los ídolos (1 Jn 5:21), porque sabemos que lo que tenemos es real y es bueno; es Dios mismo.

Querida hermana, la carta de 1 Juan nos enseña la importancia de conocer la verdad y vivir firmes en ella. Nuevamente, aunque la salvación se obtiene solo por la fe en Cristo, esta fe nos impulsa a tener una vida de obediencia fiel donde hacemos lo que Cristo nos pide no por temor a perder nuestra salvación, sino por el gozo que nos regala.

VIVE

  1. ¿Estás teniendo una vida que demuestra que has confiado en la luz y en el amor de Dios?
  2. ¿Qué estás haciendo para establecerte en la verdad de Cristo y para alejarte de las falsas doctrinas?
  3. ¿De qué manera puedes ayudar a redimir aprendizajes culturales que han sido usados para llevarnos hacia la oscuridad?

LIDERA

  1. Haz una lista de versículos de 1 Juan que te ayuden a explicar la santidad de Dios, nuestra naturaleza caída y la necesidad que tenemos de Cristo. Estos pasajes te ayudarán a explicar el plan de salvación de Dios para la humanidad.
Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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