En el estudio pasado vimos cuán influyente ha sido el libro de Romanos en el llamado de los gigantes de la fe y en la vida de personas que han tenido un impacto considerable en el cristianismo. Pero debemos dejar algo en claro, y es que Romanos no fue escrito únicamente para ellos. El mensaje de este preciado libro está dedicado para toda la gente. Este libro es una obra práctica que nos ilustra cómo debe ser la vida cristiana. Nos enseña la doctrina, o sea, las verdades del cristianismo que nos unen en Cristo, para que, al reflejar la vida de Jesús, otros puedan encontrar la salvación en Él, que es la que satisfará sus almas. Profundicemos un poco más y descubramos juntas el mensaje que Dios nos dio a través de este escrito.

Anteriormente, vimos que el apóstol Pablo escribió Romanos con el propósito de que la iglesia de Roma comprendiera lo que Cristo logró a través de su vida, muerte y resurrección. De esta manera, ellos podrían vivir en unidad y amor, proclamando el Evangelio todo el mundo. Pablo se encargó de explicar el cristianismo de forma concisa, pues la comprensión de los romanos sobre el cristianismo era distinta al pertenecer a una cultura diferente. La manera en la que ilustró el Evangelio también fue precisa. Presentó la doctrina de la justicia de Dios (Ro 1:18-3:20), la de nuestra injusticia (Ro 3: 9-20), y la de la justificación a través de la fe en Cristo (Ro 3: 21-5: 21). Ahora, en esta segunda parte del estudio de Romanos, veremos a Pablo explicar la transformación que experimentamos cuando creemos en Cristo.

El apóstol enseñó que, al haber sido creados de la misma manera que Adán, todos hemos pecado y merecemos el juicio de Dios. Sin embargo, el “nuevo Adán”, Jesús, se presentó teniendo una vida perfecta. Su vida fue dada a aquellos que confían en Él como Señor y Salvador. Y todos aquellos que lo aceptan en su corazón son hechos una nueva criatura, con nuevos deseos y una nueva naturaleza, pues han muerto al pecado y, a través de la fe en Cristo, son transformados.

El comportamiento que debemos tener como hijas de Cristo es otro de los temas de los que Pablo habló. Recordemos que la ley nos fue dada para mostrarnos de qué manera vivir, sin embargo, una y otra vez hemos visto que es imposible seguirla. El total de los mandamientos es de 623, y no únicamente los 10 que todos conocemos. Al no obedecer a Dios, nos convertimos en culpables y merecedoras de su juicio (Ro 1: 18-3: 20). En consecuencia, necesitamos un salvador. Cristo es la respuesta; Él es la salvación. A través de su vida, muerte y resurrección, Dios no solo paga por nuestros pecados, sino que nos hace una nueva criatura. Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a obedecer gozosos y nos permite permanecer satisfechas bajo su magnífico regalo de gracia. Somos salvos por fe en Cristo en un único momento (Ro 3: 21-5: 21), pero pasamos por un proceso de renovación de por vida para que cada vez seamos más semejantes a Cristo. Este proceso de transformación se conoce como santificación (Ro 6: 1-8: 39).

Hermana, la justificación es un regalo, un don de gracia que únicamente se obtiene al creer en Cristo y que produce un fruto externo; una transformación visible que resulta en nuestras acciones hacia las buenas obras que Dios ha preparado para nosotros y que nos hacen parecernos más a Cristo (Ef 2: 10). Así que, aunque es el Espíritu en nosotros es el que produce este proceso de santificación, debemos actuar y caminar en estas buenas obras (Flp 2:13).

Me gustaría retroceder un poco en la historia. Recordemos que Cristo eligió a una nación, Israel, para cumplir su promesa. Pero, como sabemos, los israelitas rechazaron a Cristo, siendo el único camino para obtener la salvación (Hch 4:12). En Romanos 9:1-11 Pablo nos explica cuál fue el nuevo plan que Dios implementó cumplir su promesa.

No debemos olvidar que el simple hecho de ser descendientes de Abraham no es sinónimo de salvación. Dios siempre ha salvado a un remanente elegido, a aquellos que han permanecido fieles. Es importante destacar que la salvación siempre viene por medio de la fe, no por obras (Gn 15:6). Sin embargo, muchas personas, incluyendo a los judíos, creen que obedecer las leyes y “ser bueno” es suficiente, pero seamos sinceras, no existe persona en este mundo que pueda obedecer la ley de Dios al pie de la letra. Además, cuando crees que puedes ser salvo por tus acciones, es difícil aceptar que necesitas de Dios y lo que Él hizo por ti a través de su Hijo. Esto no significa que todos los judíos han rechazado a Jesús. De acuerdo con la Biblia, habrá un momento en el que el pueblo judío reconocerá a Jesús como Salvador y Mesías. Mientras tanto, su rechazo ha permitido que los gentiles puedan acercarse a Cristo.

Más adelante, Pablo volvió a hablar de la iglesia. En esta parte, mostró la aplicación de la justificación y santificación de Romanos 12:1-15:13. Pablo dio a los judíos y a los gentiles cristianos la respuesta a la disputa que tanto los afanaba sobre las tradiciones judías, las mismas que estaban causando división y conflictos dentro de la iglesia. Les dijo que, aquellos que por fe en Cristo son justificados, buscan solo una cosa: la unidad de los creyentes.

Unidad es la palabra clave. La única manera de tener una vida como la de Cristo es permaneciendo unidos como creyentes, basando nuestros fundamentos en la doctrina inamovible, y sin pelear por las diferencias o tradiciones que no son ni bíblicas ni no bíblicas. La unidad se manifiesta cuando nos servimos unos a otros, cuando amamos a Dios y a nuestro prójimo. También se revela cuando nos perdonamos entre nosotros mismos, pues la santificación nos hace humildes y nos permite reconocer nuestros pecados. Martín Lutero, en la primera de sus 95 tesis, resumió maravillosamente este concepto. Menciona que, cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “arrepentíos”, fue con la intención de que toda nuestra vida como creyentes sea de arrepentimiento. Martín Lutero tenía razón. Nunca dejamos de necesitar la cruz porque somos justificados y crecemos en santificación a través del arrepentimiento. De esta forma podemos mantener la unidad como iglesia.

Pablo cerró la epístola de Romanos en el capítulo 15:14-16:27 dando un saludo y una bendición. Concluyó afirmando que lo único que mantendrá a la iglesia unida es el amor de Cristo, que a su vez nos protege de los ataques. Pablo les recordó que el Evangelio es el único que podrá darles fuerza y que les permitirá llevar a cabo su misión divina: amar a Dios y a su prójimo.

Al escuchar las palabras de Pablo en el libro de Romanos, oro para que, con la ayuda de este estudio, comprendas que, aunque eres salva solo por tu fe en Cristo, el resultado de esta salvación produce una transformación increíble que es visible a través de tus acciones. Y para que, al final, comprendas que lo que te da salvación no son estas acciones, sino la fe que pusiste en Dios.

VIVE

  1. ¿Cuáles son las doctrinas bíblicas e inamovibles que encontramos en Romanos?
  2. Para Pablo, la unidad doctrinal era muy importante. ¿Estás viviendo en ese amor de unidad del que el apóstol habla, o estás sembrando discordia y causando división en la iglesia al tratar de imponer tradiciones que no son doctrinas centrales del cristianismo?

LIDERA

1. ¿Alguna vez has permitido que exista discordia con algún hermano o hermana en la iglesia porque no hacen cosas que tú crees que son necesarias, incluso cuando son meras tradiciones?
Si lo has hecho, ¿le pedirías perdón en busca de reconciliación y unidad?

Salime

Salime

Soy Salime, la fundadora de Reformadas. Soy originaria de la CDMX. Ahí nací. Ahí crecí. Ahí conocí a Cristo. Y de ahi me saco Dios para llevarme a una gran aventura a Su lado. Por su gracia, Dios me ha permitido entender la importancia de conocerlo a través de Su Palabra y es por eso que funde Reformadas. A fin de que tu como yo, lo conozcas y aprendas a atesorar a Cristo a través de La Biblia y que así, juntas compartamos el gran mensaje de esperanza en Él a todas las naciones.

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